Joaquín Morales Solá

Joaquín Morales Solá

El viejo cazador apretó el gatillo. Una frase corre desde hace mucho tiempo por los tribunales federales: "Nunca olviden que Bonadio es un cazador. Sólo dispara cuando tiene la presa en la mira". El juez escribió casi 500 páginas para ajustar la mira. Los procesamientos y las prisiones que decidió fueron los actos más importantes que ocurrieron por la denuncia de Alberto Nisman desde el asesinato del fiscal.

 

La economía podría entrar en un ciclo de menor crecimiento si el Gobierno no hace rápidamente algunos cambios en su política.

 

Marcos Peña, jefe de Gabinete, dijo en estos días que la reciente votación en el Senado, que sancionó tres reformas cruciales para el Gobierno, fue un hecho político tan importante como las elecciones del 22 de octubre.

 

Tal vez no se sabrá nunca qué pasó en Villa Mascardi. Un joven, Rafael Nahuel, identificado con la causa de la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche) murió de un tiro en la espalda.

 

El San Juan estaba cerca del talud porque ahí está uno de los grandes reservorios de peces, que muchas veces son depredados por pesqueros clandestinos

 

Una tragedia imprevista y súbita cayó ayer sobre los argentinos. La única hipótesis que en estas horas quedó en pie entre civiles y uniformados con poder es que 44 argentinos perdieron la vida.

La reforma laboral se debería tratar en el Congreso antes del 10 de diciembre, cuando Cristina Kirchner asumirá en el Senado.

Mauricio Macri suele reírse a carcajadas cuando le preguntan por qué fortaleció financiera y políticamente a María Eugenia Vidal. ¿No pensó, acaso, que podría desafiarlo luego por el liderazgo de Cambiemos? ¿No cree que podría ser una competidora en las presidenciales de 2019?

 

El peronismo no lo dirá nunca, pero llegó a dos conclusiones. La primera es que necesitará de un largo tiempo para construir un liderazgo, del que carece, y un programa nuevo si no quiere atarse a los perdidosos paradigmas de Cristina Kirchner.

 

Más allá de su enfrentamiento con Cristina Kirchner y con el idioma, las cartas desde la prisión de Julio de De Vido tienen la virtud de probar que mucho de lo que se dice sobre los años kirchneristas es cierto.

 

¿Hasta dónde la Justicia puede avanzar con las prisiones preventivas? ¿La filtración de una filmación en el momento de la detención, dentro de una casa particular, viola el Estado de Derecho y las garantías constitucionales?

 

Las cosas que no están previstas pueden de pronto estar previstas. Esa diferencia entre lo que no está dentro de una agenda pero podría estarlo es clave para entender la última declaración del Vaticano sobre una eventual visita del papa Francisco a la Argentina en 2018.

El vocero del Vaticano dijo exactamente que "no está prevista" una visita del Pontífice a su país el año próximo. El Papa no dijo, como sí ocurrió para este año, que no vendría. Funcionarios vaticanos y de la Iglesia argentina señalaron ahora que el viaje de Francisco a su tierra natal no está descartado para el próximo año. Pero no es sólo un problema de agenda. Las condiciones siguen siendo las mismas que fijaron altos dignatarios del Vaticano en julio pasado y que LA NACION publicó. El país debe encontrar una fórmula para la definitiva pacificación interna, y la Iglesia argentina debe demostrar que su adhesión a los postulados pastorales del jefe de la Iglesia no es sólo circunstancial y retórica.

Entre el Papa y el gobierno de Macri no existen problemas ideológicos ni personales, como insisten algunos sectores sociales.

