Domingo, 23 Enero 2022 12:24

Sarasas, estudiantinas y cajas: el país que navega a la deriva - Por Ricardo Roa

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Plan no hay. Sí, viajes y fantasías. Y un nuevo negocio: la hidrovía 

Tal vez Cafiero se sentó en el avión autopercibiéndose un Kissinger siglo XXI. Iba a Washington en serio, no como Volnovich a Cancún. Llevaba la contribución-solución para la crisis con el Fondo. Por eso llegó a la reunión de 45 minutos con gruesas carpetas. Su colega Blinken entró con un papelito. Con la situación en Ucrania ardiendo, es decir con Rusia poniendo tanques por todos lados y amenazando invadir, el jefe de la diplomacia norteamericana lo recibía primero y volaba después a Kiev. Cafiero podrá darle letra a Fernández, cuando vaya a Moscú dentro de unos días. 

Es un viaje insólito por la tensión entre Estados Unidos y Rusia, la mayor desde el fin de la Guerra Fría. ¿Para qué va? ¿Cree que un día puede pedirle ayuda a Biden y el otro tomar vodka con Putin? Encima, de allí se irá a China por los Juegos de Invierno, boicoteados por Washington y Europa. Como el personaje de Allen, Leonard Zelig, nunca se sabe bien si Fernández es o se hace.

Cafiero no volvió de apuro, como lo hizo Solá, anterior canciller, mandado a regresar porque Nicaragua no le daba el sí a Fernández para presidir la Celac, una especie de OEA menor que la insistencia argentina contribuyó a la propaganda de que es más importante de lo que es. En la óptica K, esto es también alta política. Pero sí volvió mascullando cómo marketinear como exitoso un encuentro en el que le dijeron: - ok, Cafiero, pero primero mostrarnos un plan económico. Un calco de lo que dice el Fondo. Cerrado el camino de los técnicos del FMI, Cafiero impulsó la idea de que la solución pasaba por convencer al Departamento de Estado de poner voluntad política. La sarasa de Guzmán se filtró en la Cancillería y otra vez rebotaron. Diplomáticamente, eso sí.

Sobra estudiantina: hay gente en el Gobierno que piensa que la Argentina puede servir para frenar a los irrefrenables Maduro, Díaz Canel y ahora Ortega. Decir que la Argentina tiene una posición errática en política exterior es un elogio para el gobierno. Puede tenerla de tanto en tanto. Pero la consistente es navegar a la deriva. A veces, con la excusa de la no injerencia. El país fue reelecto tan cerca como en octubre pasado en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Acá se festejó como un triunfo. Pero esa membresía viene con más problemas que beneficios, como los sufrió De la Rúa hace 20 años cuando asumió en ese cargo el embajador Leandro Despouy y lo volvieron loco desde la propia Alianza para que no condenara a la dictadura cubana, como pedía Estados Unidos.

Hace pocas horas nos enteramos de que la esposa y dos de Ortega había informado por tevé que a la recontra asunción de su marido iría el iraní Mohsen Rezai, el de la tarjeta roja de la Interpol por la voladura de la AMIA. Aquí, en Babia con semejante cuestión. Como medio mundo sabe, el embajador Capitanich asistió de cuerpo presente a la ceremonia. Cafiero hace una explicación embrollada para intentar sacarse la pelota de encima y cargársela a la UFI-AMIA, que está al frente de la investigación. Dice: el culpable no fui yo. Es lo único que le interesa. No pedimos detenerlo en Nicaragua donde estaba y después pedimos detenerlo en Rusia, donde no estaba. ¿Papelón o sainete? Queda a criterio de cada cual.

Dos días antes, en texto conjunto con Estados Unidos y con la película terminada, habíamos salido a condenar en la OEA la visita del iraní a Nicaragua. Así, de un lamentar, pasamos a un condenar. La última de esta semana en la OEA: como nuestro embajador Carlos Raimundi es defensor de Ortega, tuvimos que esconderlo de apuro. Lo suplantó la representante alterna, María Villagra.

En Moscú, donde Fernández irá en días, está de embajador Eduardo Zuain, que fue vicecanciller de Cristina con Héctor Timerman, hacedor, justamente, del pacto de encubrimiento con Irán, de pronto otra vez bajo los focos en el escenario político. Zuain es santiagueño y fue militante de La Colina, la agrupación de Alicia Kirchner. A pedido del gobernador Zamora, Macri lo salvó nombrándolo embajador en Paraguay.

¿Y qué fue si no otra estudiantina el sainete de Massa con el radical Morales para conseguir una foto de la oposición con el ministro Guzmán? Fracasó porque no hay foto que pueda reemplazar un plan. Y menos, uno plurianual, como el que prometió Fernández para diciembre pasado, fecha en la que estaríamos todos pluriplaneados. Si fuera por fantasear, seguro que ganamos el Mundial.

Otro que marcha al frente de una Patrulla Perdida es el jefe de Gabinete Manzur, que había arrancado hiperkinético, con reuniones de Gabinete a las siete de la mañana y quejándose de que el Gobierno era un gran desorden y los ministros trabajaban poco, y ahora aparece sin voz ni voto. Ni una palabra sobre el escándalo en Nicaragua, la negociación con el Fondo, el caso Volnovich y su novio o la pandemia, donde está más calificado para hablar por su condición de médico. El miércoles reapareció en un acto en Benavídez sobre el futuro de la industria aeroespacial.

Ese mismo día, Massa, que no había logrado la foto con Morales, tuvo que conformarse con otra en el hall central de la estación Constitución. Ahí llevó a su Frente Renovador transportista para anunciar la instalación de nuevas cámaras de seguridad en los trenes. ¿Serán del histórico proveedor Montoto, Mario? Massa es presidente de Diputados y a la vez súper ministro de Transportes, cargo que no existe, pero al que dedica quizá más tiempo que al otro. Es una de las cajas que le tocó en un reparto diseñado por Máximo Kirchner, que maneja el bloque oficialista de diputados, pero también regentea políticamente al gobierno de Kicillof.

Máximo le dio a Massa el transporte y a Insaurralde, de Lomas, la plata del juego y de Vialidad. Otro intendente, Nardini, controla la obra pública y a Menéndez lo sentó en el Banco Provincia. Funcionan casi como una UTE.

La renovación que busca Massa en el transporte apunta sobre todo a seguir metiendo mano en la hidrovía del Paraná, por la que sale el 80% de nuestras exportaciones. Lo guía en ese proyecto alguien con mucha experiencia: el empresario Gustavo Elías, íntimo de Hugo Moyano. En 2007, Elías lanzó con el abogado de Moyano, Daniel Llermanos, el Instituto Verificador del Transporte (Ivetra S.A.) que ganó sin licitación en el puerto de Buenos Aires un negocio increíble: cobraban en dólares un seguro por cada contenedor que se moviera fuera del puerto y, encima, por un certificado de estacionamiento. Elías es de Bahía Blanca, donde compró un diario, y aparece en los Pandora Papers por firmas espejo en Panamá. Años atrás impulsó un club del Camionero que Massa se propone relanzar con nuevo nombre desde el ministerio de Transporte: una red de paradores en las rutas que ahora serán pagados por el Estado y con YPF como espónsor.

El peaje de la hidrovía lo cobraba la empresa de Gabriel Romero, que confesó en la Justicia que debió pagar coimas para renovar el contrato. Ahora, estatizada, ese peaje pasó a manos de funcionarios. Una nueva y enorme caja económica, gremial y política. Pero será tema para otra ocasión.

Ricardo Roa

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