Carlos Mira

Carlos Mira

No es para nadie un secreto que Elisa Carrió es una bomba de tiempo. Lo ha sido para cuanta asociación política ella misma construyó o ayudó a componer: al tiempo de los abrazos y los besos llegan los bombazos.

 

La cara de piedra del kirchnerismo realmente no tiene límites. Primero considero que entre el último presidente militar Reynaldo Bignone y Néstor Kirchner no hubo nada. Se dio el lujo de ignorar el juicio a las juntas, el Nunca Más, a Sábato, a Strassera. Nada de eso ocurrió para los refundadores de la Patria. Solo ellos.

La cara de piedra del kirchnerismo realmente no tiene límites. Primero considero que entre el último presidente militar Reynaldo Bignone y Néstor Kirchner no hubo nada. Se dio el lujo de ignorar el juicio a las juntas, el Nunca Más, a Sábato, a Strassera. Nada de eso ocurrió para los refundadores de la Patria. Solo ellos.

En el país hay una rara impresión por la contradicción que suponen las dos sensaciones que se están teniendo al mismo tiempo: que no se está haciendo nada y que se está haciendo mucho.

En el país hay una rara impresión por la contradicción que suponen las dos sensaciones que se están teniendo al mismo tiempo: que no se está haciendo nada y que se está haciendo mucho.

 

Dos hechos que tuvieron como protagonista a la Justicia sacudieron la atención de la información ayer: lo que ocurrió en La Plata con el fiscal Cartasegna y el fallo de la CSJ que aplicó el 2×1 en un caso por crímenes de lesa humanidad.

 

La economía según dicen algunos ya no es para el gobierno la herramienta que le dará el triunfo electoral. Esos mismos predictores dicen que la administración de Macro está convencida que debe pasar el vado de medio término con un triunfo basado en la política.

La economía según dicen algunos ya no es para el gobierno la herramienta que le dará el triunfo electoral. Esos mismos predictores dicen que la administración de Macro está convencida que debe pasar el vado de medio término con un triunfo basado en la política.

 

Cristina Fernández sigue creyendo que la mentira la llevará a alguna parte. Aun no advirtió que ese camino, en realidad, al único lugar al que la ha acercado es a la cárcel.

Cristina Fernández sigue creyendo que la mentira la llevará a alguna parte. Aun no advirtió que ese camino, en realidad, al único lugar al que la ha acercado es a la cárcel.

 

Si alguien tiene alguna duda de que el país se hubiera convertido en lo que hoy es Venezuela si la banda de delincuentes que comandaban los Kirchner hubieran seguido a cargo del país, no tiene más que mirar lo que ocurre en Santa Cruz, el embrión original donde ese conjunto de inescrupulosos comenzó a experimentar lo que luego trasladaría a la Nación.

 

¿Cuál sería la palabra que elegiríamos si nos pusieran en el brete de tener que definir con un solo término al gobierno de Cambiemos? Yo elegiría la palabra “tibieza”.

 

El gobierno del presidente Mauricio Macri necesitó de una demostración que rechazó hasta el cansancio para renovar su energía y mostrarse revigorizado frente al golpismo kirchnerista.

 

La política de extorsión que la oposición kirchnerista está desplegando contra el gobierno del presidente Macri tiene un origen social.

Los gremios docentes, el aparato sindical peronista y otras versiones más radicalizadas del populismo encuentran su base de sustentación en una parte de la sociedad que aún cree que Macri es liberal, que gobierna para los ricos y que poco menos que es un usurpador del poder.

No hay que olvidar que fueron necesarios 12 años de fascismo para ganar una elección por apenas tres puntos. Supongamos que el aparato dispuesto a todo que aun manejaba el gobierno anterior haya podido manipular cinco puntos porcentuales de votos: igual, fueron necesarios 12 años de fascismo para tener una diferencia de apenas ocho puntos (repetimos, en el caso –muy posible- que el gobierno que fiscalizaba aquella elección hubiera podido fraguar 5% de los sufragios)

Esta aritmética nos demuestra que aun subyace en el fondo del alma argentina un sustrato antidemocrático, inconstitucional, fuertemente refractario de la relación con el mundo y altamente apegado a métodos violentos, que incluso está dispuesto a que le roben en la cara con tal de no ver a quienes ellos no soportan en el poder.

Sin la seguridad de poder especular con ese espíritu, lo que estamos viendo en las calles y en las increíbles argumentaciones de los docentes y de los sindicalistas no sería sencillamente viable. Lo es porque hay un entramado social que aun vota esos procederes y legitima esas conductas.

