Eduardo van der Kooy

Eduardo van der Kooy

El macrismo se siente acosado por las marchas callejeras de todo tipo. Ninguna, claro, con simpatías hacia el Gobierno.

 

El Presidente volvió a quejarse de la parsimonia de gestión en su Gobierno.

 

Sólo hizo falta que Elisa Carrió hablara para que el Gobierno de Mauricio Macri quedara sumido en una confusión mayor de la que ya tiene. El problema: el desafío de los movimientos piqueteros que cortan calles –sobre todo en la Ciudad-- de manera incesante. “Hay que dejarlos porque están buscando muertos”, disparó la líder de la Coalición Cívica e integrante de talla en Cambiemos, la alianza oficialista.

 

Entre tantas aguas encrespadas, Mauricio Macri parece haber encontrado anclaje para --al menos-- una de sus estrategias políticas. No son novedad los zarandeos que existen para afrontar el conflicto con los movimientos piqueteros.

 

El recuento de los episodios quizás exima de cualquier otra consideración. Los gremios docentes de Buenos Aires, que encabeza SUTEBA de Roberto Baradel, están desarrollando su segunda semana de huelga. Hoy y mañana la protesta se extenderá al plano nacional. También durante la jornada de hoy las organizaciones sociales, lideradas por Emilio Pérsico, harán cortes parciales y ollas populares en varios lugares de la Ciudad y sus accesos.

 

Es difícil calibrar hoy la entidad de los problemas políticos que afrontó el Congreso de 1816. No sólo se discutía si monarquía constitucional o república, sino también si la nueva comunidad debía darse una forma de gobierno centralizada o si adoptaba un formato de tipo confederal, donde cada “pueblo” o provincia mantuviera su autonomía.

La economía difícilmente alcance. Es la conclusión que decanta en el gobierno de Mauricio Macri cuando se analiza la ruta electoral que resta por transitar. Las internas abiertas serán en agosto. Las legislativas generales en octubre.

 

El Presidente fue cuidadoso con el repaso del primer año económico.

 

Las vísperas de la cumbre que el gobierno macrista sostendrá con la conducción tripartirta de la CGT no han resultado las peores.

 

Se está abriendo para Mauricio Macri un escenario peligroso. La pesadez de la economía sigue siendo una mochila difícil de cargar. Nada hace prever que su peso disminuya antes del año que viene.

Mauricio Macri comenzó a asumir ayer un doble desafío. Expuso la idea de cumplir con una promesa de campaña: la lucha contra el narcotráfico.

 

La insistencia con que Cristina Fernández pretende reflejarse en el espejo de Brasil resulta un síntoma consciente de su poder menguante. El papel de víctima de una persecución judicial empalidece entre la mirada de los argentinos.

 

Daniel Rafecas incautó documentación del monasterio de General Rodríguez luego de inspeccionarlo la semana pasada. También, un procesador de datos que perteneció al fallecido obispo Rubén Di Monte.

 

El Presidente cree que la imagen es su puntal político. Por eso buscó la tregua con el animador de TV. En el macrismo dudan de tal beneficio. Los ayudaría más la cantinela de la ex presidenta.

 

Mauricio Macri sabe que agosto constituye un mes de prueba para su gobernabilidad. La situación conflictiva laboral-social se volcará en las calles. Un escenario que no resulta familiar para el macrismo.

 

Mauricio Macri es por ahora un hombre de suerte. Su Gobierno hace lo que puede, en un ejercicio donde la política le saca hasta ahora una luz de ventaja a la economía. Esta sigue atravesando un tiempo de luto y llanto. Pero el macrismo parece contar con un aliado inesperado: el kirchnerismo, en su desbande, espanta cada día a una mayoría social, que opta por resguardar su paciencia bajo la ilusión de un futuro mejor.

 

 “En ese mamarracho no me voy a meter”. Cristina Fernández fue contundente delante de la facción de diputados, intendentes y ex funcionarios que aún la escoltan, con los cuales departió aquí.

