Domingo, 25 Julio 2021 08:48

El dedazo de Cristina Kirchner en el Frente de Todos, y el desafío interno para Horacio Rodríguez Larreta en Juntos por el Cambio - Por Marcos Novaro

Escrito por

Dos formas de “hacer política” se van a medir en las PASO y las legislativas. Cada una tiene sus complicaciones y peligros, por más que sus respetivos estrategas traten de disimularlos.

Nunca como en esta ocasión se han diferenciado tan claramente dos formas de unir lo diverso, en el gobierno y en la oposición: la del dedazo de los jefes, en realidad “la jefa” y quienes la acompañan, en el primer caso, y la de la competencia democrática con participación de la gente del llano, en el segundo.

Es cierto que permitir la competencia interna y dejar la decisión sobre las candidaturas, finalmente, en manos de los ciudadanos es más complicado cuando uno está en el gobierno.

Pero eso también vale, en esta oportunidad, para Horacio Rodríguez Larreta. Quien finalmente se va a tener que bancar una competencia intensa en su propio distrito, siendo oficialismo. Y no contra una sino contra otras dos listas, que podrían dispersar mucho al muy basculante voto porteño, y limar el esfuerzo del jefe de Gobierno por consolidar su liderazgo, y más todavía por extenderlo al resto del país: si las listas para las PASO encabezadas por Ricardo López Murphy y Adolfo Rubinstein llegaran a lograr un buen resultado, Larreta no solo perderá legisladores propios, sino que no podrá evitar que muchos se pregunten si él está realmente en condiciones de conducir a la coalición opositora en la nueva etapa que se abre, si puede sumar más voluntades a ella, como está intentando con López Murphy, reparando una larga historia de desencuentros entre él y el PRO, o no corre más bien el riesgo de debilitar la cohesión entre las fuerzas que hasta hace poco respondían mal o bien al pulso de Mauricio Macri.

En la Ciudad de Buenos Aires se suma además un problema extra: el de tener que alimentar muchas bocas con una torta que difícilmente crezca. Se renuevan los diputados de 2017, cuando Cambiemos hizo una excelente elección en el distrito, y será difícil que JXC repita esos números. Para que todos queden conformes, considerando que en el ínterin se han agregado nuevos socios, tendría incluso que superarlos.

Un problema parecido al que enfrenta el FdeT en la provincia de Buenos Aires: en 2017 todavía Massa y su Frente Renovador eran “anti K”, y con la bandera de jubilar a Cristina, y en lo posible meterla presa, sacaron una buena cantidad de votos, que ahora deberán salir de la misma torta que acaba de cocinar la propia Cristina, atendiendo además de sus propias necesidades y las de las huestes camporistas de su hijo, las de los intendentes, los Kicillof boys, y hasta las de ex randazzistas también arrepentidos de sus recientes deslealtades.

Se entiende entonces que hasta último momento hayan estado tironeando entre ellos. Y que lo más probable sea, más allá del arreglo al que hayan llegado, que varios de los participantes tengan que achicar su negocio a partir de diciembre, pues se quedarán con menos de lo que hasta acá tenían. Aun haciendo una buena elección en esta ocasión, todos juntos. Cosa que habrá que ver si está a su alcance: al menos hasta ahora, las encuestas les pronostican entre 15 y 20 puntos menos que dos años atrás.

Pero es precisamente por estas perspectivas, que llama tanto la atención que en ningún momento, ni por asomo, a nadie allí se le haya pasado por la cabeza competir en las internas: esa no es una posibilidad siquiera imaginable en el actual oficialismo, allí todo se arregla entre gallos y medianoche, en los conciliábulos entre la vice y sus alfiles, en primer lugar, y luego en las tratativas entre aquellos y las demás facciones aliadas, que son muchas y muy diferentes, pero parece que comparten un mismo ethos, que es que la unidad se asegura en una distribución lo más centralizada y reservada posible de los recursos disponibles y necesarios para reproducir sus condiciones de subsistencia.

El Frente de Todos luchará por mantener el porcentaje de votos que obtuvo en la última elección presidencial en 2019. (Foto: captura de video)

Eso es el Frente de Todos finalmente, una cofradía de naturaleza oligárquica, que ha capturado el aparato estatal, y lo administra para reproducirse en esa condición, buscando asegurar la distribución mínima necesaria entre todos sus miembros como para no perder el control, y para que nadie abandone el barco.

Y, al menos hasta aquí, puede decirse que lo vienen logrando. Habrá que ver qué sucede de ahora en adelante, cuando empiece a pesar, para su desgracia tal vez, lo que opinan los ciudadanos. Pero hasta acá la “administración del poder interno” es de las pocas cosas que a Cristina y Alberto le han salido bien: hasta se dieron el lujo de sumar a “Bali” Bucca, y a pesar de todos los fracasos acumulados en casi dos años de gestión, no perdieron a nadie o casi nadie. No ha habido fugas ni hacia JXC ni hacia el randazzismo, que tendrá que remar mucho para instalarse en el territorio bonaerense, con los pocos apoyos que logró reunir. Tampoco ha habido muchos conflictos en los niveles locales para la confección de las listas oficialistas, y habrá por tanto muy poca competencia también por las concejalías.

¿Es esta una buena o una mala señal? Los líderes frentetodistas insistirán en lo primero, en que es una muestra de su cohesión militante, e indicio de su imbatible capacidad de conducción. En la presentación de las listas no se cansaron de repetirlo: curiosamente, presentaron incluso su vetusta fórmula para resolver la cuestión, el dedazo puro y duro, como una madura y consolidada muestra de su voluntad por “transformar el país” y de “innovar”, de “hacer política y no marketing”, agregando otro montón de expresiones parecidas que no se sabe muy bien qué correlato tienen en la realidad, pero no importa, sonaron bastante bien.

Lo importante, de todos modos, será lo que opinen los ciudadanos. Y ellos puede que se vean atraídos más que por esos discursos, por la oportunidad de influir en forma efectiva en la interna opositora. Que también en la provincia de Buenos Aires tendrá una manifestación bien intensa, y de resultado por ahora bastante incierto: Diego Santilli y sus aliados, expresando el proyecto presidencial de Larreta, y Facundo Manes y los radicales, animados tal vez por otro proyecto presidencial, no se sabe muy bien todavía de qué orientación. Claro que esa competencia podría terminar en trifulca. Puede que se abran más heridas y se alimenten más recelos que oportunidades para la síntesis y la expansión del conjunto, más allá de los límites que hasta aquí ha encontrado. Por eso es que las democracias requieren, en general, de prácticas políticas más cuidadas, de una mayor y más auténtica disposición a la colaboración, un mejor espíritu cívico, que otros sistemas políticos.

Y en cambio el dedazo lo administra cualquiera. Y es posible hacerlo funcionar con los materiales humanos e institucionales más precarios, pues se alimenta de instintos muy básicos. Ante todo, el toma y daca del prebendarismo, la lógica del sobreviviente.

En las PASO de septiembre se enfrentarán esos dos modelos, y será interesante ver cómo le va a cada uno.

Marcos Novaro

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…