Domingo, 10 Octubre 2021 06:50

Secretos de la campaña oficialista: por qué ahora Fernández dice todo el tiempo sí - Por Ricardo Roa

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Se lo aconsejó un asesor catalán que, entre otras cosas importantes, convenció años atrás a Cristina a vestirse de blanco. Dice que con muchos “sí” se le ganará al “no” de las Paso.

Se supo de dónde sacó Alberto Fernández la cantinela del sí y del no que repite sin respiro en estos días. Está en un mamotreto que le vendió el catalán Gutiérrez Rubí, que pisa fuerte ahora en la campaña del oficialismo. Es el mismo que, entre otras cosas importantes, convenció años atrás a Cristina de que se vistiera de blanco. De Cristina pasó a trabajar con Massa, aunque no le fue muy bien que digamos: Massa tiene hoy una imagen negativa del 70%. Pero es cierto que levantarle el rating a Massa es casi una hazaña.

Dijo este martes Fernández ante la Cámara de la Construcción: “... a escuchar y gobernar yo le digo que sí; y le digo que no a la idea de encerrarnos, a la idea de creer que debemos gobernar sin escuchar al otro.... y le digo que sí al diálogo constructivo, a hermanarnos en la construcción del país que nos cobija a todos”. Le faltó decir: sí, se puede, como dice el macrismo y antes había dicho Obama, usando un eslogan de una sindicalista norteamericana. Está visto: nadie inventa mucho.

La primera interpretación de esa frase de Fernández, que ni Durán Barba podría haberla escrito mejor, fue que era un mensaje para Cristina. Y bien pudo haberlo sido. Pero no: Fernández la tomó del menú de Rubí, una especie de copipego repleto de obviedades y pensamientos tan profundos y revolucionarios como que el sí es positivo y el no es negativo.

A la medida de Fernández, en el mamotreto se lee: “Necesitamos salir del NO. Venimos de muchos meses diciendo 'NO’: cuarentenas, restricciones, retenciones…”. Ahora se entiende de dónde vino eso de declarar de la noche a la mañana el fin de la pandemia y levantar la cuarentena. Más que ciencia, campaña pura.

¿Y qué otros sí aconseja usar el consultor catalán al Presidente?: “¡Sí, claro que sí! ; Sí, carajo; Ahora, Sí (nota al pie: hace 22 meses que Fernández gobierna); Sí, adelante; Sí, por supuesto, y Sí, dale”. Y un remate para quedarse sin aire: “sí, sí, sí”. Rubí también agrega algo de autoayuda y cita al psicólogo Goleman, el de la inteligencia emocional, para recordar “que el optimismo es una actitud motor que impide caer en la apatía, la desesperación o la depresión”. Aquí no habla de la desesperación o la depresión de los votantes sino las de Fernández o de los que están al lado de Fernández.

Hay más: aconseja “aprovechar el mal tiempo para un merchandasing alegre” que incluya “ropa para perros”. ¿Hablará de Dylan? Los consejeros y la política están así, en estado de reducción al marketing. Incrustar el sí en los discursos y en el cotillón para las legislativas pueda darle al Gobierno mejor resultado que el no a todo con el que insistió antes de las Paso. Pero hay un problema y se llama realidad: pobreza, inflación, falta de trabajo, caída de reservas, atraso cambiario y un etcétera largo como la malaria. El nuevo sí puede sonar muy lindo pero no puede con ciertas cosas. En un acto en Mataderos, el jefe piquetero amigo del gobierno Pérsico dijo: “tenemos que llenar la política de pobres”. Lo escuchaba Máximo, que tuvo que pagar el impuesto a las grandes fortunas.

Ricardo Roa

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