Hay en esas franjas de la sociedad una mirada excesivamente sesgada sobre los actos de Bergoglio. Ponen especial énfasis, por ejemplo, en un seminario convocado para diciembre en el Vaticano con procuradores de todo el mundo al que asistirá la renunciante Alejandra Gils Carbó. La invitación fue del canciller de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, Marcelo Sánchez Sorondo, no del Papa. La primera que entendió que esa invitación no significaba ningún apoyo papal fue la propia Gils Carbó: renunció antes de viajar a Roma porque sabía que aquí su situación ya no tenía remedio. Pasó inadvertida, sin embargo, la reunión que el Papa tuvo con Esteban Bullrich cuatro días después de que éste le ganara a Cristina Kirchner en Buenos Aires. Dentro de poco, el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, también lo visitará en Roma. Tampoco esas reuniones deben leerse como una adhesión del Papa al gobierno de Macri, porque se trata en casi todos los casos de antiguas relaciones personales. Pero son síntomas inconfundibles de que no existen prejuicios por parte del Papa y de que cuida su neutralidad en el debate político argentino. En síntesis, hay un sector de la sociedad empecinado en ver al Papa haciendo lo que ese sector quiera que haga. Obstinado también en interpretar al Pontífice con los acertijos de la política local y no como el líder religioso y moral más importante del mundo. El Papa se convierte en el acto en un enemigo político cuando no cumple con la voluntad de esos fanáticos locales.

Inmerso en innumerables conflictos mundiales (y en otros tantos dentro de la Iglesia), el Papa les deslizó, no obstante, a varios funcionarios vaticanos que quiere visitar su país. De hecho, había agendado una fecha posible para su viaje a la Argentina en este mes de noviembre, pero la gira debía incluir a Uruguay y Chile. El calendario electoral chileno, que elegirá presidente en este mes, lo obligó a aplazar el viaje a Chile para fines de enero. La agenda se le complicó. No estaban tampoco dadas las condiciones argentinas para una visita papal. Desde sus tiempos de sacerdote raso, Bergoglio estableció dos prioridades para su prédica y su acción: la inclusión social y la paz. Cuando Macri habla de la eliminación de la pobreza como el principal objetivo de su gobierno, está tocando una melodía parecida a la del Papa. Pero queda pendiente la pacificación de los espíritus.

Tanto prelados vaticanos como obispos bergoglianos argentinos señalan que el gobierno de Macri no podrá aspirar a la pacificación si insistiera con la polarización entre el macrismo y el cristinismo. La polarización fue una herramienta electoral eficaz, pero debería terminar, dijeron. Las elecciones ya pasaron. El propio peronismo, al que el Presidente necesita para concretar sus reformas, tampoco aceptará que el Gobierno siga eligiendo a Cristina como referencia de su oposición. O se pelea con ella (y la sigue conservando como protagonistas principal de la política) o habla con el peronismo democrático. Ni el Gobierno ni el peronismo ni los bergoglianos imaginan a Cristina dentro de los acuerdos. La conocen. En ese contexto, la convocatoria del Presidente a la oposición para alcanzar "consensos básicos" fue bien recibida por la Iglesia, aunque un pronunciamiento más firme y definitivo deberá esperar la mecánica de la negociación y sus resultados.

El propio Macri necesita que el Papa visite la Argentina durante su mandato. No habría muchas explicaciones para el mundo si el Pontífice se viera obligado a seguir postergando ese viaje. Al mandato del Presidente le quedan dos años (la reelección estará siempre en el terreno de lo posible, pero no de lo seguro), de los cuales hay que eliminar uno, 2019, porque será un año electoral. El Papa nunca viaja a ningún país en medio de un proceso electoral. En definitiva, o la visita de Bergoglio a la Argentina se concreta en 2018 o no se concretará durante el actual mandato de Macri.

El Papa siempre ha sostenido que la paz no es producto de una imposición, sino el resultado de renuncias mutuas. La visita del Papa debería enmarcarse en un clima de esa naturaleza, sostienen en el Vaticano y en Buenos Aires. El Gobierno debería, además, hacer algo concreto para que cese la hostilidad hacia el Papa. ¿Defenderlo públicamente para fijar un discurso ante sus seguidores? ¿Reclamar más respeto por el mundialmente popular jefe de la Iglesia Católica? Ni en el Vaticano ni en Buenos Aires respondieron esas preguntas, pero tampoco las descalificaron. Funcionarios religiosos de Roma señalaron que el único riesgo que el Pontífice no puede correr es que se produzcan incidentes durante una visita a su país. Sería una noticia mundial que utilizarían los sectores católicos ultraconservadores internacionales para criticar al Papa.

