Ricardo Kirschbaum

Ricardo Kirschbaum

De Vido tiene fueros. Tal vez se plantee otra vez su salida de Diputados.

 

La creación del enemigo ha sido el núcleo de la estrategia de Cristina.

 

La deslegitimación del Gobierno es el centro de la táctica de Cristina.

 

Massa recurrió a Borges para responderle a Cristina. Randazzo le echó toda la culpa.

 

Hay una pericia que realiza la Gendarmería que apunta al asesinato del fiscal Nisman.

 

Lo que da mucho para pensar y para resolver es cuándo se votan legisladores y cuándo fueros, aunque ambas cosas vayan juntas.

 

Cristina manda. Ese es el mensaje y comprobación que deja la votación en Diputados que hizo zafar a De Vido. Su influencia y la del ex ministro de Planificación, que tuvo durante su gestión una relación más que intensa con algunos gobernadores, hicieron el resto.

 

Carrió mudó su campaña al territorio bonaerense para reforzar a Vidal, síntoma de la preocupación oficialista.

 

El pedido de desafuero de De Vido cambia el eje de la campaña electoral.

 

El peronismo en proceso de cambio y Cambiemos tienen la misma cantidad de opciones

 

Parece que todo se lentifica hasta que se sepan los resultados de las elecciones.

 

La mirada general, que contiene su dosis de esquematismo, es que en estas elecciones mandará la polarización, con lo cual el tercero en discordia –Massa- tendría posibilidades muy acotadas si se impone esa táctica.

 

Cristina no quiere ir a internas con Randazzo, a quien considera sólo como un ex empleado.

 

La maniobra consiste en vaciar el apoyo que ha conseguido Randazzo, para sofocar la rebelión.

 

La ex presidenta hizo la clásica salida europea antes de sumergirse en las candidaturas locales.

 

El radicalismo tiene que metabolizar las distintas posiciones frente a Macri y las elecciones. 

 

La crisis de Santa Cruz expone claramente lo que va del relato kirchnerista a la realidad. Y que abarca, para no ponerle una fecha anterior, desde 1991 cuando Néstor Kirchner subió a la gobernación, hasta hoy: poco más de un cuarto de siglo. Los disturbios del fin de semana no fueron por aumentos, sino por falta de pago de sueldos públicos.

 

La postulación de Elisa Carrió en la Capital para las próximas legislativas fue una sorpresa a medias: estaba cantado que sería candidata, porteña o bonaerense.

 

La cifra de octubre (2,4%) que dio el Indec es sencillamente mala: sigue demorándose la prometida–y tantas veces postergada– puesta en caja de la inflación.

 

El martes se cumple un año de un acierto y de un error.

 

A pesar de la marcha atrás, el Gobierno quedó a la defensiva luego del Correo y las jubilaciones.

 

La demanda de transparencia es hoy un compartido reclamo general y un compromiso de cambio asumido y propagandizado por Cambiemos que no es nada ajeno sino de la médula de su triunfo en las elecciones presidenciales.

 

Está muy bien que el Gobierno -los gobiernos- se retracte cuando se equivoca. Es una forma de tratar de enmendar los errores. El presidente Macri metió reversa en dos decisiones que habían levantado justificadamente una ola de críticas a su administración: acuerdo por el Correo y cálculo del aumento a las jubilaciones.

 

Las provincias asumen la discusión salarial docente pero saben que necesitan ayuda federal.

 

“Cuando más se acerca un político al poder más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña”. Es uno de los posibles enunciados del Teorema de Baglini, expresado por el diputado mendocino de la Unión Cívica Radical en 1986.

 

Con una larga pelea por la soberanía de las Malvinas y después de una guerra perdida, una mínima habilidad política y diplomática (que siempre van de la mano) debe anteceder a cualquier entusiasmo amateur.

 

Oyarbide, el juez ya jubilado, abrió la serie en un reportaje del sábado en el diario La Nación: “Cuando en la Argentina se habla de justicia independiente, yo quiero decir que acá no es posible por una sola y sencilla razón: porque el poder del Estado es uno solo”.

 

 “Me quedé angustiado por no tener la oportunidad de ser presidente”, dijo Daniel Scioli a Joaquín Morales Solá en un inusualmente largo reportaje al ex candidato de Cristina.

 

Cada tanto en el peronismo aparece la palabra renovación donde se la suele tomar por la mitad: renovación de dirigentes, no de su naturaleza histórica: el poder. En el homenaje a Antonio Cafiero, el martes pasado, se dijo: “Con el peronismo no alcanza, pero sin el peronismo no se puede”.

 

La ley está. Falta la reglamentación y los resultados del blanqueo, tercera etapa de un intento de reordenamiento financiero que empezó con la eliminación de cepo y default. Este terceto forma parte de una estrategia que busca, también, atraer inversiones.

 

La diáspora kirchnerista no para. El núcleo de la resistencia que Cristina imaginó en el Congreso se desmorona irremediablemente. Y en este fenómeno tiene menos que ver la habilidad política del oficialismo que el impacto de la corrupción sobre el kirchnerismo y las ansias de venganza política del peronismo al destrato de la ex presidenta.

 

El martes, tras dos elocuentes meses de fracasos, Ricardo Echegaray había conseguido reunir quórum en la Auditoría. Fue después de que las nuevas autoridades del PJ pidieran a los auditores peronistas que concurrieran a la sesión.

Fariña parece haberse sofisticado. El lunes dio tres entrevistas con la seguridad de que las repercusiones alcanzarían los puntos del mapa que se propuso sin extenderlos, pero dando a entender de que lo haría si lo considerara conveniente para él.

El diario El País de Madrid lo ha calificado de “trotkista” creyendo, medio en serio y medio en broma, que Gustavo Vera lo es. Quizá es una derivación de una chanza del propio Papa sobre la militancia católica del legislador porteño.

 

Cristina será candidata en 2017 si puede salir primera o perder por poco. Massa, a su vez, se lanzará si es que la ex presidenta lo desafía en su propio terreno bonaerense.

 

Hay tres lecturas posibles de la vuelta en el aire que hizo el gobierno: aquietar las aguas con los movimientos sociales, que en verdad son movimientos políticos que se presentan como sociales, tratar de mover el consumo y, fundamentalmente, ganar tiempo pensando que el tiempo por venir será mejor.

 

Macri habló ayer de que “lo bueno y lo mágico es que el cambio vino de abajo hacia arriba”. En un sentido, la palabra ‘mágico’ puesta así, casi expulsa del escenario la acción de gobierno, el carozo del PRO.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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