Mauricio Macri está frente a una triple encrucijada. A las puertas de ese lugar ingrato lo condujo la disparada en las tarifas de gas.

El gobierno de Mauricio Macri está atascado en un problema. Por primera vez en siete meses de poder, un error estructural de su gestión desliza la atención pública de la pestilente mancha de corrupción kirchnerista para anclarla también en los bolsillos. Ese parece el primer efecto del trunco ajuste en las tarifas de gas, que descansa por ahora en una nube judicial.

 

 “No intervenga la AFA porque la FIFA no lo puede permitir”. La advertencia se la formuló Gianni Infantino, el titular del fútbol del mundo, a Mauricio Macri, la última semana de mayo, durante una teleconferencia.

 

El kirchnerismo ingresó desde hace una semana en un tiempo político fatídico. Nadie se atreve a afirmar, viendo las sorpresas que depara ese submundo, que aquellos siete días hayan sido los peores. Pero han servido para empezar a provocar un reseteo de la escena existente.

 

A seis meses de dejar el poder, el kirchnerismo exhibe 3 ex funcionarios presos y 17 procesados. La historia recién arranca.  

 

Carta Abierta posee una envidiable capacidad para tragar sapos. Condenaron a López como hecho extraño. La ausencia y el sectarismo de la ex presidenta preocupa a muchos K. La idea del Frente Ciudadano se va esfumando.

 

Las últimas espadas K operan en reserva para defender a la ex presidenta y perjudicar a Macri. Pero logran poco. La historia de la corrupción se abre y los jueces actúan.

 

Dos mujeres se han cruzado de modo providencial en el pedregoso camino político de Mauricio Macri. Una de ellas es Angela Merkel, la canciller de Alemania, con quien se reunió ayer en Berlín. La otra, Cristina Fernández, de regreso en los avatares internos después de casi tres meses de refugio en El Calafate. Desde allí alternó largos silencios con irrupciones por Twitter y Facebook.

En los primeros seis meses del gobierno de Mauricio Macri la corrupción no ha dejado nunca de ocupar la escena. Apesta la revisión de la década kirchnerista que impregna incluso a sus máximos emblemas, Cristina Fernández y la familia Kirchner.

Mauricio Macri espera que junio no se consuma sin la concreción de dos medidas en las cuales apuesta mucho. El inicio de la reparación histórica para 2,5 millones de jubilados y el nuevo blanqueo de capitales.

El kirchnerismo ha sufrido en las últimas horas un golpe político demoledor. La detención del ex secretario de Obras Públicas, José López, en circunstancias escandalosas, supone un montón de imprevisibles desencadenamientos. Entre ellos el más infausto para la oposición radicalizada: ningún juez podría desde ahora hacerse el distraído respecto de la situación de Cristina Fernández. Es decir, una bala enfila hacia el corazón del debilitado sistema de los K.

El kirchnerismo está encerrado en una paradoja aterradora. La vergüenza de los bolsos de José López, el segundo de Julio De Vido durante la “década ganada”, le tendió aquella trampa.

Mauricio Macri dispuso un golpe de timón que, de todas formas, no lo ayudaría a escapar con facilidad del laberinto en el que se encontraría atrapado. Hablamos de la Ley Antidespidos.

Quizá no sea el veto a la ley antidespidos el que encierre el dilema mayor sobre el costo político que podría pagar Mauricio Macri.

Las necesidades sociales empiezan a representar un acecho para Mauricio Macri. Este acecho atentaría contra uno de los pilares del plan presidencial para ordenar la economía y bajar la inflación.

El debate ha concluido por el momento. Mauricio Macri tiene una convicción: está en condiciones de capear con herramientas políticas propias la inclemencia económico-social del segundo cuatrimestre.

Existe algo en este tiempo que parece emparentar a Mauricio Macri, incómodamente, con Cristina Fernández. Las cuestiones sobre la transparencia pública del Presidente van y vienen con recurrencia sin que nunca el Gobierno logre arrojar luz suficiente para aclararlas. Las de la ex presidenta poseen otra dimensión.

