Domingo, 29 Mayo 2022 11:34

Como no tenemos ningún problema, Fernández desafía a Estados Unidos - