Fernando González

Fernando González

Los tatuajes son indelebles. Son para toda la vida. Y esa es una de las mayores dificultades que tiene esa tendencia tan de moda a llenarse el cuerpo de dibujos. Es lo que le está sucediendo a la diputada Juliana Di Tulio, una dirigente respetada aún por quienes están lejos de sus ideas políticas.

Hoy temprano, cuando se confirme el veto presidencial a la ley de doble indemnización que pergeñaron los gremios, el kirchnerismo y la izquierda, Mauricio Macri se zambullirá en una experiencia política impredecible.

La escena se produjo hace 15 días en la Casa Rosada. Quienes escuchaban eran los cinco legisladores más influyentes del oficialismo. Y el que hablaba, el que casi gritaba era Mauricio Macri.

Muy pocos pensaban que iba a ganar las elecciones y a convertirse en gobernadora el 25 de octubre pasado. Y mucho menos que hoy sería la dirigente más popular de la Argentina.

El día en que vetó la ley de doble indemnización, Mauricio Macri le puso un tensor a la gobernabilidad. Se despegó definitivamente de la idea de coalición con sectores opositores y se encomendó a la construcción permanente de una mayoría parlamentaria que no tiene.

El de Mauricio Macri y Sergio Massa es uno de los múltiples conflictos personales sobre los que está construida la sinrazón argentina. Uno nació en cuna de oro con padre empresario y el otro en un hogar de clase media típico del conurbano bonaerense.

La mañana de ayer pudo ser un punto de inflexión para Mauricio Macri.

Nacido en un hogar próspero, educado en los mejores colegios y formado bajo la óptica empresaria de la familia, Mauricio Macri suele resolver los conflictos de su gestión de gobierno a golpe de billetera. Es su estilo y hasta ahora no le va demasiado mal.

 

El Presidente estaba en su despacho conversando con dos colaboradores y dos periodistas. Sonó la llamada en la versión teckie del teléfono rojo que tiene a un metro suyo y atendió. El mensaje debía ser lo suficientemente importante como para que lo interrumpieran. Mauricio Macri escuchó en silencio durante un minuto. La última parte de la llamada pareció aliviarlo.

 

Desde que se mide este flagelo, a fines de los 80, fueron los presidentes que mayor descenso del índice lograron. Pero eso no los convierte en grandes mandatarios.

 

Los desencuentros entre Macri, el macrismo y los empresarios parecen postales descoloridas ahora.

 

Hay un fantasma que recorre el cuerpo de cada funcionario del gobierno de Mauricio Macri. La mayoría de ellos ya están convencidos de que el futuro inmediato los encontrará nadando en el éxito. Que la inflación seguirá bajando y que estará por debajo del 20% el año próximo. Que el blanqueo y los aumentos a jubilados mejorarán el ánimo de la sociedad.

 

Carrió pasa por un buen momento en su conexión con Macri y tiene una relación cálida con Juliana Awada.

 

Conoció la política al zambullirse en la primavera alfonsinista como muchos jóvenes de su misma generación.

        

Macri habla así para graficar cuánto pierden las prioridades del Estado cuando se gasta en cuestiones superficiales.

 

Gioja quedó atrapado en su propia patinada y tuvo que retroceder públicamente. Pidió disculpas por el exabrupto.

 

Traspiés en el Congreso y una economía que no despega son el telón de fondo de la puja interna.

 

Prat-Gay es uno de los más temidos por el tándem Quintana-Lopetegui. Es reacio a las sugerencias de cualquier tipo.

 

En la indigencia del llano, evalúa el modo de diferenciarse y presentarse como la opción confiable de un peronismo sin brújula.

 

Ya nada será igual. En la noche del martes, cuando los diputados opositores sumaron los 140 votos necesarios para darle media sanción a su proyecto de rebaja de Ganancias, quedó claro que la campaña electoral para las legislativas del 2017 había comenzado.

 

Ganancias tiene un impacto negativo que va mucho más allá de la gente que efectivamente lo sufre.

 

Abrirse o cerrarse. Ese es el dilema de Mauricio Macri. Abrirse y fortalecer el Frente Cambiemos. O cerrarse sobre su equipo de confianza, los dirigentes amarillos del PRO. Abrirse a los radicales que admira como Ernesto Sanz y Gerardo Morales; abrirse a la siempre inquietante Elisa Carrió; abrirse al talante peronista de Emilio Monzó o a los desplazamientos escurridizos de Martín Lousteau.

 

El chiste hizo furor en WhatsApp. Y provocó risas tanto en Buenos Aires como en algunas oficinas en Washington y en Nueva York.

 

El dirigente, que conoce a Mauricio Macri desde hace mucho tiempo y es veterano de mil batallas, lanzó la definición hace algunos días. “Alfonso no puede durar mucho; es un macho alfa y los machos alfa no tienen futuro en el gobierno de Mauricio porque el único macho alfa tiene que ser él…”.

 

Los Panamá Papers y la deuda del Correo son las complicaciones más grandes de Mauricio. Y los dos tienen su origen en negocios de Franco.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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