Domingo, 25 Abril 2021 10:51

Los yerros de Alberto Fernández ayudan a Larreta y reaparece Florencio Randazzo - Por Ricardo Kirschbaum

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Sosteniendo la bandera de la educación, el jefe porteño suma votos. El oficialismo no ve un panorama tan claro en la Provincia donde el ex ministro de Cristina ya juega su propio partido.

Cuando Florencio Randazzo salió de su mutismo dijo algo que todos saben dentro del oficialismo, pero casi nadie se anima a decirlo de viva voz: "El kirchnerismo es una empresa familiar". Se refería al sistema de poder que imaginó Néstor de un matrimonio que se alterne en la Presidencia hasta que llegase el turno de Máximo en 2023.

La muerte de Kirchner hizo que Cristina reviera el mecanismo que garantizara que el poder seguiría en las mismas manos. Impedida por la Constitución, aspiraba que la subrogara Amado Boudou en la Casa Rosada, hasta que ella estuviera en condiciones legales de volver. Ocurrió un imprevisto, o no tanto conociendo el prontuario del elegido. Boudou se empantanó en la corrupción y se quedó con Ciccone. Cristina echó mano a Scioli y le puso a Zannini como comisario. El plan no cuajó porque ganó Macri.

Salvo Scioli, Cristina siempre se inclinó por personajes sin poder propio para pavimentar el camino de esa “empresa familiar”. Puso a Axel Kicillof en la estratégica provincia de Buenos Aires, donde se asienta su base electoral decisiva, y acordó con Alberto Fernández, también sin sustento propio, la experiencia que hoy está en desarrollo. Con Alberto esperaba -y aún espera- una solución a sus penurias judiciales, pero, dicen, que el Presidente pronto se dio cuenta que ese objetivo es demasiado difícil en una reunión que habría tenido con cuatro de los cinco jueces de la Corte, poco después de asumir en 2019, según recordó una fuente que dice conocer el secreto.

Por lo bajo, Cristina culpó alguna vez a Randazzo de haber impulsado o estar detrás de la difusión del negociado de Boudou con Ciccone, que frustró aquel plan inicial, en medio de la disputa con el ex ministro del Interior que se negó a cumplir una orden política de Cristina.

Su reaparición política ahora en la Provincia ha encendido algunas alarmas en el oficialismo. El porcentaje que Randazzo pueda reunir en las legislativas de noviembre puede ser decisivo. Cristina ha perdido más que ganado en territorio bonaerense. Recordemos: 2009, la derrotó De Narváez; 2013, Massa le arruinó el proyecto de reelección eterna; 2015, Vidal le birló la gobernación; 2017, Esteban Bullrich se impuso y la actual vicepresidenta entró por la minoría.

Los números electorales están muy finitos (un jefe de La Cámpora estima que el oficialismo puede ganar por tres puntos) y cualquier pérdida saldrá del bolsillo del peronismo. Es lo que, dicen, apuesta Randazzo, que está dialogando con un amplio abanico, incluido Rodríguez Larreta.

El jefe de Gobierno, de pronto, se encuentra en una posición central, favorecido por los errores de sus enemigos, que además le dieron una bandera impensada, la educación, en un distrito en el que sus adversarios siempre la habían usado para descalificar a la administración local. Es decir, lo pusieron en un lugar que será bastante difícil desplazarlo aún para Macri. Con el agregado que, si María Eugenia Vidal viene al distrito, como tiene planeado, esa alianza interna se potencia.

Apremiado por la pandemia y por las presiones abiertas de Cristina a través de Kicillof, que están repercutiendo sobre Martín Guzmán y su margen de acción, el gobierno no ha acertado y se notan mucho los yerros sucesivos que tendrán un costo en las elecciones que están lejanas y que, algunos, ya hasta ponen en duda. 

Ricardo Kirschbaum

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