Y no hay dudas de que la introducción del fanatismo en la política argentina lleva la marca registrada del peronismo.

Eva Perón, ya que estamos con el tema docente, no tenía ningún pelo en la lengua para reclamar, no maestros inteligentes y capaces, sino “fanáticos” a quienes se les exigiría un cheque en blanco de lealtad a Perón para adoctrinar a sus alumnos desde los primeros años escolares, bajo la amenaza de “exterminarlos” (dixit) si no cumplieran con su cometido.

Fue el propio Perón el ideólogo de “ganar las calles a palazos, rompiendo cabezas y vidrieras” para imponer la dictadura peronista (como él mismo la definió, al negar que en la Argentina hiciera falta la “libertad política”)

Lamentablemente la Argentina no pudo sacarse ese virus de su sangre aun hoy. Piensen ustedes lo que era Alemania 62 años después de finalizada la guerra; en 2007 para ser más precisos: poco menos que la segunda potencia mundial, el motor de Europa, absorbiendo el lastre del experimento soviético de la Alemania Oriental sin mayores cataclismos… Una potencia.

Ese mismo tiempo, 62 años, han pasado desde que Perón dejó el poder en 1955 y la Argentina sigue en el tobogán de las costumbres populistas sin poder extirparlas de sus reacciones espontáneas.

En la vigencia de ese conjunto de ideas y creencias se basa la extorsión gremial, el delirio kirchnerista y el estancamiento del país. Solo con ciudadanos que votan como votan el país puede tener un tercio de su población en la pobreza, sin agua corriente, sin cloacas, eligiendo representantes como Baradel y diputados como Kicillof o De Vido.

Hay una enorme responsabilidad social detrás de una debacle que es inexplicable en términos mundiales. Y es esa misma mentalidad la que mantiene y hace posible los cortes de calles, los piquetes, las extorsiones sindicales y las expectativas del populismo.

Ese populismo sacó casi 49% de los votos en la última elección. No hay que olvidar ese detalle. Supongamos que hubo algún “dibujo” en esos números, digamos que las cifras reales fueron 56 a 44… Igual, ¡es un disparate que en un país civilizado una manga de ladrones como la banda delictiva que gobernó hasta diciembre de 2015, saque 44% de los votos! Solo en un país muy desquiciado ocurre eso. ¿Se imaginan al fascismo italiano, al nazismo alemán o al franquismo español sacando el 44% de los votos en cualquier elección europea de alrededor de 2007?

Europa sepultó ese virus. Argentina no pudo. Aun hoy lo padece, 62 años después. Ese virus es el que explica a Baradel y a Bonafini; a Fernández y a Parrilli; a De Vido y a Kicillof.

Muchos se hicieron millonarios, de paso cañazo, con el cuento del nacionalismo y del verso “popular”. Mientras millones caían en la pobreza más humillante.

Si esas bacterias no son removidas del torrente sanguíneo argentino, podrá haber mucha disposición a dialogar, mucha intención de cambiar las cosas gradualmente, muchas buenas maneras. Pero el foco infeccioso continuará y con él será difícil abandonar la decadencia.

Carlos Mira

La política de extorsión que la oposición kirchnerista está desplegando contra el gobierno del presidente Macri tiene un origen social.

Los gremios docentes, el aparato sindical peronista y otras versiones más radicalizadas del populismo encuentran su base de sustentación en una parte de la sociedad que aún cree que Macri es liberal, que gobierna para los ricos y que poco menos que es un usurpador del poder.

No hay que olvidar que fueron necesarios 12 años de fascismo para ganar una elección por apenas tres puntos. Supongamos que el aparato dispuesto a todo que aun manejaba el gobierno anterior haya podido manipular cinco puntos porcentuales de votos: igual, fueron necesarios 12 años de fascismo para tener una diferencia de apenas ocho puntos (repetimos, en el caso –muy posible- que el gobierno que fiscalizaba aquella elección hubiera podido fraguar 5% de los sufragios)

Esta aritmética nos demuestra que aun subyace en el fondo del alma argentina un sustrato antidemocrático, inconstitucional, fuertemente refractario de la relación con el mundo y altamente apegado a métodos violentos, que incluso está dispuesto a que le roben en la cara con tal de no ver a quienes ellos no soportan en el poder.

Sin la seguridad de poder especular con ese espíritu, lo que estamos viendo en las calles y en las increíbles argumentaciones de los docentes y de los sindicalistas no sería sencillamente viable. Lo es porque hay un entramado social que aun vota esos procederes y legitima esas conductas.