El capítulo de la Iglesia argentina comenzará a escribirse mañana cuando se reúna la Asamblea del Episcopado local para elegir nuevas autoridades. Las reuniones concluirán el sábado próximo. Dos conclusiones sobresalen cuando se observa a la Iglesia argentina. La primera: la Iglesia local, la del Papa, en la que él hizo toda su carrera sacerdotal, es indiferente a las reformas pastorales promovidas por Bergoglio desde el Vaticano. La otra conclusión es el silencio perceptible de los obispos argentinos. Ni defienden al Papa de las habituales diatribas en su contra, ni son una voz frecuente en el escenario público argentino, ni se pronuncian sobre temas humanos de fondo que preocupan a Bergoglio. "¿Cuándo dijeron algo, por ejemplo, sobre la trata de personas, que es un problema prioritario para el Papa?", se pregunta otro obispo bergogliano.

El candidato más nombrado para presidir el Episcopado en los próximos tres años es el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Mario Poli. Es el único cardenal argentino con funciones en el país y es primado de la Argentina. Pero las cosas no son tan sencillas. El propio Poli ha deslizado que no quiere ese cargo, pero no lo dice públicamente por exceso de modestia. Una declaración suya en tal sentido supone, podría entenderse, como que él cuenta con votos que nadie sabe si están. Poli fue el autor de la frase de que "la visita del Papa está próxima", que fue rotundamente desmentida por el propio vocero del Vaticano. El cardenal no había hecho mención de las necesarias condiciones políticas y sociales que requiere un viaje papal a la Argentina.

El otro candidato a presidir la Iglesia es el obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, un prelado que cuenta con la confianza del Papa y que cultiva las mismas convicciones que Bergoglio. El Papa no ha pedido el voto para nadie, pero hace poco lo consultaron sobre la candidatura de Ojea. "Es un excelente candidato", respondió el Pontífice. Un apoyo enorme. Otro prelado muy cercano al Papa (el más cercano, tal vez), el rector de la Universidad Católica Argentina, el teólogo Víctor Fernández, les habría aclarado a los obispos que no aspira a ningún cargo ejecutivo en el Episcopado. Quiere dedicarse a administrar una diócesis cuando termine su mandato al frente de la UCA.

La nueva conducción de la Iglesia será decisiva para la visita del Papa. En ella descansará gran parte de la organización de un eventual viaje del Pontífice. La parte más crucial de ese proyecto, sin embargo, está en manos del Gobierno, en su capacidad y en sus ganas para suturar viejas heridas aún abiertas entre los argentinos.

Joaquín Morales Solá

Era el momento. No quería convocar al diálogo desde la debilidad. Ganó la presidencia por poco más de dos puntos y, encima, el segundo semestre de crecimiento económico demoró poco menos de un año en llegar.

 

Siempre se sabe cuándo comienza una derrota, pero nunca cuándo ni cómo termina.

 

Quienes lo han visto aseguran que Mauricio Macri es un presidente consciente de su victoria y también de los desafíos que lo aguardan. No se imagina, ahora menos que antes, como el jefe de un período político que dejará las cosas sólo un poco mejor de lo que estaban.

 

Un foso quedó expuesto ayer entre las discusiones del micromundo político porteño y las motivaciones del país real. Un presidente que 24 horas antes parecía acorralado por el debate sobre el caso Maldonado, se convirtió poco después en el dueño de una enorme victoria electoral.

 

La tragedia desarticuló la campaña electoral y la coreografía final de las elecciones. Santiago Maldonado está muerto y su cuerpo no registra ninguna huella de golpes o heridas.

