Domingo, 16 Enero 2022 11:49

Del papelón en Nicaragua a buscar que Estados Unidos nos dé una mano - Por Ricardo Roa

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Cafiero se prueba el traje de canciller y Fernández se plancha el suyo para ver a Putin y Xi Jinping. 

No es que el gobierno no se fije. Pasa que el almanaque vino mal. El viernes 7 Fernández asumió su ansiada presidencia de la CELAC, un gran baño de progresismo, aunque sea sólo temporal, por un año. Fue después de negociar con el recontrareelecto nicaragüense Ortega para que le diera el voto que necesitaba. Una especie de Cristina, que enseguida le hizo cosas como las que aquí le suele hacer su vice. 

El lunes 10 Ortega reasumió ante otros distinguidos demócratas como el venezolano Maduro y el cubano Díaz Canel y la ausencia, por razones de cárcel, de los opositores que uno a uno fue apresando para eliminarlos de las urnas. Y también con la presencia y foto del iraní MohsenRazai, con tarjeta roja de la Interpol pedida por la Argentina por su participación en la voladura de la AMIA.

El embajador Capitanich asistió en persona para su propio baño progre. Pero sin querer o sin querer queriendo, terminó metiendo al país en otro berenjenal. No le avisó sobre Razai al canciller Cafiero. Algunos creen que sí le avisaron, y Cafiero no se dio por enterado. Si se le escapó una cosa así, es grave. Pero si lo sabía y no hizo nada, es más grave todavía. No todo se arregla con un comunicado y quiso arreglarlo con un comunicado. Frase convencional pero cierta: lo que importa no es sólo lo que uno hace sino cómo lo hace. El Gobierno ha perdido el sentido de hacer las cosas bien.

Siguiendo con la cronología: este martes, Cafiero se verá con su colega norteamericano Anthony Blinken. Un primer dato sobre el jefe de la diplomacia norteamericana: es de familia judía. Su padrastro, Samuel Pisar, consejero de Kennedy, sobrevivió a Auschwitz y sus padres y una hermana murieron en el Holocausto. A Cafiero justo viene a caerle la entrevista de su vida como canciller después del papelón internacional festejando a Ortega y, de paso, a Razai.

El subsecretario de Blinken para el continente, Brian Nichols, tuiteó: “Las democracias en nuestro hemisferio no pueden darse el lujo de mirar hacia otro lado mientras Ortega socava la democracia y la seguridad regional”. Quien quiera oír, que oiga. Puede que Blinken diplomáticamente omita la casualidad de fechas tanto como que Cafiero lleve como argumento el previsible de “estamos ahí, en la CELAC, y podemos contener y moderar a esos muchachos como Maduro, Canel y Ortega”. Quien quiera creer, que crea.

El ex canciller brasileño Celso Amorim, que hace unos días vino aquí con Lula, le relató a Fernández el lío en que se metieron cuando se propusieron con Obama para cosas parecidas. Y tenían espaldas un poco más anchas. Cada tanto aparecen en nuestro horizonte estas ideas como la de la eventual mano salvadora de Rusia y, desde Kirchner en adelante, la de China. ¿Se asustarán en Washington con esto? Fernández cree que le da una mano a Cafiero planchando sus propios trajes. Estaba el anuncio de su visita a Xi Jinping en febrero. Acaba de añadir el anuncio de su visita a Putin. Es un péndulo que lleva décadas.

Más datos sobre Blinken. Vivió su infancia y adolescencia en el París de los setenta. Egresado de Harvard (que no es La Matanza, volvería a decir Cristina Kirchner) y de Columbia, fue investigador jefe del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos. Una organización cinco estrellas. Es uno de los intelectuales más respetados de Estados Unidos. Y suma academia y militancia política: fue el número dos del Departamento de Estado con Obama y junto a Jake Sullivan es la referencia en política exterior del Partido Demócrata. Lleva las riendas con China y con Rusia, ahora en una peligrosa pulseada por Ucrania que nadie sabe bien en qué puede terminar.

Aún si fuera Kissinger, Cafiero estaría en problemas para convencer a Estados Unidos de que nos ayude con el Fondo. ¿Por qué harían eso? No somos sus aliados. Más bien parecemos dispuestos a ser lo contrario en esta mini OEA antinorteamericana que es la CELAC y donde China encontró una plataforma para operar en América Latina. Ya acordó financiar obras de infraestructura que incluyen 5G con Huawei.

Es parte de su estrategia global: diez años atrás, China puso 200 millones de dólares para levantar en Addis Abeba, Etiopía, el edificio más alto de la ciudad y nueva sede de la Unión Africana. En 2018, se descubrió que los sistemas informáticos instalados en el rascacielos le permitían a Pekín grabar y espiar las reuniones. Nada que no se pudiera esperar.

Antes de juntarse con Blinken, Cafiero se reunió con Guzmán y antes de juntarse con Cafiero, Blinken se reunió con David Lipton, que fue director del Fondo y ahora asesora a la secretaria del Tesoro, encargada por Biden para seguir el reclamo argentino. Cafiero ha sido convertido por Fernández en una especie de esperanza blanca o última ficha para acercar posiciones. Pero se cura en salud: ha dicho que se propone discutir de política, no de economía. ¿Limitación o sarasa, diría Guzmán?

Datos sobre Cafiero: militó en el Frepaso universitario, estudió ciencias políticas, fue concejal en San Isidro y funcionario de segundo nivel con Scioli antes de abrir un par de librerías para ganarse la vida. Se acercó a Fernández y armó un vínculo con Fernández cuando los dos trabajaban con Randazzo contra Cristina.

El resto es historia conocida: intervino en la campaña, aunque no estuvo a cargo de los equipos técnicos. Nadie lo recuerda como una figura de peso. Era como un secretario político de Fernández hasta que Fernández lo promovió a jefe de Gabinete y nunca coordinó a los ministros: no se sabe si porque no supo hacerlo o porque Fernández, que chatea con ellos y los desordena todo el tiempo, no se lo dejó hacer. De entrada, Cristina buscó echarlo y Fernández maniobró para mantenerlo y logró depositarlo en la Cancillería, un lugar que le resulta totalmente ajeno.

Ya no hay casi argentino que no haya visto la eterna repetición de los acuerdos con desacuerdo con el FMI, el dólar siempre para arriba, los cortes de luz del verano, los cortes de calles, las distintas corrupciones impunes, los viajes salvadores a Washington, la eventual mano salvadora de Moscú o de Beijing. O la inflación del 51 por ciento, pero, eso sí, bajando, como dijo el jueves Fernández.

Ricardo Roa

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