Fernando Laborda

Fernando Laborda

Las sorprendentes revelaciones derivadas de los cuadernos de las coimas y el nuevo paso de Cristina Kirchner por los tribunales no son por ahora suficientes como para dar por terminada la hipotética carrera electoral de la exmandataria de cara a los comicios presidenciales de 2019. Sin embargo, contribuyen a consolidar o incluso disminuir su techo electoral.

 

En los primeros años de la gestión presidencial kirchnerista, cuando surgían los primeros indicios de un tan desproporcionado como sospechoso incremento patrimonial del matrimonio Kirchner, se explicó que este se justificaba por el millonario alquiler que el grupo liderado por el recordado empresario Juan Carlos Relats le pagaba por el hotel boutique Los Sauces.

 

La investigación judicial abierta con los cuadernos de las coimas será la primera gran prueba para el funcionamiento de la llamada ley del arrepentido, aun cuando esta norma sancionada en octubre de 2016 ya ha pasado en la Argentina por otros tests de menor resonancia.

 

Pese a que dirigentes justicialistas que buscan diferenciarse del kirchnerismo se entusiasman con la posibilidad de que el escándalo de los cuadernos deje a Cristina Kirchner fuera de la carrera presidencial, hay motivos para pensar que se trata de un pronóstico apresurado.

 

Frigerio dijo que tendrán más giros en 2019 que en 2018

 

Hasta algunos de los economistas más ortodoxos desechan la posibilidad de que la presente crisis económica sea equiparable a la de 2001. Sin embargo, el propio presidente de la Nación sabe que debe enfrentar fuertes prejuicios imperantes en el imaginario social y una ola de pesimismo, alentada desde sectores de la oposición, que vislumbra la idea de que la Argentina podría volar por los aires si no se corrige el actual rumbo.

 

Desde el inicio de la gestión presidencial hasta las elecciones de medio término de 2017, el gobierno de Mauricio Macri consolidó sus bases de apoyo en las expectativas favorables frente al futuro.

 

Al margen de la decisión de cambiar a Federico Sturzenegger por Luis Caputo, que respondió a calmar a un mercado financiero que había perdido la confianza en el titular del Banco Central, los reemplazos de Francisco Cabrera y de Juan José Aranguren por Dante Sica y Javier Iguacel en los ministerios de Producción y de Energía estuvieron más orientados a brindar señales políticas tanto hacia adentro como hacia afuera de la coalición gobernante Cambiemos.

 

En el atardecer del viernes, un día después del anuncio del acuerdo con el FMI, un alto funcionario se regodeaba en su despacho de la Casa Rosada con la suba del 4% del índice Merval y la baja del riesgo país, al tiempo que ensayaba una conclusión: "Les hablamos a los mercados con cierto éxito. Ahora, tenemos que hablarle a la gente".

 

Mientras buena parte de los argentinos miraban las pizarras de las casas de cambio y veían cómo el dólar trepaba hasta 23 pesos, el jueves pasado, un alto funcionario de la Casa Rosada no podía disimular cierta ambigüedad.

 

La demostración de que la oposición puede reunir una mayoría propia en la Cámara de Diputados, al menos para iniciar una sesión, como ocurrió anteayer, encendió una luz de alarma en el gobierno de Mauricio Macri.

 

El huracán Elisa ha vuelto a conmocionar al escenario político. Aunque esta vez no sólo sobrevuela, como otras veces, el Palacio de Tribunales y el despacho del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Ahora también se acerca a la Casa Rosada.

 

En la Casa Rosada se asegura que el martirio al que fue sometido Luis Caputo por su vinculación con sociedades offshore ha llegado a su fin tras su accidentado paso por el Congreso.

 

La disminución del índice de pobreza al 25,7% en el segundo semestre de 2017 respecto del 30,3% en igual período de 2016 fue la mejor noticia que pudo ofrecer el gobierno de Mauricio Macri en medio del malhumor social que generan los nuevos aumentos tarifarios y una inflación que no cede y rondará los siete puntos al cabo de los primeros tres meses de 2018.

 

La leve baja interanual del desempleo junto al aumento en la tasa de empleo; un crecimiento del PBI en 2017 del 2,9%, como no se veía desde 2011, y el fuerte respaldo de la directora general del FMI, Christine Lagarde, son noticias con las que el Gobierno está intentando remontar la cuesta tras la caída de su nivel de imagen favorable en las encuestas que signó gran parte del verano.

 

Faltan nada menos que 19 meses para las elecciones presidenciales, pero desde el último fin de semana casi no hay otro tema de diálogo entre las principales voces de la política argentina. ¿Será que nos aproximamos a la campaña electoral más larga de nuestra historia?

