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Domingo, 17 Abril 2022 11:21

La autonomía de Fernández, en juego; tironeos entre Macri, Bullrich y Larreta - Por Ricardo Kirschbaum

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Cristina anuncia tormentas políticas, pero sólo puede producir una tenue llovizna. El problema del PRO es cómo unifica su propuesta para la interna con la UCR. 

En una de sus ya inocultables contradicciones Cristina Kirchner ha degradado a la Presidencia diciendo que sus símbolos institucionales, la banda y el bastón, no significan necesariamente tener el poder. Ella los ha portado y ha tolerado además que su esposo fallecido se aferrara al bastón el día del traspaso en 2007, momento congelado en una célebre foto que quería exhibir en público quién seguía al mando. 

Pero las palabras de la Vicepresidenta el miércoles pasado ante los sorprendidos eurodiputados fueron más allá incluso de Alberto Fernández, su destinatario. Si la banda y el bastón son solo cotillón, por qué se negó a entregárselos a Mauricio Macri, en un inédito desprecio a uno de los actos más trascendentales del sistema democrático como lo es el traspaso pacífico a otro Presidente elegido por el voto popular.

La Vicepresidenta anuncia tormentas políticas con truenos y relámpagos pero solo puede producir una tenue llovizna. Sigue el juego de mostrar más poder que el que tiene, pero en la práctica no consigue sus objetivos centrales. Su estrategia de distracción ahora es difícil: tratar de aparentar que este gobierno le es cada vez más ajeno.

Su plan de contingencia ante una posible derrota el año próximo es refugiarse en la provincia de Buenos Aires, convertirla en un santuario kirchnerista, y ser electa senadora en un comicio en el que también se elija al gobernador. Por eso, los planes de adelantamiento de la elección bonaerense carecen de sustento.

El Presidente parece haber elegido gobernar con los que están alineados, como le hizo decir a Martín Guzmán, el ministro de Economía que supervive gracias a la presión de Cristina en su contra, que lo cuestiona pero que no tiene un plan antiinflacionario más creativo que el método policial e inútil de enviar a los militantes a controlar las góndolas.

El Presidente puede seguir resistiendo pero la realidad le está golpeando la puerta con fuerza. Ese estruendo son las vísperas de cambios que debieran ocurrir a finales de mayo, una vez que Guzmán haya vuelto de Washington, luego del primer examen del FMI. La nueva ocurrencia surgida de los alquimistas que cabildean en Olivos es desplazar al actual ministro a una nueva cartera, la de Energía, corriendo a los cristinistas insubordinados, para que Miguel Pesce llegue a Economía.

Sea cual fuera la suerte de Guzmán, aun permaneciendo donde está hoy, la batalla por las tarifas aparece como central. Hay quienes sostienen que los cambios en Energía son más importantes que la permanencia o no de Wado de Pedro en la cartera de Interior, piedra de toque de la relación deteriorada con Cristina.

Son inevitables e irán más allá: puede haber reducción de ministerios. Dicen que el Presidente elegirá el momento y será sorpresivo para intentar utilizar ese factor para cambiar el mal clima que rodea a su administración.

El camino hacia la “autonomía” de Fernández, afirman, se demuestra en los gestos de mejoría de la relación con Estados Unidos. En los próximos días, habrá un desembarco de funcionarios argentinos para los “spring meetings”, los diálogos de primavera con la Casa Blanca. Además de Guzmán, irá Gustavo Béliz, para reunirse con el consejero de seguridad de Joe Biden, Jack Sullivan. Antes, será anfitrión aquí de Jeffrey Sachs el lunes junto un grupo de ministro.

Cristina Camaño, también viajará a reunirse con la CIA; y hasta Capitanich, que oscila entre Cristina y los gobernadores que se relacionan con Juan Manzur, tendrá su palestra en Washington.

Este trazo más marcado, después del acuerdo con el FMI y del voto contra Rusia en la ONU, es descripto por una fuente calificada como un triunfo de la tendencia pro-occidental en la administración.

Frente a este cuadro, Macri juega en espejo. Cuando Patricia Bullrich partió a Washington para presentarse como una potencial candidata presidencial, el ex Presidente apareció en la famosa foto con Donald Trump para indicarle que puede haber un segundo tiempo y que la interpretación de Bullrich de que no sería candidato era al menos apresurada.

Está claro que Macri tiene muchas ganas de intervenir por lo menos como el gran elector. Advierten que la sociedad cuestiona las opciones “de centro” y quieren posicionarse en ese borde, para cerrarle el camino a Javier Milei, quien paradójicamente puede darle al peronismo el triunfo en la provincia de Buenos Aires si consigue allí el caudal que pronostican las encuestas.

Larreta sabe que la impugnación al “centro” es un cuestionamiento a su estrategia central de robustecer ese camino como respuesta a la crisis argentina, y que él por ahora lidera las encuestas. El problema es cómo unifica el PRO su propuesta para la inevitable interna con el radicalismo por la candidatura 2023. Bullrich lo torea animándolo a la disputa en las PASO, lo que significaría que el PRO fuera dividido a las primarias. Un peligro no menor para las aspiraciones de Larreta.

Ricardo Kirschbaum

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