Domingo, 29 Agosto 2021 10:18

Fernández, entre pulsiones, y Rosatti llega a la cumbre - Por Ricardo Kirschbaum

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Si el kirchnerismo no gana las próximas elecciones en la Provincia, avanzará la radicalización.

De todos los interrogantes que surgen de este presente preñado de incertidumbre, hay uno que por su significado es crucial. ¿Por qué se ha lanzado el operativo “rescatando al soldado Fernández”? La respuesta obvia es que el derrumbe de su imagen y los tropiezos con su torpe auto indulgencia exige a sus aliados darle fortaleza, de allí el lanzamiento de la reelección de Alberto por boca del ministro más ultracristinista, Jorge Ferraresi. Este proyecto, bien leído, significaría varias cosas. La primera, que aún en su debilidad, Fernández es todavía políticamente para Cristina más que Máximo y que Kicillof, su candidato in pectore o no tanto, para 2023. La segunda, que así planteado el juego, Sergio Massa esperaría en vano que la vicepresidenta lo llame para repetir la fórmula de 2019, esta vez con el nombre del presidente de la Cámara de Diputados al tope, como dicen que es su ilusión.

Si esto fuera así, descontando que Cristina prefiere mantenerse en este plano de decisión y no cargar con la crisis económica, la pobreza y la pandemia que no cesa, ¿por qué raspa así al Presidente en público, marcándole el lugar que ocupa? Cristina conoce perfectamente el valor de los gestos y de las palabras en política. Es totalmente consciente del poder corrosivo que tienen sobre la menguada autoridad de su elegido. ¿Lo sostiene y, a la vez, lo humilla? ¿Necesita hacerlo para conformar a su base cada vez más inquieta por el futuro electoral?

En el oficialismo conviven estas dos pulsiones contradictorias, intentar fortalecer a Fernández en la retórica y, a la vez, debilitarlo en los hechos. Todo esto con la activa colaboración del Presidente en la disolución de su propia credibilidad.

Los bastiones de Cristina son hoy el Senado y la provincia de Buenos Aires. Su fuerza disminuiría por la pérdida de senadores (puede afectar el quórum propio del oficialismo) y, desde ya, por una eventual derrota en el principal distrito del país.

Si esto ocurriera, la radicalización borrará todo vestigio de moderación: Augusto Costa, hombre de Kicillof, reemplazaría a Guzmán, en Economía. Y Massa se debería olvidar de su proyecto de llegar al Ejecutivo como superministro o jefe de Gabinete, tal es el plan que se proyectaría aplicar a partir de noviembre.

En este escenario político, la Corte anunciaría días después de las PASO que Horacio Rosatti será su presidente, y Carlos Rosenkrantz, su vice. No es una buena noticia para los planes judiciales de Cristina. La decisión de Ricardo Lorenzetti de abandonar su afán de volver a ser titular del Tribunal, cuando constató que no sería acompañado por sus pares y que la vía legislativa que tanteó estaba obturada, despejó el camino de Rosatti, quién había renunciado a su cargo de ministro de Néstor Kirchner porque no quiso avalar decisiones en las que no estaba de acuerdo. Cristina nunca olvidó ese gesto y lo consideró una deserción.

Ricardo Kirschbaum

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