 

Mientras el oficialismo ha comenzado a avanzar en el diseño de un plan para la reelección presidencial de Mauricio Macri, el peronismo aspira a iniciar en los próximos días un debate para la reorganización partidaria, aunque con más dudas que certezas.

 

Tras el advenimiento de la nueva agenda impulsada por el presidente Mauricio Macri, con el debate sobre la legalización del aborto a la cabeza, que ha desacomodado a buena parte de la oposición, el peronismo comienza a ensayar respuestas.

 

Su última conferencia de prensa, el viernes último en Chapadmalal, mostró a un Mauricio Macri persuadido de que, en la discusión económica, hoy tiene más para perder que para ganar y a un presidente que se siente mucho más confiado a la hora de hablar de temas vinculados con la seguridad .

 

La pelea de fondo entre Mauricio Macri y Hugo Moyano representa, al mismo tiempo, una oportunidad y un riesgo para el presidente de la Nación.

 

Jaime Durán Barba aprendió que la sociedad había cambiado hace algunos años, cuando quiso hacer reír a un niño de siete años con un chiste y, en lugar de arrancarle una sonrisa, recibió un reproche: "¿Sabes qué significa un negro en la nieve? Un blanco perfecto".

 

Poco después de anunciarse el último aumento de tarifas en trenes y colectivos, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, admitió que, a pesar de esos incrementos, no habría una reducción significativa de los subsidios que paga el Estado y que constituyen una de las principales razones del déficit fiscal.

 

La pregunta del millón que circula en estos días entre dirigentes políticos y empresarios es si el gobierno de Mauricio Macri y la Justicia irán a fondo contra el clan Moyano.

 

La imagen de presidente Mauricio Macri y de su gestión de gobierno sufrió en las últimas semanas de 2017 una de las mayores caídas desde su llegada al poder en diciembre de 2015.

 

Muchos esperaban que este 2018 sin elecciones a la vista pudiera ser el año del ajuste.

 

La flamante senadora Cristina Fernández de Kirchner no apareció el miércoles pasado en la reunión de la Comisión de Presupuesto de la Cámara alta en la cual se trataron nada menos que la reforma tributaria y el presupuesto nacional para 2018.

 

Si alguien en el Gobierno esperaba ingenuamente que los trámites legislativos tras la victoria electoral de octubre fueran como transitar por un jardín de rosas, ayer tuvo la respuesta.

 

Es comprensible el silencio del presidente Mauricio Macri tras la orden de prisión preventiva para Cristina Kirchner y el pedido de desafuero al Senado por parte del juez Claudio Bonadio.

No es exagerado calificar de histórico el acuerdo firmado ayer por el gobierno nacional y los gobernadores provinciales.

 

Tras la cita de Mauricio Macri con los gobernadores puede arribarse a una primera conclusión: ha vuelto el arte del acuerdo como herramienta central del gobierno nacional, el mismo instrumento que le permitió al Presidente la sanción de numerosas leyes durante su primer año pese a su clara minoría parlamentaria.

 

Mientras el Gobierno evalúa cómo aclarar y llevar tranquilidad a inversores por el proyectado impuesto a la renta financiera sobre personas físicas, que gravará depósitos a plazos fijos y títulos públicos, este nuevo tributo sigue despertando múltiples dudas y críticas entre no pocos economistas.

 

Ayer, durante la reunión de gabinete ampliado, Mauricio Macri convocó a sus ministros a profundizar la "austeridad" para bajar el gasto y el déficit fiscal.

 

Ante la virtual certeza de que, si mantenía la estrategia conservadora que empleó en la campaña proselitista previa a las PASO, iba a ser superada por Cambiemos el 22 de octubre, Cristina Fernández de Kirchner optó por tomar riesgos y enfrentar al periodismo al que tradicionalmente no había dudado en ningunear durante casi 15 años. Y, como en la fábula del escorpión que pica a la rana en el medio del río cuando ésta intenta transportarlo a la otra orilla, afloró la naturaleza de la ex presidenta.

 

Mauricio Macri parece vivir uno de sus momentos de mayor gloria desde que llegó a la Casa Rosada. Y no sólo por la buena performance electoral de agosto y las expectativas favorables previstas para los comicios de octubre. La principal razón es que, por primera vez, siente que puede ejercer el poder presidencial sin pedirle permiso a la oposición.

