Domingo, 30 Enero 2022 13:33

Que sí, que no, un acuerdo sobre la hora y se viene la marcha de los procesados - Por Ricardo Roa

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Mientras Fernández firmaba con el Fondo, Cristina metía en la misma bolsa a los bancos y los narcos. 

Íbamos derechito al iceberg y a toda velocidad cuando apareció el capitán y anunció habemus acuerdum. Resultado: miles de palabras por todos lados menos por el lado del segundo oficial que estaba militando en Honduras. Pero el dólar blue se frenó y bajó diez pesos, que es una de las cosas que importa. 

No hubo un día de esta semana en que el gobierno no pasara información distinta, que sí, que no, que cerca, que lejos. ¿Estilo deliberado? ¿Realidad? ¿Era necesario tanto pimpinelazo, que te pago, que no te pago, que ajusto, que no te ajusto? ¿O era todo cierto? Pasaba lo que era evidente: un desacuerdo interno monumental y la necesidad de justificar el pago al Fondo de los poco más de 700 millones de dólares en enero y después los algo más de 350 de febrero. Los 2.900 de marzo no había con qué pagarlos, pero ya la noche se venía encima.

El relato siempre exige épica y hay que dársela. Se había decidido pagar y había que encontrar una justificación para hacerlo. Ahora resulta que el ogro del Fondo es tierno como Shrek. Si es por el comunicado oficial, los del Fondo se volvieron más buenos que Lassie: sólo piden bajar el déficit un poquitito. Falso: el gobierno aceptó dejarlo en 0 en cuatro años y eso equivale a pegarle un hachazo de US$ 13.000 millones.

En la Universidad Nacional Autónoma de Tegucigalpa, la segunda al mando, o primera según haya o no tinta en la lapicera presidencial, acababa de mandarse una clase magistral intitulada Los pueblos siempre vuelven, en la que metió en una misma bolsa bancos, organismos internacionales de crédito, Macri, neoliberales y... narcotraficantes.

Es así: todos esos neoliberales exigen a los gobiernos populares que hagan ajuste con lo que los gobiernos populares dejan de atender a los sectores populares que pasan a ser atendidos por el narco. Así de fácil y de sencillo. El discurso pasó al archivo y un desmejorado Alberto Fernández hizo el anuncio de que habrá acuerdo con los malos.

La pregunta del millón es si Fernández cargó de tinta su propia lapicera de una buena vez convenciéndose de que si seguía por la otra ruta nos chocaba a todos, o si volverá al zigzag con el que venimos, sin ninguna garantía de que igual no choquemos. Independientemente de esa respuesta, que vale mucho más que un millón, salió este preacuerdo de apuro.

De una hora para otra casi más que de un día para otro, pasamos de un absurdo predefault que no se entiende si no es por los cortocircuitos entre, para decirlo con eufemismos, La Rosada/Olivos y el Patria, a un preacuerdo o a un acuerdo que falta completar, que no se conoce y que tiene que pasar por el Congreso.

Ahí los porotos están más empatados que nunca. La oposición en principio le dijo sí al anuncio, con las burocráticas frases del caso que cualquier hijo de vecino sabe. Tales como “el default hubiera sido negativo”, “es una buena señal”, o hay que ver punto por punto o ¿para esto necesitábamos dos años?

El Fondo tampoco se destaca por la luz de sus declaraciones. Por lo que se ha dicho hasta ahora, el cuco del Fondo casi parece una especie de hada buena, aunque no se sabe si con el cuchillo debajo del poncho: equilibrio recién para 2025 (se estaba cerca en 2019, se quiera reconocerlo o no), reducción de la emisión (y, si baja el déficit, tendría que bajar), y tasa positiva contra la inflación, aunque aumentará el déficit. Problema: el Fondo revisa las cuentas cada trimestre.

Trabajo para los expertos del Fondo y para los nuestros. Cerca de Cristina, Kicillof prefirió repetir que el acuerdo “es lo que nos obligaron a hacer”, una manera de decir que no está conforme pero que no había otra. O una manera de salir del paso. Los impresentables de Soberanxs, con la ex embajadora y azafata Castro desde su residencia en el Kavanagah y el condenado ex vice Boudou, con permiso judicial para hacer la domiciliaria en las playas de México hasta el lunes, ya dijeron no. Eso es anécdota, como los públicos suspiros de alivio en la oposición y los más privados suspiros de alivio de alguna parte del oficialismo. Pesce, el del Central, confesó que se evitó “un precipicio”. Tiene razón. Pero es bien dudosa la segunda parte de su declaración: que no estamos ante “un acuerdo recesivo”. En realidad, no sabemos ante qué clase de acuerdo estamos.

¿Qué dirá Cristina de estos arrumacos con el Fondo? Hasta ayer no habló, no tuiteó, no mandó carta. En Honduras difundió su último descubrimiento progre: antes estaban los que financiaban los golpes militares, ahora financian los golpes judiciales que reemplazan a los militares. Ninguna casualidad: los problemas de Cristina están en la justicia.

El martes el cristinismo encabezado por D’Elía, Moyano, el juez Ramos Padilla, el vice ministro y ex jefe de los servicios Mena y el diputado Valdés marchará pidiendo echar a la Corte. Como se ve, toda gente muy representativa. En ese apriete habrá, al menos, dos ministros de Fernández, que se expresó de acuerdo: Aníbal y Ferraresi. También lo apoya la interventora en la AFI, Caamaño, toda una novedad entre los jefes de los espías. A tomar nota. Cosas del ingenio popular: alguien ya le puso la marcha de los procesados.

Ricardo Roa

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