Martes, 11 Enero 2022 10:04

Se desató una feroz interna entre La Cámpora, los gremios y el Gobierno por dominar el sector aéreo - Por Diego Cabot

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En medio de la temporada se desató una pelea de todos contra todos; cancelaciones, subsidios, monopolio, denuncias y amenazas sirven para presionar en busca de controlar el mercado aéreo 

El ministro de Transporte, Alexis Guerrera, debería devolver una parte de su sueldo: el porcentaje que le correspondería por gobernar, regular y controlar el mercado aéreo. Desde que asumió sabía que sólo le tocaba firmar las normas que le llegarían redactadas. Quizás, ese monto, se lo debería entregar al senador Mariano Recalde, que no es ministro, pero hace las veces de hombre fuerte en el mundo de los aviones. 

Aunque, para ser justos, el dirigente de La Cámpora tendría que darle, aunque sea la mitad, al líder del poderoso gremio de pilotos, Pablo Biró, el sindicalista que determina gran parte de la política aérea argentina. Todos, claro está, deberían juntar unos pesos y pagarle un plus de efectividad al financista de toda la operación: el ministro de Economía, Martín Guzmán.

Se trata, pues, de una licencia del cronista para ilustrar cómo está el mercado aerocomercial argentino: sin un rumbo cierto, con millones de dólares diarios en subsidios, con cancelaciones de vuelos, menos frecuencias, precios para arriba, regulaciones que ahuyentan empresas y pasajeros absortos. En medio, un todos contra todos se desató. Allí se mezclan desde reclamos genuinos hasta posiciones duras y extremas que persiguen intenciones sectoriales y se alejan de los intereses de los que necesitan, o quieren, viajar por el país.

La principal pelea, que modificó el esquema de poder que convivió desde que se estatizó la empresa, en julio de 2008, se da entre La Cámpora y el gremio de pilotos. Biró y Recalde, aliados durante años y defensores de la política de subsidios y monopolio, ya no tienen el diálogo de antes. En una pareja, política en este caso, muchas veces, el dinero no hace a la felicidad, se podría decir.

La relación se rompió pese a que Aerolíneas Argentinas recibió en 2021 exactamente $63.551 millones, algo así como $174 millones por día, según datos oficiales del Ministerio de Economía. Íntimamente, Biró considera que La Cámpora ya no es el pasaporte que le asegure el mercado que pretende. El líder sindical lucha por un monopolio de la empresa estatal y la desaparición de toda la competencia. A los suyos les revela su mirada. Cuentan que les dice que los camporistas aéreos pierden día a día la pelea con las low cost.

Por caso, entre Flybondi y Jetsmart ya tienen el 25% del mercado con muchos, pero muchos aviones menos que Aerolíneas. De hecho, pone el ejemplo de Flybondi: con cuatro aviones tiene el 17% del total de los pasajeros de los vuelos internos. Cada nueva aeronave le significa alrededor de 2 o tres puntos de mercado. Esa productividad preocupa a todos.

Biró les endilga el crecimiento de las empresas privadas a la inacción de Recalde y del presidente de Aerolíneas, Luis Ceriani. Dice que han perdido la guerra comercial con estas empresas. Su lucha cambió de rumbo. Ya no acompaña a los popes camporistas, sino que pretende la eliminación de las low cost para que Aerolíneas gane participación de mercado. En sus cuentas ya está 2023. Allí tendrá que negociar con el nuevo Gobierno el mantenimiento de los subsidios para la línea aérea estatal y una posición dominante le da más espaldas al sindicalista que sus pares apodan “Brutus”.

Esta mirada en el recambio presidencial explica varias cosas. La primera, el distanciamiento con La Cámpora: cree que el poder de la organización está en declino. La segunda, las medidas que, impulsadas por la empresa y el gremio, volvió a instaurar las bandas tarifarias, además de consagrar el monopolio de Intercargo y la preminencia de Aerolíneas en el futuro mercado.

Biró no sólo quiere la banda mínima, que impide las ofertas a precios bajos, sino que, además, pugna por la banda máxima. Su razonamiento está lleno de lógica, aunque sea sectorial y alejado de los pasajeros: no será el precio mínimo el que le pegará un golpe de gracia a las empresas de bajo costo sino el máximo permitido será el que limitará la sustentabilidad, sobre todo si es bajo. ¿Para qué competir con tarifas si el Estado manda lo que la empresa necesita?, se pregunta.

Esa lógica se impuso en la norma que estableció la nueva forma de cobrar los pasajes. La regulación establece seis meses para poner en vigencia el sistema. Será un tiempo de lobby fuerte.

