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Domingo, 22 Mayo 2022 12:05

El guiño del kirchnerismo a la izquierda: entre la afinidad ideológica y el temor a perder su base - Por Mariano Spezzapria

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Cristina y Máximo Kirchner multiplican gestos para el electorado progresista; pese a la suspicacia por la sintonía del jefe de La Cámpora con Myriam Bregman, niegan una alianza de cara a 2023 

“Que la deuda la paguen los que la fugaron”. Parece un lema clásico de la izquierda, de los que se destacan en letras grandes en los volantes o la prensa partidaria, pero en rigor salió primero de boca de Cristina Kirchner y se transformó en un proyecto con el sello del Instituto Patria, que ya aprobó el Senado con los votos de los dos bloques peronistas, cuyos integrantes no están muy cerca de las ideas del PTS o el Partido Obrero. Ni estuvieron, en el pasado, alineados con otra consigna histórica: “¡Fuera FMI de la Argentina!”. 

El corrimiento de la vicepresidenta y de su hijo Máximo Kirchner a la agenda temática e incluso a la estética trotskista –renovada en los últimos años por referentes como Myriam Bregman o Nicolás del Caño- podría ser interpretado como un intento por contener a la base kirchnerista desencantada con el Frente de Todos, pero a la vez funciona como una estrategia para discutir el liderazgo del oficialismo, ya que impugna el rumbo de la gestión económica de Alberto Fernández y del ministro Martín Guzmán.

Esa actitud política, que algunos dirigentes juzgan como camaleónica -en el sentido de la supervivencia política- y otros como la dirección en la que se moverá el kirchnerismo de aquí en más, genera suspicacias y especulaciones sobre una eventual alianza con un sector de la izquierda de cara a las elecciones de 2023. Los comentarios surgen centralmente en el Congreso, donde hay diputados del propio oficialismo que observan la “creciente sintonía” entre Máximo Kirchner y Myriam Bregman.

Si bien el origen de las versiones puede ser interesado, porque el PJ no kirchnerista busca identificar a Máximo en la izquierda y no en el peronismo, las reuniones del jefe de La Cámpora con Bregman y otros referentes del espacio se sucedieron en los últimos años en el ámbito legislativo. “Eso es lógico: los jefes de los bloques se reúnen para el armado de las comisiones y por los temas en tratamiento”, justificaron desde el Frente de Izquierda y Trabajadores (FIT), la alianza que integran el PTS y el PO.

No obstante, desde el propio kirchnerismo surgió otra explicación: “No podemos ser todos (Sergio) Massa”, deslizaron a modo de sinceramiento. El razonamiento de los seguidores de Cristina Kirchner es que necesitan mantener un perfil progresista porque la moderación de otros referentes –como el titular de Diputados o el propio Alberto Fernández- podría diluir su identidad política histórica en un centrismo que no genera pasiones en la sociedad.

En ese sentido, las elecciones legislativas de 2021 encendieron una luz de alarma para el kirchnerismo, sobre todo en el conurbano bonaerense, el sitio en el que piensa refugiarse en caso de una derrota nacional en 2023. En el conglomerado urbano más densamente poblado del país, el Frente de Todos perdió una parte del apoyo que había conseguido en 2019 a manos de la izquierda, que por primera vez logró colocar concejales en distritos peronistas.

Así, municipios como La Matanza, Moreno, Merlo y José C. Paz cuentan ahora con ediles del FIT, mientras que en otros distritos como Florencio Varela, Morón y Berisso la izquierda quedó muy cerca de conseguirlos. Una porción de los votantes, que antes apoyó al kirchnerismo, se abstuvo o migró a la izquierda. “Mucho se habla del voto a (Javier) Milei, pero poco o nada de los votantes jóvenes precarizados”, advirtió Christian Castillo en diálogo con LA NACION.

El dirigente del PTS, que colabora con Bregman y Del Caño en el Congreso, ensayó de ese modo una explicación sociológica sobre la pérdida del caudal electoral del oficialismo y de su dificultad para recuperarlo en el actual contexto económico, marcado por el flagelo de la inflación y un fenómeno que se agudiza, que es el de los trabajadores registrados cuyos ingresos no les permiten superar la línea de pobreza. “La crisis de la base obrera y popular del peronismo es un problema real para ellos”, aseguró Castillo.

En la misma línea, el dirigente del PO Gabriel Solano analizó que el kirchnerismo está “preocupado porque el ajuste que aplica su gobierno le haga perder votos frente a la izquierda”, como ya ocurrió en 2021 y podría proyectarse hacia 2023. “Por eso largan iniciativas como el impuesto para que los fugadores paguen la deuda, un verso que no tiene ningún efecto práctico; son maniobras de corto vuelo para evitar un giro a la izquierda”, aseguró el legislador porteño a FM Milenium.

Números proyectados

 


Medición sobre espacios políticos (Fuente: Synopsis)

La sumatoria de los apoyos que reflejan las encuestas para el kirchnerismo y la izquierda se ubica en un promedio del 35 por ciento de intención de voto. En rigor, tanto el Frente de Todos como el FIT descendieron en los últimos meses desde las elecciones de 2021: el oficialismo debido a su propia interna y a la gestión que no logra contener la inflación; y la izquierda que vuelve a sus valores históricos. Esto sucede porque se registra un traspaso de votos hacia la derecha del arco político, lo que debilita al sector progresista.

