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Domingo, 31 Octubre 2021 11:32

El fantasma del 15N, la sucesión fallida y los aciertos opositores - Por Ricardo Kirschbaum

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El problema en el Frente de Todos es que las rebeliones comienzan a desafiar a las jefaturas.

Si hay un fantasma que asusta al gobierno es el del día después porque de cómo se resuelva la crisis que sobrevendrá dependerá el futuro próximo del oficialismo.

Si hay susto es porque los números de las encuestas siguen mostrando lo que ya dijeron las urnas en septiembre: la derrota a nivel nacional es considerada ya un hecho, pero todavía hay batallas decisivas que librar: Buenos Aires y el control del quórum en el Senado, ambas plazas donde se asienta el poder de Cristina.

En algunas provincias, como Chaco y San Luis, los números podrían revertirse en favor del Frente de Todos; en otras, las disputas entre peronistas locales, como en La Pampa donde se juegan dos bancas clave del Senado, hacen la remontada mucho más difícil.

El problema para el gobierno es que en la provincia de Buenos Aires el crecimiento del Frente de Todos ha sido simultáneo al crecimiento de la oposición: los números están casi igual y si se confirman, la derrota abrirá la Caja de Pandora sobre la sucesión.

Dicen que Wado de Pedro ha dicho que Kicillof está terminado. Es imposible confirmarlo porque el ministro es hermético con los periodistas, pero, en la intimidad, es expansivo y tiene juicios afilados cuando habla con dirigentes en los que confía.

El gobernador bonaerense se cerró en su homeopático círculo áulico e ignoró al peronismo y a La Cámpora de Máximo Kirchner. El destrato político se apoyaba solo en el vínculo que tenía Kicillof con Cristina Kirchner, a quien recurría por encima de los factores locales de poder.

Luego de septiembre, con el gobierno intervenido desde Calafate, el gobernador sabe que si el 15 amanece derrotado, sus aspiraciones de sucesión se habrán esfumado definitivamente. No está solo barruntando ese destino: también a Máximo le alcanzan las generales de esa ley.

Y Cristina, que ya obtuvo el máster en derrotas legislativas, va ahora por el doctorado.

Fernández tiene la más pesada. ¿Seguirá buscando un equilibrio imposible, que lo fue arrinconando, o jugará sus propias cartas? Y en ese caso hipotético ¿con qué poder sostendría una política distinta a la que, seguramente, le reclamará un kirchnerismo recargado que apostará por más, en vez de retroceder? ¿Se animará a decidir por si mismo o esperará que le fulminen el gabinete como en septiembre? El tiempo del deterioro en todo sentido se está acelerando.

Alberto tratará de recuperarse en dos años con la ilusión de ser en 2023 la opción menos dolorosa, por default. Ilusión vana: Manzur trata de liderar los gobernadores para reforzar sus propias aspiraciones y el sanjuanino Uñac está próximo a salir a la cancha. El problema en el Frente de Todos es que las rebeliones comienzan a desafiar a las jefaturas.

La derrota es huérfana, dijo Napoleón, pero en el peronismo esa verdad no se aplica: tiene padres y, en este caso, madres. Y tendrá consecuencias concretas, si se produce, en la sucesión del peronismo que se definirá en internas inevitables.

Es que la oposición hizo dos cosas bien. Una, mantenerse unida. Otra, ir a internas en 17 de los 24 distritos. La más importante fue la postulación de Facundo Manes. Con él el radicalismo aspira a disputarle a Larreta la candidatura. Y Bullrich también quiere. Esa disputa amplia el ancho de banda, estimula sectores dormidos y alejados de la política. Los resultados se vieron en las PASO frente al verticalismo del oficialismo.

Cristina y Fernández están dispuestos a proponer acuerdos a la oposición apenas amanezca el 15 de noviembre. No hay recepción, por ahora, a esa posibilidad. La oposición cree que ese ofrecimiento, como en 2009, sea simplemente una forma de ganar tiempo y, peor aún, una trampa.

Ricardo Kirschbaum

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