Este fracaso que el mandamás de APLA le endilga a La Cámpora esconde una intención: el sindicalista intenta sentar un hombre suyo en el principal despacho de la empresa estatal. Se quiere sacar de encima a Ceriani, el delegado de Recalde en la línea aérea de bandera. Nadie se arriesga en decir qué pasará cuando Biró decida ir por ese cargo. Es posible que en la búsqueda del espacio inicien algunas pequeñas medidas que, casualmente, dejen aviones en tierra.

De hecho, algo de eso, empezó. Aerolíneas tiene 80 aviones y pilotos por 110. En este momento, opera no más de 50. Pero igualmente, se suspenden vuelos por Covid. Las dudas son muchas respecto si no hay comandantes o si se trata de la excusa perfecta. En la empresa dicen que la pandemia hizo estragos, los números no dan.

Pero eso no es todo. El líder de APLA considera que la consolidación de una Aerolíneas monopólica necesita de otro sillón importante: la dirección de la Administración Nacional de Aviación Civil, el organismo público que maneja toda la aviación comercial, desde los permisos hasta los vuelos. Allí está Paola Tamburelli. Contra ella apuntan los cañones de APLA. Ya no hay sutilezas. “Su modo de gestión le impide tener visiones enriquecedoras para detectar posibles amenazas a la industria aeronáutica y a la seguridad aérea. Usted ha elegido abdicar responsabilidades, retrasar decisiones, no generar los necesarios procesos para tener una adecuada conciencia situacional, y no apoyar ni exigir a los sectores operativos, logros en cuanto a las metas de seguridad si es que ha planteado algunas”, escribió Biró en una carta que le dirigió.

Como se dijo, no hay palabras disimuladas: “Sinceramente preferiría estar felicitándola por revertir la nefasta gestión llevada adelante por el macrismo, en lugar de estar quejándome por su inoperancia. Cumplo en comunicarle que esta Asociación buscará, por todos los medios disponibles, quebrar la inmovilidad e inacción de su gestión, sin perjuicio de las acciones posteriores, y en el ámbito que corresponda, por el cumplimiento irregular de las obligaciones que son inherentes a su cargo”, le espetó el 5 de enero, como para marcar la cancha.

En lugar de Tamburelli, el gremialista pretende colocar a la exsecretaria legal del gremio, Florencia Dovichi, actualmente directora Nacional de Transporte Aéreo. La relación entre ambos ya tiene años. De hecho la funcionaria se presentó en las audiencias públicas que se llevaron a cabo en el gobierno de Cambiemos para entregar rutas aéreas. Entonces dijo que trabajaba con Pablo Biró. Sus intereses son los del sindicalista.

Un punto más: los gremios le acaban de solicitar a la empresa la reapertura de paritarias. En octubre, las partes acordaron una compensación de 18% por la paritaria 2020/2021 que cubre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre a septiembre y que llevó el aumento anual a 52,5% (ya se había otorgado una suba de 34,5%). Además, se contempló una suba trimestral de 15% por octubre, noviembre y diciembre de este año, como puntapié de la paritaria del período 2021/2022.


La carta enviada a Pablo Ceriani, presidente de Aerolíneas Argentinas

En los últimos años, esa discusión empezó en marzo. Pero los tiempos se aceleraron este 2022. El 3 de enero, cuatro gremios pidieron formalmente la reapertura de la negociación salarial. “La inflación y los aumentos de precios son parte de una realidad que impone la necesidad de recomponer los haberes de nuestros representados a la brevedad”, dice la carta del 3 de enero firmada por Biró (APLA), Ricardo Cirielli (APTA), Edgardo Llano (APA) y Rubén Fernández (UPSA).

A este combo se le sumó, en las últimas horas, la Asociación Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (ATEPSA). Desde el gremio que nuclea a los controladores aéreos, información aeronáutica y técnicos de la aviación, entre otros profesionales, de todos los aeropuertos del país dicen que “producto de la pandemia se agravó la situación de falta de personal y que realizan tareas con dotaciones por debajo de los mínimos de seguridad recomendados”.

Las medidas de fuerza empezaban mañana, aunque ya dictaron una conciliación obligatoria. Pero es una anécdota la razón de la cancelación de vuelos. Todo está mezclado, y en medio de las excusas inflacionarias y los problemas de Covid, cada cual trata de sacar partido. La oferta cae y los precios suben. Los viajeros serán, nuevamente, las víctimas de una pelea ajena, una lucha de poderes donde la calidad y la cantidad de servicio no le interesa a nadie.

Diego Cabot

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