Las imágenes de la investigación de la corrupción K causan perplejidad. No se ha visto nada igual. Resta saber qué  pasará con la familia de Báez. Y si el juez llegará hasta Cristina y De Vido.

        

Quizás Mauricio Macri haya pretendido con sus palabras públicas de ayer reponer en el Gobierno un poco del orden político perdido en las últimas semanas.

 “No me jodan con la caída de la imagen. Voy a seguir tomando las decisiones que me parezcan bien”. Mauricio Macri fue cortante, los últimos días de la semana pasada, delante de algunos ministros y asesores que le plantearon objeciones por el embrollo político que le provoca al Gobierno el rechazo tajante a la ley antidespidos.

A Julio De Vido lo alarmó la semana pasada más el proyecto de un grupo de diputados macristas para suspender momentáneamente sus fueros que el procesamiento que le dictó Claudio Bonadio por la tragedia de Once, que dejó 51 muertos en el 2012.

Hay una comparación que resulta estremecedora. Entre 1974 y 1982, cuando un par de años de una turbulenta democracia derivó en una prolongada y sangrienta dictadura, la tasa de la pobreza en la Argentina osciló entre el 8% y el 10%. Los datos pertenecen a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.

 

María Eugenia Vidal es la dirigente política con mejor imagen nacional. En Buenos Aires oscila entre el 55% y el 60%. La Provincia es la pieza clave de las elecciones legislativas del año que viene.

 

El Presidente se siente preso de dos estimaciones extremas sobre él. Tal vez por esa razón atenuó el ajuste. Debió improvisar respuestas frente a la inseguridad y el narcotráfico.

 

La escena produjo novedades. La imagen de Francisco con Mauricio Macri no fue insípida como la de aquel primer encuentro de febrero, que dio pábulo a una infinidad de intrigas e interpretaciones. No hubo sonrisas, pero Su Santidad esbozó al menos un rictus de cierta satisfacción en lugar del rostro agrio.

 

A Mauricio Macri las declaraciones de Margarita Stolbizer le retumban en la cabeza. La diputada del GEN afirmó, con el molde de una denuncia, que el Gobierno estaría aletargando las cuatro causas (ruta del dinero K, Los Sauces, Hotesur y venta de dólar a futuro) que martirizan a Cristina Fernández en la Justicia.

 

Hay barreras que el gobierno de Mauricio Macri va sorteando en abierto desafío a la historia. Hay fenómenos que produce también este tiempo inesperado del PRO en el poder que denotarían la labilidad y los espacios vacantes de la política argentina.

 

En las objeciones de la diputada incidirían también pleitos políticos irresueltos en Cambiemos.

 

Nunca en sus primeros once meses de poder Mauricio Macri acumuló como en los últimos días tanta contrariedad en el Congreso.

 

 “Tenés que aflojar, Cristina”. El consejo que recibe la ex presidenta no parte nunca de boca de algún desconocido. Lo dispara siempre su hijo Máximo Kirchner.

 

Después del paso de Cristina Fernández y Julio De Vido por Comodoro Py (faltan aún José López y Lázaro Báez) retumba más en la escena pública aquel palabrerío que, convertido ahora casi en involuntaria premonición, la ex presidente lanzó en octubre del 2014, un año exacto antes de su derrota.

 

Las cosas suceden en la Argentina distinto a lo previsto. Incluso para Mauricio Macri. ¿Por qué? La gobernabilidad se va asentando en estos primeros once meses pese a que la economía está lejos de satisfacer las promesas oficiales y las expectativas de la sociedad.

 

Dos mujeres le están planteando un desafío muy bravo a Mauricio Macri. Una de ellas representa un cimiento crucial en la fortaleza defensiva judicial que dejó edificada Cristina Fernández. Se trata de la procuradora Alejandra Gils Carbó.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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