Luis Majul

Luis Majul

El problema de fondo de Cristina Fernández y sus seguidores no es judicial. Es político. Y por qué no, también psicoanalítico.

 

Todo el "círculo rojo" se pregunta ahora mismo si el próximo en ingresar a una cárcel será el ex secretario general de los camioneros, Hugo Moyano, o su hijo, actual número del gremio, Pablo Moyano. Facundo, hijo de Hugo y hermano de Pablo, también se preguntó la semana pasada por qué los periodistas presentaban la pérdida de la libertad de ambos como una hipótesis que no se debería descartar. La respuesta es obvia, pero merece una explicación.

 

Macri está convencido de que los agentes del grupo Albatros no mienten. Que tiraron en defensa propia respondiendo a disparos con armas de fuego, y que entre 15 y 20 individuos violentos, armados con lanzas, cuchillos, piedras y boleadoras, intentaron matarlos.

 

El Presidente Mauricio Macri está muy preocupado. Cree que el hecho de que organizaciones que se dicen mapuches hayan pasado de las piedras y los palos a las balas de verdad es síntoma de una escalada de violencia armada que se podría acrecentar.

 

El pasado reciente se empeña en ocultar el mejor momento del gobierno nacional desde que Mauricio Macri asumió hace casi dos años.

 

En el gobierno nacional, las posiciones están dividas: hay quienes festejan la sorpresiva detención del ex videpresidente, Amado Boudou, y hay quienes lamentan la manera en que se decidió y el hecho de que se lo mostrara en público descalzo, en piyama, despeinado, mientras le leían sus derechos.

 

El desafío que se autoimpuso el Presidente Mauricio Macri es más ambicioso y difícil que ganarle a Cristina Fernández, o conquistar definitivamente el conurbano bonaerense.

 

El miércoles 25 de octubre fue un día histórico. Sin embargo el Presidente no sintió la necesidad de cambiar su agenda. Lucía imperturbable, mientras Julio De Vido, el hombre más poderoso de los últimos años después de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, ingresaba a prisión.

 

¿Qué hacer con Cristina Fernández después de consumada su primera derrota electoral? El proyecto político que encabeza atrasa y espanta.

 

Aunque jamás lo dirá en público, al presidente Mauricio Macri le convendría Cristina Fernández como jefa de la oposición hasta el fin de los días. Porque le volvería a ganar una y otra vez, y eso le permitiría conservar el poder durante, por lo menos, seis años más. Para corroborar semejante razonamiento, basta con analizar las últimas noticias.

 

El reclamo ciudadano fortalece la decisión del Gobierno de empujar, como nunca antes, las causas contra la corrupción de Estado

 

El equipo de campaña de Cambiemos entró en estado de alerta. Sus responsables no quieren que la ola de optimismo que se percibe sobre el resultado de las próximas elecciones de octubre termine funcionando como un bumerán y les haga perder votos y poder.

 

El Presidente Mauricio Macri cree estar en uno de sus mejores momentos desde que asumió. Excepto por su rodilla derecha, que lo tiene a mal traer y le impide jugar al fútbol y al paddle, parece más cómodo que nunca.

 

Desde que la ex presidenta entró en pánico ante la posibilidad cierta de perder las elecciones de octubre, la militancia está desconcertada. También abrumada. Como si sus integrantes más honestos quisieran tirar la toalla antes de tiempo.

 

Cristina Fernández le mintió una y mil veces a Luis Novaresio. Pero hubo una mentira flagrante: la que afirma que ella siempre declaró en tiempo y forma todos los detalles de su patrimonio y la fortuna familiar.

 

Dos pequeñas grandes ideas sintetizan lo lejos que Cristina Kirchner y sus seguidores están de la verdad y los datos reales. Están resumidas en dos consignas políticas. Una reza: Macri/basura/vos sos la dictadura. La otra dice: "Oh/ Vamos a volver/ a volver/ a volver/ vamos a volver.

