Jueves, 09 Septiembre 2021 12:57

El domingo se definirán cuestiones que no aparecen en ninguna boleta - Por Ignacio Miri

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En las PASO no se votará una lista de candidatos para el Congreso. Será un plebiscito al Gobierno y una forma de resolver el camino al 2023 para la oposición.

En otra de esas ocasiones que suelen presentarse cada cuatro años, los argentinos votaremos motivados por una convocatoria que no aparecerá escrita en ninguna de las boletas que se desplegarán en los 101.500 cuartos oscuros en todo el país. Será muy pequeña la cantidad de personas que se levantarán este domingo decididos a apoyar los proyectos legislativos de un candidato particular, y la mayoría se dedicará a evaluar el desempeño del gobierno nacional, y en algún caso el de los gobiernos provinciales, o a impulsar un cambio en la configuración de las coaliciones o del lugar que ocupan sus dirigentes principales en el camino a 2023.

Para el Gobierno, esa situación es un problema enorme. Los niveles de aprobación de la gestión de Alberto Fernández nunca estuvieron tan bajos. Una encuesta reciente de circulación reservada entre empresarios importantes muestra que la cantidad de ciudadanos que reprueba la gestión del Presidente duplica a la cantidad de los que lo apoyan.

Según ese mismo trabajo -de 2.200 casos en todo el país que se terminaron de relevar el 1 de septiembre-, Fernández tiene niveles de desaprobación y aprobación casi idénticos a los que tenía Mauricio Macri en septiembre y octubre de 2019, cuando acababa de perder las PASO frente al hoy presidente.

Ese estudio explica también el cambio drástico en la valoración social de la forma en que el Gobierno enfrentó a la pandemia. La encuesta dice que hoy el 67% de los argentinos cree que el principal problema en relación con la enfermedad es la consecuencia económica que generó, mientras que sólo el 22% dice que su preocupación más acuciante es contagiarse.

El Gobierno podrá decir que esa situación se deriva del éxito que tuvo para combatir la pandemia, pero esa frase pierde valor si se considera que la Argentina está muy alto en la lista de países con mayor cantidad de muertos por millón por COVID. Algo de ese fracaso entendió la Casa Rosada, si se toma en cuenta el cambio radical que adoptó en la política para el COVID en 2021.

Los números del Ministerio de Salud son bastante elocuentes para explicar la modificación de la política oficial. En los 9 meses de 2020 que van desde el inicio de los contagios -el 3 de marzo se reportó el primer fallecido- y el fin de año, hubo 45.568 muertos por la pandemia. En los primeros cuatro meses del brote se reportaron 2.063 fallecimientos, mientras que en el segundo semestre fueron 43.505 los muertos.

En los 8 meses largos que corrieron de 2021, hubo 67.283 muertos por la pandemia. Dicho de otro modo: a pesar de que se incrementó sensiblemente el número de muertos el Gobierno optó por flexibilizar la circulación de personas para que no siga derrumbándose la actividad económica en el año electoral.

Con esos niveles de aprobación tan bajos, el Presidente enfrenta un escenario muy delicado dentro de la propia coalición oficialista. Desde su presentación como candidato en 2019, Fernández y sus íntimos siempre sostuvieron que su figura aportó dos cosas al Frente de Todos: la posibilidad de garantizar la unidad y un plus de votantes a los que no podía llegar Cristina Kirchner.

Si el Frente de Todos saca menos votos que en 2019 o incluso si se acerca a los votos que consiguió Cristina en 2017 con Unidad Ciudadana, ese adicional que aportaba Fernández se habrá esfumado. A su vez, si el resultado es aún peor y el peronismo unido saca en todo el país menos votos que Juntos por el Cambio ¿Qué sentido tendrá mantener esa unidad que ya no garantiza la victoria?

La oposición tiene otro desafío. En primer término, los resultados en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires serán el termómetro que marcará la primera incursión de Horacio Rodríguez Larreta en la competencia nacional. Si le va bien, podrá decir que la elección de 2019 la perdió Mauricio Macri. Si no consigue el resultado que espera, el camino hacia 2023 en Juntos por el Cambio volverá a desorganizarse.

El resultado también determinará la consistencia que tendrán los bloques opositores en el congreso nacional y también en algunas de las legislaturas provinciales. Eso ocurre porque, como Juntos por el Cambio abrió la competencia a diversas listas en las PASO en las cuatro provincias más importantes, las nóminas definitivas quedarán conformadas de manera más heterogénea, y allí habrá legisladores que no acepten los liderazgos nuevos o que tengan intenciones de conformar otros bloques.

Algo de eso puede ocurrir en la provincia de Buenos Aires, en donde la principal tarea de Rodríguez Larreta -a quien en el PRO algunos acusan de haber propiciado un "mal cierre" de listas en la Provincia-, o de Diego Santilli, en caso de que gane la interna, será mantener unido el bloque de senadores bonaerenses, que se convertirá en un mosaico de intereses y caciques que sueñan con conducir diferentes tribus.

Ignacio Miri

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