 

Probablemente sea el cuerpo de Santiago Maldonado el que apareció ayer, muy cerca de donde supuestamente se lo vio por última vez.

 

La expresidenta y actual candidata a senadora por el frente Unidad Ciudadana Cristina Kirchner hizo este martes su acto virtualmente de cierre, porque seguramente va a seguir visitando pueblos y ciudades hasta el jueves, en la cancha de Racing. Fue un acto importante: difícilmente haya otros dirigentes políticos en el país que puedan hacer un acto de esa magnitud.

No es la política la que cambió a la sociedad, sino la sociedad la que cambió a la política, Ése es el nuevo dato que Cristina rechaza, incrustada en conceptos antiguos

 

Antes de fin de año se conocerán dos decisiones espectaculares de la Justicia. Distintas instancias en los tribunales ordenarán la prisión del ex ministro Julio De Vido y del ex presidente Carlos Menem.

 

¿Fue la muerte de Alberto Nisman un crimen de Estado? Se usan palabras menos directas para decir lo mismo, pero lo cierto es que la Justicia busca responder esa pregunta tan crucial como dramática.

 

Cincuenta días después de la desaparición de Santiago Maldonado, todas las hipótesis han muerto. No hay ninguna huella que inculpe a la Gendarmería, como lo señaló enfáticamente el juez federal Guido Otranto a LA NACION. Tampoco se encontró ni siquiera una pista en el río Chubut.

 

Más que su destino político, a Cristina la desespera su peripecia judicial. Los próximos años la encontrarán sentada más tiempo frente a un tribunal que en el Senado

 

Después de dos días de una semitregua con el caso de la desaparición de Santiago Maldonado, las posiciones volvieron a tensarse.

Cada tanto, cuando el ruido del conflicto político lo aturde, Mauricio Macri le pega una mirada a un papel que está en su despacho. Es el ensayo de una encuestadora sobre la intención de voto entre él y Cristina Kirchner.

 

Si sólo fuera el desafío electoral de octubre lo que aguarda a Mauricio Macri, éste podría dormir tranquilo. Cuando encuestas y datos de la economía navegan con viento a favor, el espectro de la violencia en manifestaciones públicas comenzó a hacerse habitual. Es probable que esa nueva marea de violencia no concluya con las urnas del mes próximo.

 

Vieja creadora de realidades virtuales, Cristina Kirchner se exhibirá hoy como la dueña de un monumental triunfo, que en todo caso es muy relativo. Su victoria por escasas décimas en Buenos Aires (por apenas 20.324 votos en un distrito donde votan 12 millones de personas) ignorará el contexto de una aplastante derrota nacional de su fuerza.

 

Un solo golpe le bastó para callar a la dirigencia sindical. La misma noche del martes de la concentración cegetista, Mauricio Macri decapitó a los dos funcionarios más cercanos a los gremios.

 

Una manifestación opositora al Gobierno en el confeso comienzo de un proceso de desestabilización electoral del oficialismo. El 25 de septiembre, menos de un mes antes de las elecciones legislativas del 22 de octubre, el congreso confederal de la central obrera se reunirá para fijarle una fecha a otro paro nacional.

 

Un viejo peronista que vio a Mauricio Macri moverse durante y después del triunfo electoral del domingo advirtió otra derrota: "Ya no tenemos la exclusividad en nada. ¡Esto lo hacíamos sólo nosotros!", se enfureció.

 

Mauricio Macri sabe algo que nunca dice: en las elecciones de este año se juega la posibilidad -o no- de su reelección en 2019.

 

Ayer sucedió una revolución pacífica que se exhibió en una noche de infarto por la tensa paridad en Buenos Aires. Una revolución casi impalpable, que ni la política ni los encuestadores pudieron medir con antelación en su dimensión real. El viejo statu quo peronista fue arrasado en casi todo el país.

 

La discordia sobre el estado de la economía está marcando los días finales antes de las primarias del próximo domingo. La oposición describe un desastre. El Gobierno muestra los índices del ahora creíble Indec para señalar que el país está saliendo de cinco años de recesión o estancamiento.

