Fernando Laborda

Fernando Laborda

Desde su aparición pública en la cancha de Arsenal de Sarandí y hasta su reciente acto en Mar del Plata, se ha señalado no pocas veces que Cristina Kirchner ha recurrido a una nueva estética, más propia de las campañas del macrismo que del kirchnerismo, y a un discurso mucho más moderado, comparado con el que salía de su boca en gran parte de su gestión presidencial.

 

Un mes antes de las PASO, funcionarios del Gobierno muestran más preocupación por Sergio Massa que por Cristina Kirchner. No porque crean que el candidato a senador de la coalición 1 País pueda superar en votos a los postulantes de Cambiemos, sino porque admiten que hay un porcentaje no menor del electorado cuya intención de voto fluctúa entre el oficialismo y el massismo.

 

Los relatos suelen sucumbir ante los límites que impone la cruda realidad, que obliga a los protagonistas centrales del próximo acto electoral a hablar de lo que no quisieran.

 

Existe una coincidencia general: las PASO del 13 de agosto no servirán para nada. Y no porque el instrumento electoral de las primarias abiertas sea necesariamente malo, sino por la actitud de una dirigencia que sigue confiando más en el dedo mágico de ciertos líderes que en la voz de la ciudadanía y que ha obturado la posibilidad de una competencia real para la selección de los candidatos de cada fuerza política.

 

Aun cuando faltan 47 días para las primarias abiertas del 13 de agosto, las cartas de las principales fuerzas políticas ya están sobre la mesa y es probable que el triunfo o la derrota de unos y de otros termine definiéndose por la capacidad de los candidatos para imponer su propia narrativa.

 

Mientras el macrismo invita a la ciudadanía a elegir entre el pasado y el futuro, Cristina Kirchner plantea que la disyuntiva pasa por optar entre un porvenir que proyecta los desaciertos del presente y otro porvenir, supuestamente venturoso, que implica la restauración del pasado.

 

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha quedado un poco más cerca de su muerte política. Y es probable que si esto llegase a suceder sea más por sus propios errores y sus vicios temperamentales que por los aciertos de sus adversarios del oficialismo y de la oposición peronista.

 

Muchos se preguntan por qué el kirchnerismo se empecina en cerrarle a Florencio Randazzo el camino a una competencia interna con la ex presidenta de la Nación cuando, según todas las encuestas, no hay figura del peronismo bonaerense con mayor intención de voto que Cristina Fernández de Kirchner.

 

Es sabido que las próximas elecciones legislativas no alterarán mayormente la relación de fuerzas que existe actualmente en el Congreso, aunque tendrán un efecto simbólico que afectará positiva o negativamente la confianza en el gobierno de Mauricio Macri y determinará mejores o peores condiciones para el clima inversor.

 

Tanto en público como en privado, el presidente Mauricio Macri y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, insisten en que las derivaciones del escándalo Odebrecht en la Argentina deben ser investigadas hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga.

 

Tras el virtual lanzamiento de la campaña electoral, con las rutilantes apariciones públicas de Cristina Kirchner, por un lado, y de Sergio Massa y Margarita Stolbizer, por otro, ha quedado claro que el eje sobre el cual machacarán las principales figuras de la oposición será la marcha de la economía, mientras que el oficialismo macrista se refugiará en la opción entre el cambio o la vuelta al pasado.

 

Un portazo de Elisa Carrió constituiría la partida de defunción de la coalición Cambiemos.

 

La tormenta política que sacude a Brasil llegó en el peor momento para la Argentina. Arribó justo cuando el gobierno de Mauricio Macri empezaba a ilusionarse con una desaceleración de la inflación, luego de la fuerte corrección de precios del 9,1% en el primer cuatrimestre del año.

 

Dos certezas circulan en la Casa Rosada sobre la participación o no de Cristina Kirchner como candidata en las próximas elecciones legislativas.

 

La virtual caída en desgracia de Daniel Scioli en buena parte de la opinión pública tras sus enredos amorosos y el duro ataque que le propinó Gisela Berger se sumó en las últimas horas a los argumentos para potenciar una candidatura de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires.

 

La etapa de euforia seguida de tranquilidad para el Gobierno, tras el espaldarazo del 1-A, se vio súbitamente alterada esta semana por el inesperado fallo de la Corte Suprema de Justicia que benefició al ex represor Luis Muiña y el fuerte aumento de la inflación en el último mes.

 

Seis meses antes de las cruciales elecciones de medio término, cierto alivio llegó a la Casa Rosada de la mano de Elisa Carrió y de un cambio de clima que las encuestas comenzaron a marcar en abril, tras un marzo que constituyó la etapa de mayor conflictividad social para el gobierno nacional.