Y no hay dudas de que la introducción del fanatismo en la política argentina lleva la marca registrada del peronismo.

Eva Perón, ya que estamos con el tema docente, no tenía ningún pelo en la lengua para reclamar, no maestros inteligentes y capaces, sino “fanáticos” a quienes se les exigiría un cheque en blanco de lealtad a Perón para adoctrinar a sus alumnos desde los primeros años escolares, bajo la amenaza de “exterminarlos” (dixit) si no cumplieran con su cometido.

Fue el propio Perón el ideólogo de “ganar las calles a palazos, rompiendo cabezas y vidrieras” para imponer la dictadura peronista (como él mismo la definió, al negar que en la Argentina hiciera falta la “libertad política”)

Lamentablemente la Argentina no pudo sacarse ese virus de su sangre aun hoy. Piensen ustedes lo que era Alemania 62 años después de finalizada la guerra; en 2007 para ser más precisos: poco menos que la segunda potencia mundial, el motor de Europa, absorbiendo el lastre del experimento soviético de la Alemania Oriental sin mayores cataclismos… Una potencia.

Ese mismo tiempo, 62 años, han pasado desde que Perón dejó el poder en 1955 y la Argentina sigue en el tobogán de las costumbres populistas sin poder extirparlas de sus reacciones espontáneas.

En la vigencia de ese conjunto de ideas y creencias se basa la extorsión gremial, el delirio kirchnerista y el estancamiento del país. Solo con ciudadanos que votan como votan el país puede tener un tercio de su población en la pobreza, sin agua corriente, sin cloacas, eligiendo representantes como Baradel y diputados como Kicillof o De Vido.

Hay una enorme responsabilidad social detrás de una debacle que es inexplicable en términos mundiales. Y es esa misma mentalidad la que mantiene y hace posible los cortes de calles, los piquetes, las extorsiones sindicales y las expectativas del populismo.

Ese populismo sacó casi 49% de los votos en la última elección. No hay que olvidar ese detalle. Supongamos que hubo algún “dibujo” en esos números, digamos que las cifras reales fueron 56 a 44… Igual, ¡es un disparate que en un país civilizado una manga de ladrones como la banda delictiva que gobernó hasta diciembre de 2015, saque 44% de los votos! Solo en un país muy desquiciado ocurre eso. ¿Se imaginan al fascismo italiano, al nazismo alemán o al franquismo español sacando el 44% de los votos en cualquier elección europea de alrededor de 2007?

Europa sepultó ese virus. Argentina no pudo. Aun hoy lo padece, 62 años después. Ese virus es el que explica a Baradel y a Bonafini; a Fernández y a Parrilli; a De Vido y a Kicillof.

Muchos se hicieron millonarios, de paso cañazo, con el cuento del nacionalismo y del verso “popular”. Mientras millones caían en la pobreza más humillante.

Si esas bacterias no son removidas del torrente sanguíneo argentino, podrá haber mucha disposición a dialogar, mucha intención de cambiar las cosas gradualmente, muchas buenas maneras. Pero el foco infeccioso continuará y con él será difícil abandonar la decadencia.

Carlos Mira

El discurso del presidente Macri para inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso marcó varias pautas más allá de la letra pura y simple del mensaje. No solo para el gobierno que preside, sino para la oposición.

 

Obviamente producir un comentario crítico para el gobierno, para el presidente y para algunos ministros en el momento actual es una de las tareas más fáciles que un periodista tiene a mano: torpezas con la liquidación del aumento jubilatorio que corresponde por ley, manejos desafortunados en el tema del Correo Argentino, el desandar del camino del DNU en materia de reformas al sistema de ART (que finalmente tomará la forma de ley con la aprobación en Diputados), la marcha atrás con los feriados “puente”, en fin, una serie de tropiezos –la mayoría de ellos gratuitos y evitables- que han generado un clima raro, que no llega a ser de rechazo (porque el gobierno tiene la suficiente dignidad, plasticidad y modestia de retractarse, cosa que durante el kirchnerismo eso era algo así como un sacrilegio) pero que sí trae dudas sobre la eficiencia y la pericia necesarias para gobernar.

 

El gobierno del presidente Macri enfrenta un enemigo cruel: el tiempo. Necesita producir hechos que peguen rápido en la vida cotidiana de la gente porque las elecciones de medio término son este año y ellas marcarán el rumbo de su gobierno por el resto del mandato.

 

Sergio Massa podría tener una oportunidad histórica en la Argentina: no caer en la demagogia para hacer oposición política. Pero parece que no está dispuesto a tomar a tomar ese guante que la vida le ofreció.

