Martes, 22 Diciembre 2020 10:31

Coronavirus: la Argentina encerrada en el laberinto de vacunas - Por Nicolás Wiñazki

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Idas y vueltas, anuncios y correcciones, marcan un escenario complejo para comenzar un amplio operativo sanitario que garantice la inmunización.

De un modo de difícil explicación, fue el propio Gobierno nacional el que entró en un enredo inaceptable sobre el plan de vacunación oficial contra el Covid-19. Ese programa estatal no empezó y ya está fallando, al menos en su ambicioso inicio, según lo que había anunciado hace pocas semanas el presidente Alberto Fernández.

El mandatario arriesgó que antes de fin de año habría 300 mil argentinos vacunados contra el coronavirus. La cifra se estiró hasta diez millones llegando a marzo. También lo dijo él. Es imposible de cumplir. Lo admiten fuentes oficiales y sobre todo lo revelan con detalle empresarios del mercado de la salud involucrados en esta trama. El laberinto de la compra y la implementación de las diferentes vacunas anti Covid-19 que adquiriría el Estado se puede resumir en pocos párrafos. Los secretos del mareo oficial con estas vacunas son varios y se complicaron en simultáneo. 

La vacuna rusa “Sputnik V”

La principal traba que encuentra hoy el Gobierno con la Sputnik V es que las autoridades políticas y técnicas de Moscú no pueden por el momento confirmar que su vacuna se puede aplicar a mayores de 60 años, aunque en el mercado privado farmacéutico descuentan que es un inconveniente que pronto será resuelto por la ciencia moscovita.

Hay más conflictos con la Sputnik V, siempre de acuerdo a las fuentes consultadas que protagonizaron negociaciones con los rusos. La legislación de ese país no permitiría exportar vacunas contra el coronavirus, si primero no se garantiza su distribución para la ciudadanía rusa. Son alrededor de 150 millones de personas. Según empresarios de la Salud, el gobierno ruso encontró otra alternativa para ayudar a la Argentina.

Es producir la Sputnik V en plantas científicas del extranjero. El plan estaría en marcha. Rusia incluso analizó la posibilidad de fabricarla en algún laboratorio argentino, pero no se encontró alguno que tenga la tecnología necesaria para ese fin. A todos estos inconvenientes se sumaría otro burocrático. El Gobierno de Vladimir Putin exige una confidencialidad tal respecto a diferentes variables de la fabricación y composición de la Sputnik V que el papelerío es complejo de cumplimentar, tal lo obliga Moscú.

La vacuna de Pfizer-Biontech

Esa vacuna tiene por ahora un nombre “técnico” que posiblemente cambie a una denominación más popular: hoy se la conoce como BNT162. El laboratorio Pfizer se había comprometido con el Estado a entregar un stock de la BNT162 suficiente para inocular al personal de la salud que se encuentra aún en la primera línea de cura de la peste pandémica. Pero Pfizer puso después condiciones al Gobierno.

Según fuentes privadas al tanto de esta trama, la exigencia de Pfizer es que se le garantice que en la Argentina tendría inmunidad total contra posibles juicios de usuarios de la BTN162. El Congreso aprobó una ley que traba esa posibilidad beneficiando a todos los grandes laboratorios que producen vacunas anti Covid, pero dejó abierta la posibilidad de que los litigios contra esos fabricantes se puedan iniciar en juzgados en los que se encuentran sus sedes centrales.

En el caso de Pfizer, son los Estados Unidos. El laboratorio de la BNT162 le estaría pidiendo al Gobierno que tampoco se permita litigiar en su contra ni siquiera en los tribunales internacionales. Es una exigencia que aceptaron las naciones que ya reciben vacunas de Pfizer. La Casa Rosada estudia cómo sortear este nuevo escollo.

La vacuna de Oxford-Astrazeneca 

Se está produciendo en el país, pero el cierre de su proceso de fabricación, envase y distribución se hará en México. Es una condición que se conoce desde el inicio del trato cerrado entre el laboratorio Insud, de Hugo Sigman. A mediados de enero el laboratorio Insud estaría enviando a México los primeros lotes de su producción de la vacuna y en ese país se tardaría alrededor de cuatro semanas en enviar los stocks ya listos para vacunar a la Argentina.

En el medio de todas estas negociaciones simultáneas, complejas, y que sucedieron en buena parte del resto de los países afectados por la pandemia, el Gobierno prometió vacunar a niveles imposibles de cumplir debido a los diferentes conflictos y tardanzas que se dieron con los laboratorios con los que se habían cerrado acuerdos hace pocos meses.

A estos laberintos, que las fuentes del mercado farmacéutico aseguran que se solucionarán, la Casa Rosada se jugó todo a la compra de la Sputnik V. Las autoridades argentinas sabían que los estudios finales sobre la vacuna rusa no estaban terminados, igual que el plan para garantizarle a Moscú el secretismo que pide para vender las dosis a nuestro país. El Presidente afirmó que él mismo se aplicaría la Sputnik V una vez que sea aprobada por el organismo sanitario encargado de controlarla. La ANMAT.

Las autoridades y los laboratorios internacionales descartan que ese ente público no aprobará una vacuna que no esté garantizada por las más estrictas pruebas sanitarias. Según cálculos extraoficiales, alrededor del mes de marzo la Argentina obtendría las millones de dosis de las diferentes vacunas que adquiriría el Estado y recién en ese momento empezaría el verdadero plan de vacunación nacional.

Fue el propio Putin, en su conferencia de prensa anual, un acontecimiento mediático que se da una vez por año en Rusia informó que aun él mismo no podía vacunarse con la Sputnik V porque los estudios indican que todavía no se puede garantizar confiabilidad en personas mayores de 60 años. Putin habló cuatro horas y veintinueve minutos con periodistas de medios de todo el mundo. Respondió sesenta preguntas. Él se encontraba presente solo en una pantalla. Para cuidarse del Covid.

La República Argentina fue el país donde impactaron sus palabras respecto a la restricción etaria de la Sputnik V. En el resto del mundo la noticia de esa conferencia fue su temible frase respecto al envenenamiento de su opositor Alexei Nalvalny, quién tomó una pócima asesina mezclada en un té que bebió en un avión en Alaska: “Si hubiesen querido eso (el servicio secreto ruso), pues habrían terminado el trabajo”, asustó, dando a entender su potencial capacidad de daño.

Paradojas argentinas: en la mayoría de la prensa del mundo fue noticia su frase sobre un veneno, pero aquí se hizo total foco sobre lo que dijo respecto a la vacuna rusa y su alcance de cura. 

Nicolás Wiñazki

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