Miércoles, 24 Noviembre 2021 12:51

Ataque a Clarín: ¿quién tiró las molotovs?, ¿quién le dio ánimo? - Por Marcos Novaro

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Aníbal Fernández “confió” en que se encuentre a los directos implicados. Ojalá haga algo más que “confiar”, y ojalá también se deje desde el oficialismo de dar ánimo para que estas cosas sucedan. 

En lo que va del mandato de Alberto Fernández, el Ejecutivo y los principales dirigentes del oficialismo pasaron de un trato más o menos normal hacia los medios, con favoritismos hacia los amigos, pero poca animosidad contra los demás, a reinstalar un clima tóxico hacia estos últimos y hacia el periodismo en general, enfocado en la supuesta “desventaja” que supone para ellos tener que actuar en una arena pública donde hay voces que los critican, o que dan noticias que los desfavorecen. 

Este regreso a la “guerra de los medios” fue simultáneo al deterioro de la imagen de todas las principales figuras nacionales del Frente de Todos, es cierto. Pero este deterioro es ridículo atribuírselo a los medios, dado que las críticas al gobierno también circulaban en ellos, al menos en los independientes del oficialismo, desde mucho antes, cuando al menos Alberto Fernández todavía tenía buena imagen.

Así que reiteremos lo obvio: son los resultados de la gestión los que complicaron la suerte de las listas oficialistas en las elecciones, no una actitud particularmente criticona del periodismo. ¿El periodismo inventó los errores y horrores en el plan de vacunación, en la política antinflacionaria o en la política exterior? ¿Inventó o siquiera “cargó las tintas” en los más de 116.000 muertes, los 50 puntos de la suba de precios en el último año y los papelones reiterados de nuestros diplomáticos y negociadores externos?

Incluso podría decirse, al contrario, que ha acompañado los acontecimientos en vez de anticipar con más énfasis los resultados inevitables que alcanzaríamos de seguir como veníamos. Debió, si se quiere, actuar mucho más como “pájaro de mal agüero” de lo que lo hicieron.

Así que, una vez más, el kirchnerismo y los peronistas que lo acompañan erran el tiro: no deberían agarrársela con el mensajero, deberían tratar de mejorar su gestión, sería para todos mucho más sano y productivo.

Pero claro, hacer esto último es muy complicado, y puede que esté más allá de las capacidades de nuestros gobernantes, en cambio decir que los periodistas dan puras malas noticias, y “quieren que todo salga mal”, así que pintan panoramas horribles para tener razón, es súper sencillo. No cuesta nada.

Es lo que vienen haciendo y repitiendo, desde Cristina y Alberto para abajo, todo el arco de dirigentes frentetodistas en los últimos meses: la vice dijo varias veces durante la reciente campaña electoral que los argentinos “nos merecemos mejores medios” que los que tenemos; los votantes opinaron, en cambio, que merecemos mejores gobernantes, pero deben haberle confirmado a la señora que ella está en lo cierto, y si tuviéramos más Página 12 y más C5N tal vez sus candidatos podrían seguir ganando elecciones, como hacen los de Daniel Ortega y Nicolás Maduro, aunque el país se caiga a pedazos.

Alberto, hay que decir, en esto se adelantó incluso a su jefa: desde principios de este año que viene batiendo el parche contra el periodismo que “desestabiliza la democracia”. Acompañó a Mario Ishii, recordemos, en su delirante llamado a “levantarse contra los medios”, a hacer una pueblada contra esos horribles personajes que cuentan cosas que no debieran, que opinan lo que no debieran.

Y eso fue en marzo, cuando recién empezaba el año, la segunda ola estaba llevándose miles de vidas y el presidente empezaba a advertir que sus errores de manejo de la pandemia y la vacunación no iban a salirle gratis. Desde entonces fue escalando y escalando, indiferente a los reclamos de que regresara a su inicial enfoque, más sensato y tolerante en la materia. En vez de hacerlo después de las PASO, eligió a los medios como sus principales antagonistas, a la par de la oposición: “Muchas veces los medios no dicen la verdad, la tergiversan de acuerdo a sus necesidades empresariales” sostuvo a fines de septiembre.

Los silencios del presidente también han sido sintomáticos en este sentido. Lo fueron cuando se abstuvo de opinar sobre las amenazas veladas que Aníbal Fernández le hizo a Nik y sus hijas.

Hoy Aníbal fue el único funcionario nacional y dirigente oficialista que repudió temprano las molotovs contra Clarín. El presidente esperó hasta el mediodía. ¿Por qué? ¿Fue solo un intento del gobierno de no subirle el tono al episodio, minimizarlo como una cuestión de “seguridad” y no un asunto político de primer orden? ¿O también, lo que sería aún más preocupante, una forma de devaluar el repudio, al dejarlo en manos de un personaje por demás devaluado, y sobre todo en este terreno, poco o nada creíble?

Marcos Novaro

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