 

La detención del señor Omar Suarez, “el Caballo”, es un hecho que supera los estrechos límites de una causa judicial para convertirse en una especie de símbolo de aquello en lo que la Argentina se había convertido: un país dirigido por delincuentes, que ejercían la delincuencia como “profesión” y que “empantallaban” esas actividades con la máscara del servicio público, ya sea por desempeñarse en el Estado o en organizaciones privadas pero de representación colectiva como los sindicatos y las cámaras empresarias.

 

La vicepresidente con su decisión de echar de su puesto en el Senado a Álvaro Zicarelli por sus dichos contra la entonces presidente Cristina Fernández en 2012, resumió lo que el gobierno de Cambiemos lleva dentro de sí como un sello: la culpa.

 

Luego de la violenta ocupación de la autopista BA-La Plata del miércoles pasado, en donde un grupo de delincuentes bajo el disfraz de “dirigentes sociales” atacó a automovilistas inocentes, rompiendo sus vehículos, robándolos y poniéndolos en una evidente situación de amedrentamiento y peligro, el llamado partido “Miles”, otra agrupación delictiva que se esconde detrás de la política y que integran Luis D’Elía, Fernando Esteche, Amado Boudou y Gabriel Mariotto entre otros, emitió, como si fueran una unidad militar (que en realidad es lo que son), el “comunicado” 156 en donde incitan a “alentar todo tipo de protestas contra el Gobierno”, en todo el país.

 

La noria argentina sigue girando alrededor de los mismos temas desde hace meses: la inversión que no termina de alcanzar ese nivel de avalancha que se precisaría; la inflación, que cede más por la caída de la actividad que por la serenidad natural de los precios; el incansable esfuerzo autoritario y estatista por agitar el clima político con cortes, okupas, reclamos imposibles y otras yerbas típicas del activismo desestabilizador se mantiene como si esos personajes siguieran prendiendo una vela al santo de la destitución; el accionar de Justicia Legítima que traba, retrasa, molesta y le niega al gobierno la chance de probar su receta; la especulación destituyente con agotar la paciencia social; la tétrica aparición de “mano de obra desocupada” que produce hechos de inseguridad cada vez más alarmantes y que tienen a la gente atemorizada, preocupada y triste; en fin, se trata de una serie de elementos que se retroalimentan unos a otros, que generan una atmósfera negativa y que se confabulan para que la esperanza que mucha gente tuvo sobre fin de año se reduzca y se cambie por actitudes hostiles, destempladas que no hacen otra cosa más que servir de combustible al círculo vicioso del principio.

 

El presidente Macri debe entender que lo único que no tiene es tiempo, de modo que sería interesante que empezara a tener algunos gestos que denoten ser más expeditivo y enérgico en sus decisiones, en el encare de los temas y hasta en su lenguaje corporal.

 

La denuncia del fiscal Alberto Nisman, que mandaba iniciar una investigación para ver si era correcta su tesis de que la ex presidente Fernández y el ex canciller Timerman lideraron una banda integrada a su vez por otras personas adherentes al gobierno K para encubrir a los asesinos de la AMIA, debe ser reabierta.

 

Finalmente Mauricio Macri recibió a Marcelo Tinelli en Olivos. Se trata de un  nuevo capítulo en la larga historia argentina que relaciona al poder y los medios. Y a los medios que tienen poder o que creen tenerlo.

 

La Sra. Cristina Elisabet Fernández dijo que dolarizó sus activos porque no sabe lo que el gobierno va a hacer con la economía. ¿Perdón?, ¿qué dolarizó sus ahorros en defensa propia porque no sabe lo que un gobierno va a hacer con la economía...?

Una nueva aparición del inefable Guillermo Moreno vuelve a poner a la Justicia en la primera plana.

Elisa Carrió lleva un sello que la distingue: siempre se ha vuelto sobre los antiguos aliados con los que elaboró y construyó un proyecto político.

Todos los días aparecen consecuencias del triunfo que logró, en la interna del gobierno, la línea “amor y paz”. En efecto, ni bien Macri asumió la presidencia, se detectaron dos corrientes bien diferenciadas dentro de la administración. Una entendía que el nuevo gobierno debía revelar el verdadero estado en que había encontrado el país, con lujo de detalles, sin escatimar, incluso, nimiedades cotidianas.

El fútbol está dando un espectáculo que en gran medida reproduce en chiquito lo que ha ocurrido en la Argentina en general.

