Miércoles, 06 Octubre 2021 11:25

“Ganar en la derrota” y “discurso zen”, el plan consuelo del oficialismo para la campaña - Por Ignacio Miri

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El Frente de Todos cambió estrategia. Busca un discurso “moderado” y destacar sus “propuestas” para poner a la oposición en el papel del que “frena” las iniciativas. El nuevo consultor del Presidente.

El tropezón de Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados con la Ley de Etiquetado de Alimentos sirve como muestra de lo que ocurrirá en el Congreso si es que los resultados de las elecciones de noviembre repiten lo que ocurrió en las PASO, pero también es útil como ilustración de la manera en que el oficialismo decidió enfrentar esa derrota electoral.

El único acuerdo que consiguió atar a los integrantes del Frente de Todos tras el estallido posterior a las primarias fue el de modificar el equipo y la estrategia de campaña. En esas reuniones, que se hicieron en las últimas tres semanas en el centro de campaña del oficialismo -ubicado en un salón de fiestas de la Chacarita-, en la Quinta de Olivos, en la Casa Rosada, en las oficinas de Cristina Kirchner y de Sergio Massa y en algunos domicilios particulares de dirigentes del Frente de Todos, se decidió un plan destinado a contener el voto tradicional del kirchnerismo y a achicar la distancia con Juntos por el Cambio para que la lectura de la elección -en caso de que se verifique otra derrota- sea que el Gobierno mejoró su desempeño. "Hay que ganar en la derrota", es la frase que escuchó en esas reuniones uno de los ex dirigentes invitados.

La sesión fallida de la Ley de Etiquetado es un ejemplo de una de las ideas que circuló en esas sesiones de terapia oficialista: lograr que el Gobierno se convierta en el polo que "propone" medidas o cambios y que la oposición quede en el lugar de quien busca resistir o "decir no". El proyecto, según aseguran fuentes del bloque oficialista, también debería servir al Frente de Todos para disputarle votos a la izquierda, que con su tercer puesto en las PASO demostró que hay electorado progresista que huye del kirchnerismo.

Otro ejemplo de ese nuevo mantra propositivo fue el discurso del presidente Alberto Fernández del jueves 30, destinado a anunciar el proyecto de ley del Régimen de Fomento al Desarrollo Agroindustrial. Aquel día, con una Cristina Kirchner silente como testigo, el Presidente anticipó frases de ese catecismo zen. "Yo quiero que dejemos de lado a los cultores del no", fue una de ellas. "Los convoco a decir sí, hagamos la Argentina que nos merecemos. El país que le diga no a la división para seguir parados en el mismo lugar", fue otra.

Este martes, en La Rural, en el encuentro con la Cámara de la Construcción, el Presidente administró otra dosis del nuevo discurso. "Después de las PASO yo he ido a escuchar a los vecinos", informó. "A escuchar y gobernar, yo le digo 'sí", completó Fernández, a la manera de Cacho Fontana en alguna célebre y no menos antigua publicidad de galletitas.

Ese kirchnerismo vegano surgió en las conversaciones que le siguieron a la semana en que el Frente de Todos se convenció de que la alianza que había imaginado Cristina Kirchner cuando en 2019 postuló a Alberto Fernández ya no cumplía ninguna de las funciones que le había asignado su diseñadora.

El impulsor de esos cambios es el consultor Antoni Gutiérrez-Rubí, un hombre que había sido contratado por Cristina Kirchner en 2017 y que desde aquel momento pasó a asesorar a Sergio Massa. "El catalán", como le dicen en el búnker oficialista, se reunió varias veces con el Presidente y es, según admiten varias fuentes de la campaña, el autor de la nueva "narrativa" del Frente de Todos.

De su cabeza salió la idea de que el Presidente tiene que recuperar "cercanía" con los ciudadanos y por eso proliferaron en los últimos días las fotos de prensa con Alberto Fernández en situación de escucha frente a interlocutores variados, e incluso situaciones en que el Presidente -lejos de la imagen de "capitán de barco" que celebraron incluso algunos opositores en el arranque de la pandemia- aparece blandiendo un anotador para reforzar la idea de que está dispuesto a tomar un registro documental de las demandas.

El anotador es un objeto muy significativo para Gutiérrez-Rubí, que suele recordar con admiración una característica que distingue al presidente chileno Sebastián Piñera. Varias personas que se reunieron con Piñera -entre ellos Gutiérrez-Rubí y el ex presidente Mauricio Macri- relatan que el chileno llega a las citas de trabajo con anotador, regla y lapiceras de distintos colores. Conforme avanza la conversación, Piñera anota, subraya y resalta, y el interlocutor se queda con la sensación de que lo que dijo fue escuchado con atención extrema.

Gutiérrez-Rubí sostiene desde hace tiempo que las elecciones no se ganan en los extremos sino en el centro del espectro político, una idea que también promovía Fernández y que desandó incontables veces desde que asumió el cargo.

Por eso es que la campaña oficialista quedó pasteurizada al máximo, sin actos con funcionarios que se turnaban para usar el micrófono, con la exposición del Presidente reducida al mínimo necesario -un anuncio para el campo, una foto con la CGT y participaciones en éventos empresarios- y con los candidatos con la palabra administrada. La mención de la "platita" que hizo Daniel Gollán les dio aire a quienes en el búnker del Frente de Todos venían criticando la predilección de los postulantes por las largas entrevistas con medios de comunicación amigos. "Hablamos dos horas con radios oficialistas y después los otros medios titulan las cagadas que nos mandamos, eso no puede seguir", admite uno de los funcionarios que trabaja en la estrategia electoral.

Ignacio Miri

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