 

Hubo un momento, durante gran parte de 2016, en el que pareció que el gobierno de Macri y el peronismo habían encontrado una fórmula para pacificar el país. Varios acuerdos importantes se suscribieron en el Congreso, y fueron aprobadas leyes decisivas para la nueva administración. Gobernadores, senadores y diputados peronistas permitieron mediante la negociación y el pacto la gobernabilidad de Macri.

 

María Eugenia Vidal dijo ayer que Cristina Kirchner podría ganar las primarias dentro de diez días. La aseveración en sí misma no es una noticia (mucha gente sabe eso desde hace varias semanas), pero sí lo es que esa posibilidad sea aceptada por una de las figuras más destacadas de la jerarquía gobernante.

 

Puertas afuera, la administración de Mauricio Macri tratará de sacar rédito electoral por la impunidad política y penal de Julio De Vido. Fue mayormente el peronismo el que impidió su expulsión de la Cámara de Diputados.

 

El kirchnerismo podría llevarse en los próximos días dos enormes triunfos que asegurarían su impunidad frente a la oceánica cantidad de denuncias de corrupción que lo acorralan.

 

Julio De Vido tiene 156 causas abiertas en los tribunales en las que está procesado, imputado, investigado o nombrado. Todas son denuncias por corrupción o por administración fraudulenta de los recursos del Estado.

 

El destino tiene a veces nombre y apellido. Cristina Kirchner parece haberse encontrado en esas encrucijadas de la vida en las que otra persona puede decidir la suerte propia.

 

El jueves último, la Justicia ordenó que las fuerzas de seguridad desocuparan una planta de la multinacional Pepsico, tomada por un grupo minoritario de ex trabajadores conducidos por dirigentes de la izquierda dura.

 

El papa Francisco no descarta visitar la Argentina durante el próximo año. O, dicho de otra manera, es posible que en 2018 el Pontífice regrese a su país por primera vez desde que fue elegido jefe universal de la Iglesia Católica. Esa información fue confirmada por fuentes eclesiásticas argentinas y por funcionarios vaticanos.

 

Por fin se enfrentarán cara a cara. Los dos políticos más influyentes de la Argentina de los últimos años, Mauricio Macri y Cristina Kirchner, combatieron siempre a la distancia.

 

En el estadio Julio Grondona (todo vuelve, al fin y al cabo), Cristina Kirchner formalizó ayer su ruptura definitiva con el peronismo. Después de todo, nada le impedía proclamar desde el partido de Perón la estrategia electoral que explicó ante un estadio colmado de militantes.

 

Una vez, en los años 90, a Antonio Cafiero se le ocurrió que el bloque de senadores nacionales peronistas, que él integraba, debía promover un proyecto para que el Estado le construyera un monumento a Perón. Vio a senador por senador hasta que cayó en el despacho de la entonces senadora Cristina Kirchner. "No me importa ese viejo traidor", lo despachó Cristina.

 

Se confirmó ayer que los líderes políticos nunca tienen más alternativas que las que existen para el común de los mortales. El cristinismo aceptó, en efecto, que Florencio Randazzo tiene derecho a competir en las primarias abiertas y obligatorias del Partido Justicialista.

 

Cuando la historia se aleje suficientemente, se sabrá que Cristina Kirchner fue el mejor instrumento que hubo para dinamitar el peronismo.

 

Sólo 824.000 argentinos votaron anteayer en Corrientes, Chaco y La Rioja de un padrón nacional de más de 32 millones de personas. Depositó su boleta en las urnas de esas tres provincias un 2,5% del total de personas habilitadas para votar en el país.

 

Si se apartan del trajín electoral de estos días sus partículas insignificantes, sobresalen dos constataciones.

 

El caso del juez Eduardo Freiler mostró el grado de descaro del kirchnerismo frente a hechos claros de corrupción y, sobre todo, cuando se trata de defender a uno de los suyos.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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