 

En lo que va de 2017, el costo de vida experimentó un alza del 6,3 por ciento, según el Indec, mientras que el dólar cayó el 3,3 por ciento frente al peso argentino.

 

"La sociedad ya tomó partido." Con esa contundente respuesta se explayó, en diálogo con LA NACION, un alto funcionario de la Casa Rosada sobre el conflicto de los docentes, luego de que la Central de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) convocara para hoy a un nuevo paro de 24 horas, en esta oportunidad en repudio a la acción policial que impidió la instalación de una "escuela itinerante" frente al Congreso de la Nación.

 

No se necesitaba ser un vidente para imaginar que el primer paro general contra el gobierno de Mauricio Macri tendría un alcance importante. Sin transporte público a disposición de quienes quisieran concurrir a su trabajo, el éxito de la medida de fuerza estaba prácticamente asegurado.

 

La marcha del 1-A se produjo en el momento justo. Precisamente, cuando el gobierno de Mauricio Macri sufría una sostenida caída en la opinión pública en la aprobación de su gestión y cuando las expectativas positivas sobre el futuro comenzaban a disminuir lentamente pero sin pausa.

En el gobierno de Mauricio Macri se sigue discutiendo acerca de la conveniencia o no de que sus seguidores salgan a la calle mañana como una demostración de fuerza ante los ataques de los sectores opositores que, durante todo marzo, han elegido la vía pública como escenario del combate.

 

Mientras desde las redes sociales se multiplican las adhesiones a la marcha hacia la Plaza de Mayo en respaldo del presidente Mauricio Macri y de las instituciones, convocada para este sábado, a las 18, el Gobierno se preocupa por aclarar que no promueve ni organiza esta movilización, aunque al mismo tiempo transmite que valora la iniciativa.

 

El tenso debate que protagonizaron el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y los diputados de la oposición marcó el tono que tendrá la campaña electoral y desnudó también el afán del macrismo por polarizar la contienda con el kirchnerismo.

 

Todas las encuestas señalan que la ciudadanía está harta de los piquetes. Los números son contundentes y se justifican en estos días, puesto que sólo en los primeros 15 días de marzo se produjeron en la ciudad de Buenos Aires 62 cortes de calles, una cifra que supera con creces los 16 piquetes registrados en febrero y los 17 de enero, de acuerdo con el estudio periódico de la consultora Diagnóstico Político.

 

En las últimas horas hubo un evidente cambio en el discurso oficial. Por primera vez, altos funcionarios, como Marcos Peña y María Eugenia Vidal, salieron públicamente a señalar que detrás de la conflictividad que se observa en la calle y del "salvaje" paro docente están grupos que responden a Cristina Fernández de Kirchner.

 

Uno de los interrogantes que aumenta la incertidumbre en este año electoral es el papel que jugará Cristina Kirchner en los próximos comicios.

 

El gran tema de discusión entre dirigentes del oficialismo es si los tiempos de la economía podrán correr a la misma velocidad que los tiempos de la política. En otros términos, si el crecimiento de la economía habrá llegado a los bolsillos de los votantes para cuando éstos se apresten a concurrir a las urnas.

 

Las duras críticas a la política económica del Gobierno que lanzó el ex ministro Roberto Lavagna en el programa Comunidad de negocios, emitido anteanoche por LN+, abrieron un interesante debate sobre el modelo del macrismo para salir de la presente crisis.

 

El primer objetivo de la incipiente campaña electoral lanzada por Mauricio Macri con su mensaje ante la Asamblea Legislativa es mantener el caudal electoral cosechado en la primera vuelta de los últimos comicios presidenciales.

 

Desde que se inició 2017, el gobierno de Mauricio Macri enfrenta un fenómeno que no había conocido en sus anteriores 12 meses de gestión: la caída general del optimismo ciudadano.

 

En la misma semana en que el presidente Mauricio Macri debió dar marcha atrás con el controvertido acuerdo entre el Gobierno y el Correo Argentino que debía ser homologado por la Justicia y con la polémica resolución que recortaba el aumento en los haberes de los jubilados, los índices globales de optimismo político y económico que mide una consultora de opinión pública tocaron sus mínimos históricos durante la gestión macrista.

 

Desde antes de llegar a la Casa Rosada, Mauricio Macri era consciente de que dos estigmas lo perseguirían a lo largo de su gestión.

 

La caída en desgracia de Omar "Caballo" Suárez, el cuestionado líder del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) detenido por graves denuncias de extorsión, asociación ilícita y administración fraudulenta, fue una de las mejores noticias que recibió el presidente Mauricio Macri en horas en que se desarrollaba el rutilante Foro de Inversiones y Negocios.

