Domingo, 22 Agosto 2021 11:18

El Gobierno teme por la Provincia y Larreta, por Macri; ¿proyecto por la Corte? - Por Ricardo Kirschbaum

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La irrupción pública de Cristina instruyendo a Fernández fue innecesariamente humillante.

Los números de las encuestas cantan varias cosas. La primera es que el desgaste que sufrió la imagen de Alberto Fernández por el escándalo de Olivos es de una gravedad tal que, aún cuando el oficialismo supere la prueba electoral, es de difícil reversión. Venía declinando y ahora cae como un piano. Pero en la Argentina, nunca digas nunca: esto es una foto, no una película. Aunque parezca hoy una broma de mal gusto, los planes de reelección en Olivos siguen vivos.

Dice el diario madrileño El Mundo que los guionistas de House of Cards mueren de envidia por lo que sucede por estas tierras donde la realidad supera a la imaginación más copiosa. Sin embargo, este sainete pide más a Peter Sellers que a Kevin Spacey.

Los sondeos no solo se detienen en Fernández y ese inevitable desgaste en el que la fiesta ha sido el catalizador de una situación de malestar general muy perceptible, que también se expresa como apatía, desánimo y un preocupante sesgo contra la política y los políticos.

Un alto funcionario del gobierno leía esas conclusiones con fruición y de manera sesgada los números altos para Milei y sus libertarios en la Ciudad, sin advertir que expresan, de verificarse, un fenómeno que va más allá de una pérdida relativa del oficialismo porteño de su caudal electoral. Una parte del voto joven está pensando en esa opción, como en otras variables del liberalismo como Ricardo López Murphy, que concentra el voto duro del macrismo.

Las planillas que tiene la Casa Rosada pronostican una caída de hasta 14 puntos en la provincia de Buenos Aires, donde Sergio Massa en 2019 llegó al 54 % en la elección de diputados. La oposición tiene números peores para el Frente de Todos (36%) pero desde ambas veredas se coincide en que la diferencia entre el oficialismo y Juntos oscila en cinco puntos, y se mantiene estable, con Randazzo tercero (7%) y Espert, cuarto.

Ese margen, que está dentro del error estadístico, puede significar de mantenerse que en el conteo general el oficialismo quede abajo, con un efecto más político que práctico porque no habrá grandes modificaciones en la composición del Congreso. Y esperar el efecto que siempre aparece luego de las PASO de reacomodamiento del voto útil, lo que permite suponer que la oposición puede engrosar su volumen en noviembre.

Es un secreto que se corre de viva voz que habrá cambios en el gobierno luego de las elecciones. La irrupción pública de Cristina instruyendo a Fernández, además de mostrar otra vez la naturaleza de la ex Presidente fue innecesariamente humillante. Parecía una profesora titular dándole indicaciones a su atribulado jefe de Trabajos Prácticos.

Hay otras dos cuestiones que las encuestas también denuncian. La primera es conocida: sin Cristina no se puede; con Cristina sola no se gana. Esa certeza reaviva las ambiciones de los hipotéticos Fernández 2023, como Sergio Massa.

La segunda cuestión es la irrupción de Macri en la campaña: Larreta y Santilli no saben qué hacer con ese jarrón chino que se les metió en su estrategia, regalándole a sus adversarios un flanco redituable para la crítica.

Mientras todo esto sucede y la atención sigue concentrada en el costado farandúlico de Olivos, una convergencia sugestiva se está produciendo: el macrista Ritondo, Massa, y el radical Yacobitti (muy cercano a Enrique Nosiglia) quieren impulsar cambios por ley en el modo de elegir el presidente de la Corte por un período de tres años: que el jefe sea el de más antigüedad, especulando que a Maqueda ese cargo no lo convence y que a Highton de Nolasco tampoco.

Léase entonces: de nuevo Lorenzetti. Léase también: sí, pero siempre 5 jueces. 

Ricardo Kirschbaum

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