 

Ahora que volvió a arrancar la campaña y que otras noticias empiezan a competir para quitarle espacio, es un buen momento para pedir que no se olviden de Santiago Maldonado.

 

La ex presidenta Cristina Kirchner y uno de sus principales operadores, Horacio Verbitsky, parecen estar trabajando a destajo para generar un creciente enrarecimiento del clima político. La razón es evidente: ella todavía no terminó de aceptar la derrota de 2015.

 

Santiago Maldonado era bueno, pacífico, defendía la causa de los mapuches y luchaba contra otras injusticias. No le hacía mal a nadie, no mataba ni siquiera una mosca.

 

La Argentina pendular ha regresado con más fuerza que nunca. Los mismos analistas que le pedían a Mauricio Macri más determinación ahora se asustan cuando el Presidente desplaza a dos funcionarios vinculados a los sindicalistas que le habían prometido paz social el mismo día en que apoyaron una movilización contra su política económica.

 

El Presidente Mauricio Macri tuvo una de las mejores semanas de su vida. Centenares de personas lo llamaron para decirle, básicamente, que era el más lindo, el más alto y el más inteligente. En suma: el mejor dirigente político de todos los tiempos.

 

Pese al clima eufórico que transmiten desde el equipo de la ex presidenta, el Gobierno confía en que los indecisos le darán finalmente su apoyo a Cambiemos

 

Si las elecciones fueran hoy, Cristina Fernández ganaría las PASO por uno, dos o tres puntos. Pero como falta una semana, los jefes de campaña de Cambiemos creen que, a la hora de contar los votos, se podría arribar a un empate técnico. O incluso a una victoria por una cabeza de Esteban Bullrich sobre la expresidenta.

 

Solo en un país tan extravagante como la Argentina una ex presidenta que dejó de gobernar hace un año y medio, procesada por delitos graves, y que entregó un país en llamas, puede protagonizar una campaña electoral en la que no aparece y, acusar a su sucesor de todos los males y encima dar recetas de cómo salir de la crisis, a través de spot y actores de reparto.

 

"Cristina Fernández ganó en la provincia de Buenos Aires y Cambiemos se impuso a nivel nacional".

 

Hay cierta inquietud en el ala más política de Cambiemos. No les gustó escuchar, en los últimos días, al jefe de gabinete, Marcos Peña, repetir la idea de que se ganará a nivel nacional.

 

Aunque los analistas clásicos no lo terminen de reconocer, Cambiemos es, antes que nada, una máquina de ganar elecciones. Los sucesivos triunfos de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires podrían ser considerados como los antecedentes básicos.

 

Si el Gobierno no se decide a llevar a cabo el cambio estructural que el país necesita, se corre el riesgo de volver al populismo

 

El comando electoral de Cambiemos permanece en estado de alerta por el resultado incierto de las elecciones que vienen.

 

Si los estrategas electorales del Gobierno siguen jugando con fuego, tarde o temprano, se pueden quemar.

 

De todas las prácticas de la política argentina, el cierre de listas de candidatos es una de las que acumula más actitudes miserables y perversas.

 

Aun obteniendo el segundo lugar en las elecciones, el protagonismo de la ex presidenta podría crecer

 

A Héctor Recalde el Presidente lo considera "el Zaffaroni de la justicia laboral". Pero no por su influencia ideológica, sino práctica: dice Macri que ya tiene probado que el diputado de Cristina Fernández maneja los concursos para nombrar jueces en el fuero del trabajo.

 

Si a alguien le quedaba alguna duda, esta semana se terminó de confirmar: la ex presidenta Cristina Fernández trabaja para su sucesor, Mauricio Macri.

 

Si Cristina Fernández no es tonta, no será candidata ni a diputada nacional ni a senadora nacional en las próximas elecciones de medio término. Porque corre un triple riesgo.