 

Comparar la repercusión que en las redes sociales vienen teniendo dos hechos dolorosos como la desaparición de Santiago Maldonado y la revelación del peritaje que concluyó que al fiscal Alberto Nisman lo asesinaron puede ser considerado una banalidad. Sin embargo, los dos acontecimientos han sido sometidos por una misma tentación: la de introducirlos en la agenda de la campaña electoral.

 

Entre el 11 y el 17 de septiembre, Cristina Kirchner fue la dirigente más citada en las redes sociales, con el 47,4% de menciones, lejos por delante de Mauricio Macri (30,6%), Sergio Massa (4,9%), Florencio Randazzo (3,6%) y María Eugenia Vidal (2,9%), de acuerdo con el Interbarómetro que efectúa la Fundación Cigob. A la ex presidenta le bastó una entrevista periodística para llegar a ese sitial.

 

Entre los dirigentes que conducen la campaña del oficialismo en la provincia de Buenos Aires hay una llamativa coincidencia: "Cuanto más hable Cristina Kirchner, mejor para Cambiemos", expresan convencidos. Tal interpretación es escuchada luego de la muy comentada entrevista que concedió la ex presidenta de la Nación al periodista Luis Novaresio.

 

Pocas horas antes del inicio de la campaña electoral para octubre, se explica que Cristina Fernández de Kirchner haya resuelto recuperar el centro de la escena aun tomando riesgos.

 

Con el desplazamiento de dos funcionarios que tenían buenos vínculos con el sindicalismo, Mauricio Macri emitió un mensaje de firmeza con distintos destinatarios.

 

Es probable que el optimismo económico esté creciendo de la mano de un dato: Cristina Kirchner ya no es, en términos electorales, el monstruo capaz de comerse a los chicos crudos que se desprendía de las encuestas de Artemio López previas a las PASO.

 

La importancia de las recientes primarias abiertas realizadas anteayer y de las elecciones generales del 22 de octubre se explica por mucho más que por la capacidad de maniobra que podrá ostentar el presidente Mauricio Macri en las dos cámaras legislativas desde diciembre.

 

Entre algunos de los propios dirigentes macristas hay conciencia de que la lucha electoral de pasado mañana en la provincia de Buenos Aires se asemeja a un partido de fútbol en el cual el equipo del oficialismo está perdiendo por 1 a 0 ante el team que capitanea Cristina Fernández de Kirchner, y dispone de escasos cinco minutos para revertir el resultado. No es imposible la proeza de los jugadores de Cambiemos, pero resulta claro que el desafío de dar vuelta el resultado no es sencillo.

 

El misterio envolverá a las PASO de la provincia de Buenos Aires hasta el momento de la votación.

 

Un nuevo interrogante surge en el tramo final de la campaña para las PASO: ¿puede ganar los comicios en la provincia de Buenos Aires una postulante que casi no habla en público?

 

Desde su aparición pública en la cancha de Arsenal de Sarandí y hasta su reciente acto en Mar del Plata, se ha señalado no pocas veces que Cristina Kirchner ha recurrido a una nueva estética, más propia de las campañas del macrismo que del kirchnerismo, y a un discurso mucho más moderado, comparado con el que salía de su boca en gran parte de su gestión presidencial.

 

Un mes antes de las PASO, funcionarios del Gobierno muestran más preocupación por Sergio Massa que por Cristina Kirchner. No porque crean que el candidato a senador de la coalición 1 País pueda superar en votos a los postulantes de Cambiemos, sino porque admiten que hay un porcentaje no menor del electorado cuya intención de voto fluctúa entre el oficialismo y el massismo.

 

Los relatos suelen sucumbir ante los límites que impone la cruda realidad, que obliga a los protagonistas centrales del próximo acto electoral a hablar de lo que no quisieran.

 

Existe una coincidencia general: las PASO del 13 de agosto no servirán para nada. Y no porque el instrumento electoral de las primarias abiertas sea necesariamente malo, sino por la actitud de una dirigencia que sigue confiando más en el dedo mágico de ciertos líderes que en la voz de la ciudadanía y que ha obturado la posibilidad de una competencia real para la selección de los candidatos de cada fuerza política.

 

Aun cuando faltan 47 días para las primarias abiertas del 13 de agosto, las cartas de las principales fuerzas políticas ya están sobre la mesa y es probable que el triunfo o la derrota de unos y de otros termine definiéndose por la capacidad de los candidatos para imponer su propia narrativa.

 

Mientras el macrismo invita a la ciudadanía a elegir entre el pasado y el futuro, Cristina Kirchner plantea que la disyuntiva pasa por optar entre un porvenir que proyecta los desaciertos del presente y otro porvenir, supuestamente venturoso, que implica la restauración del pasado.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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