Domingo, 07 Febrero 2021 05:04

El plan de La Cámpora para impulsar la “vacunación militante” - Por Nicolás Wiñazki

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Axel Kicillof y la agrupación K quieren hacer base en las escuelas de la Provincia. Intendentes del oficialismo y la oposición se resisten. Piden que se usen los vacunatorios.

El desarrollo de la política de vacunación en la provincia de Buenos Aires, por cualidades organizativas impuestas desde el poder, podría resumirse alterando el orden de las palabras de este programa sanitario extraordinario: hay cada vez más política en la vacunación. Esta singularidad es impulsada de modo explícito por el gobernador Axel Kicillof y por la agrupación K más sofisticada, La Cámpora.

“Quiero que la vacunación sea una campaña solidaria. Una campaña militante”, admitió el mandatario ante buena parte de los jefes comunales de la Provincia en una reunión vía Zoom que mantuvo con ellos el martes 2 de febrero.

Según fuentes inobjetables sobre esa exposición vía remota, argumentó también que esperaba que su administración convocaría a “todas las instituciones y agrupaciones políticas” que estén dispuestas a “difundir y colaborar en la inscripción” de la vacunación.

Aunque no tenía por qué aclararlo, Kicillof ratificaba así la línea de la política de vacunación o vacunación con política que ya se había empezado a preparar en los municipios con criterios que generan cada vez más disconformidad en los intendentes oficialistas y opositores.

Cuatro de ellos confirmaron este escenario complejo a Clarín, igual que funcionarios nacionales y de Buenos Aires que trabajan en el tema.

El gobernador Kicillof, sin consensuar con los jefes comunales, decidió que sería su administración la que se haría cargo de la vacunación en el amplio y vasto y múltiple y diverso territorio de Buenos Aires. Por razones que aun desconciertan a los intendentes, los jefes regionales de Salud de la Provincia, la gran mayoría militantes de La Cámpora, informaron a los municipios que las vacunas contra el Covid-19 se inocularían de modo masivo en escuelas elegidas para este fin.

Dejaron así de lado, aunque parezca un sinsentido que quizás efectivamente lo sea, a los cientos y cientos de centros de vacunación en los que los bonaerenses se aplican vacunas desde hace décadas.

El plan de Kicillof y La Cámpora consiste, al menos hasta ahora, en el desembarco de empleados contratados por la Gobernación que trabajarán en los temas no médicos de la vacunación, pero que manejarán en los hechos la administración del programa sanitario en los centros escolares.

El programa de vacunación original del gobernador incluye la elección de escuelas específicas en los distritos sin consultarlo antes con los jefes comunales: hay partidos como Vicente López donde los “colegios vacunatorios” son seis, mientras que en La Matanza esa cifra alcanza a cuarenta escuelas.

También entonces al personal no médico que se desempeñaría en esos lugares como administradores o coordinadores de la vacunación. Pero, además, la Gobernación anunció que financiaría, en algunos casos en forma mixta con los municipios, las instalaciones de las escuelas para que tengan la “tecnología” necesaria para vacunar en esos lugares.

Por ejemplo, el Estado bonaerense y distintas municipalidades debieron comprar freezers para mantener bajo el frío necesario a las vacunas Sputnik, que se espera que lleguen de a cientos de miles a Buenos Aires.

A pesar del plan de vacunación descripto como histórico por Kicillof y su equipo, al día de hoy el Gobierno de Buenos Aires carece de la materia prima esencial para vacunar a buena parte de la población: las vacunas.

El retraso en la llegada de las dosis de la Sputnik V a todo el país afectó también el esquema vacunatorio en Buenos Aires. El gobernador le había adelantado a los intendentes que para el 1° de febrero la Provincia contaría con alrededor de un millón de dosis, por lo que el plan de inoculación contra el coronavirus se pondría en marcha en los colegios-vacunatorios en el mes que acaba de empezar.

Pero las vacunas, como es de público conocimiento, no llegaron al país aún en cantidades suficientes. La política de vacunación de Kicillof se mantiene suspendida, al menos en su despliegue masivo de vacunas. Lo admitió el gobernador en el Zoom con intendentes del 2 de febrero. No dio ninguna definición de fechas respecto a la entrega a los municipios de nuevas dosis para los docentes que deben iniciar las clases presenciales.

También quedó en la incertidumbre la vacunación en los dos mil geriátricos de Buenos Aires, a pesar de que el sábado 30 de enero el propio Kicillof, junto a su ministro de Salud, Daniel Gollán; el viceministro Nicolás Kreplak; la titular del PAMI, Luana Volnovich; el jefe del bloque K de Diputados y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, entre otros dirigentes, habían anunciado en una residencia de ancianos en Lomas de Zamora que empezaba la vacunación a mujeres y hombres de la tercera edad.

En ese acto, de obvio tono partidario y no sanitario, el propio Kirchner adelantó que la política de vacunación en Buenos Aires iba a estar mezclada con la política: “Es importante que muchos vecinos y vecinas se anoten, y además ayuden a quienes no tienen las herramientas para hacerlo, en la página de la Provincia para poder planificar y armar la mejor logística posible para la vacunación”.

Kirchner admitía así que serían los partidos políticos, agrupaciones sociales u otras instituciones las que ayudarían al Estado a intentar que la vacunación de millones de bonaerenses sea más eficaz. El plan original de Kicillof y La Cámpora para usar a escuelas como centros de vacunación no solo entró en una fase compleja debido a que la falta de dosis retrasó la inoculación masiva, un programa de salud que se superpondría en los colegios con el inicio del año lectivo.

Como se dijo, son cada vez más los intendentes de la Provincia que se resisten a usar a las escuelas de sus distritos y a los hospitales provinciales -en algunos casos- como centros de vacunación. Jorge Macri, de Vicente López, de Juntos por el Cambio, fue uno de los primeros en expresar sus diferencias de criterio con Kicillof: le envió una carta oficial en la que le explicaba que ponía a disposición todos los vacunatorios de su municipio para que se trabaje allí en lo que siempre se trabajó: vacunar a los vecinos. No obtuvo respuesta.

Ahora, con el retraso de las vacunas, son cada vez más los intendentes del oficialismo que dicen, aunque en forma privada, que resistirán. Admiten que es complejo y hasta peligroso que se permita un avance de la política sobre la vacunación. Aunque la militancia, solidaria, o rentada por la Gobernación, sea de su propia fracción partidaria.

“No podemos equivocarnos en ésta, en ésta no. Es un tema de salud pública”, se quejó ante este diario uno de los más poderosos intendentes del PJ del Conurbano. Los jefes comunales del peronismo pedirían una reunión con Kiciloff esta semana para plantearse su disenso. Y, aunque parezca asombroso por la lógica invertida que aqueja a las autoridades, también intentarán persuadirlo para que los bonaerenses se vacunen en los centros de salud llamados, no sin sentido, “vacunatorios”.

Nicolás Wiñazki

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