Sin embargo, tanto Solano como Castillo negaron la posibilidad de que el FIT arme una alianza electoral con el kirchnerismo. “Eso no lo veo; nosotros vamos con candidatos propios en 2023 y ellos lo tienen claro”, remarcó el referente del PTS, la fuerza señalada por otros sectores de la oposición como la más amigable con Cristina y Máximo Kirchner. De hecho, difícilmente se escuche a Bregman o Del Caño hablar sobre las causas judiciales de la vicepresidenta, tal vez para no incomodar a electores que en el futuro podrían votarlos.

Hay otros vasos comunicantes entre el kirchnerismo y la izquierda. Por caso, Bregman es abogada de dirigentes como Juan Grabois, líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y cercano al Papa Francisco, a quien representó cuando terminó en un calabozo policial de Constitución junto a vendedores ambulantes senegaleses. En otros casos, la izquierda tiene intereses contradictorios con el peronismo, especialmente en las organizaciones sindicales.

Romina del Plá, diputada del FIT, acaba de denunciar un “fraude” en las elecciones internas del gremio docente Suteba en La Matanza, la seccional que supo dirigir en contra de la conducción de Roberto Baradel, el sindicalista identificado abiertamente con el kirchnerismo. “Hubo gente que ingresó al padrón y que no es docente”, dijo la referente del PO en declaraciones a DTV. Desde esa misma agrupación, Solano reclamó que la CGT avance con un paro nacional, a sabiendas de que no lo hará.

Otro espíritu, más colaborativo, se verificó entre el kirchnerismo y la izquierda en el conflicto de Mondelez, una fábrica de alimentos en cuya comisión interna manda el trotskismo. El propio Máximo Kirchner cuestionó desde su banca en la Cámara baja a Rodolfo Daer, jefe del sindicato de la Alimentación y hermano de Héctor Daer, el titular de la CGT, por haber avalado la reducción de salarios como una salida frente a la parálisis que provocó la pandemia. El jerarca cegetista es un puntal del apoyo interno que le queda al Presidente.

Esa intervención del primogénito fue considerada como un guiño tanto a Bregman como al diputado Juan Carlos Alderete, de la Corriente Clasista Combativa (CCC), una organización que se reivindica maoísta y que también tiene delegados en la fábrica con sede en San Fernando, al norte del conurbano. De paso, le permitió al por entonces jefe del bloque de diputados enviarle un mensaje al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, uno de los señalados por su madre como parte de “los funcionarios que no funcionan”.

Superposición

Si el Partido Obrero tiene diferencias más nítidas con el peronismo –acompaña la discusión sobre la boleta única electoral y tiene una base territorial que incomoda al Gobierno con el Polo Obrero-, el PTS entiende que una parte de su electorado puede superponerse con la base del kirchnerismo. A tal punto, que fuentes del espacio admiten la “empatía” que generó Bregman con los simpatizantes de la vicepresidenta cuando enfrentó a Javier Milei en el debate de los candidatos porteños en 2021.

Aunque parezca que la irrupción de Milei en el escenario político-electoral perjudica únicamente a fuerzas de centroderecha como Juntos por el Cambio, la izquierda también está interpelada porque los libertarios le quitan la condición revulsiva que siempre distinguió al espacio. Ese sitial anti-sistema lo ocupa ahora el economista liberal porque capta el enojo de una parte de la población con los partidos que gobernaron el país y que no lo encarrilaron en términos económicos.

En la izquierda creen, de todos modos, que tienen la fórmula para limitar el “efecto Milei” en la próxima contienda electoral: “Su núcleo duro de votantes, que son liberales y los hijos de los que votan a Juntos por el Cambio, choca contra su núcleo blando, que son los enojados con el sistema político; a este último sector se le tiene que hacer notar que Milei está en contra del aborto y de otros derechos sociales que ellos ya asimilaron”, sostuvieron desde el PTS, que enfrenta al libertario en la ciudad de Buenos Aires.

Con el kirchnerismo, en cambio, la situación es diferente. “Hay un descontento de la base del Frente de Todos que no se va a la derecha, sino a la izquierda”, aseguró Castillo, mientras que Solano analizó: “Muchos dicen que hay una crisis en el país porque (los peronistas) se dividieron, pero yo pienso que se dividieron porque hay una crisis”. Con matices, los dirigentes de la izquierda dicen que la economía colapsada jugará a favor del FIT, a pesar del intento de “invasión” del espacio que, algunos piensan, proyecta el kirchnerismo.

El voto en contra del acuerdo con el FMI acercó posiciones entre el kirchnerismo y la izquierda, aunque desde el FIT advierten que Cristina y Máximo Kirchner adoptaron esa decisión una vez que tuvieron la certeza de que se reuniría una mayoría parlamentaria favorable. Con un antecedente en los movimientos conjuntos contra la reforma previsional en 2017, que terminó en una batahola frente al Congreso, el corrimiento del kirchnerismo a la izquierda se da en simultáneo con el del macrismo hacia la derecha libertaria.

Mariano Spezzapria

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