 

Antes de que concluya septiembre, el procurador del Tesoro, Carlos Balbín, dictaminaría si Cristina Fernández de Kirchner tiene derecho a percibir simultáneamente una pensión no contributiva como ex presidenta de la Nación y la pensión que recibe desde 2010 como viuda de Néstor Kirchner.

 

Para avizorar el futuro económico de la Argentina, a veces es preciso no enfocarse tanto en las respuestas del presidente Mauricio Macri como en los interrogantes que le formulan sus interlocutores.

 

Podrá echársele la culpa a la intensa lluvia, pero la imagen de Máximo Kirchner clausurando la tan promocionada marcha de la resistencia ante algo menos de 3000 personas en la Plaza de Mayo no dejó de tener sabor a un rotundo fracaso para el kirchnerismo. Fue el símbolo de un proyecto de poder en extinción, que ya no goza de los abultados recursos del Estado para movilizar gente.

 

Pese a que agosto marcará uno de los niveles de inflación más bajos de los últimos tiempos -en gran medida por la marcha atrás de los aumentos de tarifas-, la conflictividad ha seguido creciendo y ha ganado la calle.

 

Exactamente hace 29 años, un 6 de septiembre de 1987, Antonio Cafiero llegaba a la gobernación bonaerense, de la mano de la llamada renovación peronista, luego de la durísima derrota que cuatro años antes había sufrido el justicialismo, con Italo Luder como candidato presidencial y Herminio Iglesias como postulante a gobernador, frente al alfonsinismo. En aquel hito buscan apoyarse hoy dirigentes de diferentes extracciones del movimiento peronista para lanzar la segunda renovación.

 

El sindicalismo agrupado alrededor de la nueva CGT ha comenzado a mostrarle los dientes al Gobierno. Esta semana se acercó a varios movimientos sociales cuyo principal hobby son los piquetes y cortes de calles que siguen teniendo a maltraer a buena parte de la ciudadanía.

 

La avalancha informativa sobre las numerosas causas judiciales que involucran a Cristina Kirchner, a otros funcionarios de su gobierno y a empresarios que hicieron jugosos negocios con el Estado tiende a veces a confundir y saturar a la ciudadanía.

El gobierno de Mauricio Macri fue presa de sus suposiciones y de cierto exitismo. Imaginó que porque mucha gente reconocía que el precio de la luz y el gas estuvo "regalado" durante más de una década, iba a estar dispuesta a pagar facturas de servicios hasta diez veces mayores de la noche a la mañana.

Ha pasado una semana de la rectificación oficial con las facturas del gas. Sin embargo, hasta hoy nadie tiene claro cuánto pagará en la próxima facturación, por cuanto la decisión final dependerá de la Justicia. Lo que sí resulta claro es que el gobierno de Mauricio Macri está pagando el costo de una serie de errores que pudo haber evitado.

 

La decisión de la Cámara de Diputados de dejar de actuar como aguantadero y permitir que la Justicia pueda allanar la casa y las oficinas de Julio De Vido llegó muy tarde. Sin embargo, no deja de ser un gesto político relevante.

 

El escenario político actual muestra al kirchnerismo en caída libre, al peronismo en un acelerado proceso de deskirchnerización y al gobierno de Mauricio Macri capitalizando el desplazamiento de la mirada de la opinión pública desde la economía hacia los escándalos de corrupción de la anterior administración nacional.

 

Cercada por los escándalos de corrupción y los potenciales arrepentimientos de narcotraficantes que pueden arrastrar a algunos de sus ex funcionarios, Cristina Fernández de Kirchner empieza a ser historia.

Luego del traspié legislativo que le significó la aprobación de la llamada ley antidespidos, que finalmente vetó, Mauricio Macri encontró una fórmula para recuperar la iniciativa política y enfrentar a la oposición con una ley ómnibus que le costaría mucho rechazar.

No faltan dirigentes del oficialismo que hoy, a seis meses de la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, advierten que quizás se sembraron demasiadas expectativas ante la opinión pública en el tan esperado segundo semestre del año.

En la Casa Rosada avanza a toda marcha un proyecto de ley de reforma electoral, cuyo punto más saliente es la introducción de la boleta única electrónica a partir de los comicios legislativos nacionales del año próximo.

Mauricio Macri pasó en muy pocos días de uno de sus más difíciles trances en su gestión a un momento de alivio. Y, como otras veces, debe agradecerle a la inagotable cantera de episodios grotescos en la que se ha transformado el kirchnerismo.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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