 

Durante doce años el kirchnerismo repiqueteó sobre la idea del “cambio cultural”, dando a entender que ellos venían a fundar una Nueva Argentina, como alguna vez el socialismo le había planteado al mundo la formación de un “hombre nuevo” en base a valores de solidaridad, colectivismo, comunismo (en el sentido de reemplazar al hombre individual del centro de la escena y poner allí a la “comuna”), etcétera, etcétera.

 

El terrorista Fernando Esteche acaba de decir que “el Gobierno va hacia una crisis segura que ayudaremos a desatar”. Como se ve, el fascista que solía andar enmascarado, habló en plural, involucrando -de ese modo- a todos los que lo acompañaban en el escenario del acto: Gabriel Mariotto; el ex vicepresidente Amado Boudou ; los ex dirigentes peronistas Fernando Vaca Narvaja,  Osvaldo Papaleo, y la hija de éste último, la actriz Carolina Papaleo.

 

¿Qué le pasa al Papa? Es increíble que cada quince días haya un episodio que ponga en tensión la relación del Vaticano con el gobierno del presidente Macri.

La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de la lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella.

 “No existe otro ser en el mundo al que le guste mas la plata en efectivo que a un hombre de izquierda.” - Pablo Emilio Escobar Gaviria

Existe una corriente de pensamiento que cree que lo que votó la sociedad el 22 de Noviembre es un proyecto de “despresidencialización” de la política, entendiendo por eso una nueva forma de relacionamiento entre la gente y el presidente según el cual éste será más prescindente de la vida cotidiana de las personas y éstas cobrarán más relevancia en el destino de sus propias vidas.

Ya habíamos comentado en estas mismas columnas las dudas que aparecían sobre el blanqueo.

 

La Sra. de Carlotto dijo que están preocupados por la violación de “otros derechos humanos en la Argentina”.

 

El gobierno ha decidido bajar los aranceles a la importación de computadoras para beneficiar a los consumidores y, particularmente, estimular el uso de herramientas que tengan que ver con la innovación y la creatividad.

 

La palabra “crujir” es una de las más onomatopéyicas del idioma castellano. En efecto esa primera sílaba “cru” parece imitar el ruido que emiten materiales que, de algún modo, colapsan.

 

Si la mala suerte existiera en el destino de los países, no caben dudas que la Argentina, es uno de esos lugares que nacieron estrellados, antes que con estrellas.

 

Es curiosa la perspectiva que la Sra. Fernández tiene sobre la comisión de delitos, la responsabilidad que pueda caber sobre ellos y las argumentaciones que puedan darse para explicar, justamente, que allí donde se pensaba que había una violación a la ley, en realidad no había nada.

 

No es necesario ser demasiado analítico para demostrar que, a casi un año de iniciar su gobierno, el presidente debe estar disconforme con los resultados alcanzados.

 

El gobierno está intentando salir de un pantano aplicando el mismo tipo de medidas que hicieron que termináramos en un pantano. Se trata de la perfecta definición de esquizofrenia: pretender obtener resultados diferentes haciendo lo mismo.

 

No hay dudas de que el peronismo ha ingresado en su típica etapa de “animus jodendi”, es decir esa instancia en donde pone en marcha toda su capacidad de joder a la gente con el objetivo de esmerilar la paciencia de todos para que ese estado de ánimo impacte en la percepción general frente al gobierno y en la opinión que todos se van formando de él.

 

Milagro Sala debe terminar con el resentimiento y con la victimización. Debe hacerse cargo de su naturaleza violenta, lesiva de los derechos humanos y explotadora de los pobres; debe asumir que le robó al Estado para enriquecerse personalmente y para florear un poder violento, arbitrario y sedicioso que desafió el orden institucional de la provincia y que formó un ejército irregular de apretadores, estafadores y secuestradores que sembró el terror en Jujuy a la sombra de un poder central que la apañaba.

 

La salida de Prat Gay del Ministerio de Hacienda responde al mismo tipo de inconvenientes que motivaron el alejamiento de Isela Costantini de Aerolíneas: el presidente se da cuenta que hay ciertos aspectos del programa gradual del gobierno que no producen frutos a la velocidad que él los necesita.

 

Ya habíamos comentado en estas mismas columnas las dudas que aparecían sobre el blanqueo.

 

El gobierno del presidente Macri enfrenta un enemigo cruel: el tiempo. Necesita producir hechos que peguen rápido en la vida cotidiana de la gente porque las elecciones de medio término son este año y ellas marcarán el rumbo de su gobierno por el resto del mandato.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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