 

Macri empezó la semana con el pie izquierdo. Lo que había imaginado como su primera gran victoria en la batalla para mejorar la calidad del sistema judicial argentino, terminó con un empate sobre la hora.

 

El jueves pasado, en el medio del monólogo disfrazado de reportaje que concedió a la señal de noticias que maneja, Cristina Fernández argumentó que para analizar al Presidente no se necesita un político sino un psicoanalista.

 

Hay una falsa grieta en la prensa argentina. Consiste en dar por sentado que a una denuncia contra Cristina Fernández tiene que corresponderle una igual, del mismo "tamaño" e impacto, contra el gobierno de Mauricio Macri.

 

La Unidad de Información Financiera (UIF) hizo llegar el viernes al fiscal Eduardo Taiano una evidencia muy relevante y que podría terminar con el procesamiento y la renuncia al cargo de la Procuradora General y jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó.

 

El escándalo de Sueños Compartidos, la ruta del dinero K, Los Sauces, Hotesur, los bolsos de José López y hasta las casitas de Perugorría que entregaron sin puertas, ni ventanas, ni agua, ni electricidad tienen la misma lógica: muchos ministros, gobernadores, secretarios y otros funcionarios del Frente para la Victoria robaron, dejaron las promesas de campaña a medio terminar y, como si eso fuera poco, ahora dictan cátedra de política económica, derechos humanos, ética y moral.

 

El anuncio oportunista de la paternidad no deseada de Daniel Scioli puso sobre el tapete una vez más la inutilidad del esfuerzo de algunos analistas clásicos que todavía pretenden diferenciar la vida pública y privada de los presidentes, o los candidatos a serlo.

 

Tiene razón Jaime Durán Barba: en el escenario de la política argentina, lo simbólico tiene más peso que cualquier declaración pública, y "el círculo rojo" es una máquina de repetir frases hechas sin evidencia científica.

 

Después de escuchar, ver y leer la última aparición de Cristina Fernández antes de su gira europea, hay que apurarse para definir de qué tipo de personalidad estamos hablando. La ex presidenta no está loca, ni delira. Más allá de los rumores, jamás ningún profesional de la medicina la ha diagnosticado como “bipolar”, o como una mujer que estuviera fuera del tiempo y del espacio.

 

Mauricio Macri tardó casi un año y medio en entenderlo, pero lo comprendió. Será la política y no la economía lo que le permitirá, eventualmente, ganar las elecciones de medio término del 22 de octubre.

 

Cristina Fernández está recibiendo su propia medicina. Parecida a la que usaron ella y Néstor Kirchner cuando tuvieron, durante muchos años, casi, la suma del poder público. Un tratamiento que incluye ingredientes tóxicos, como escraches, insultos, acusaciones y denuncias.

 

Si el Presidente Mauricio Macri pudiera, contrataría una nave espacial y mandaría a la luna a los cerca de 600 argentinos que, según él, son los verdaderos responsables de la eterna decadencia del país. Los conoce a casi todos por sus nombres y sus apellidos. Son los empresarios, sindicalistas, dueños de medios, fiscales y jueces que forman parte del "poder permanente".

 

El presidente Mauricio Macri y la líder de la Coalición Cívica Elisa Carrió tienen una relación especial. Las últimas veces que se vieron, lo hicieron a solas. Y se dijeron todo lo que piensan el uno sobre el otro sin demasiadas vueltas.

 

La imagen positiva del Presidente Mauricio Macri y el gobierno subieron en la misma proporción en que cayeron la imagen positiva y la intención de voto de la ex presidenta Cristina Fernández. No fue porque la economía, al final, empezó a crecer, ni el poder adquisitivo del salario aumentó de manera considerable.

 

El Presidente; el jefe de Gabinete, Marcos Peña; la gobernadora María Eugenia Vidal, y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, tomaron una decisión política audaz que no tiene retorno: confrontar con "lo peor" del cristinismo, el sindicalismo y el peronismo.

 

¿Por qué Cristina Fernández todavía no está presa?

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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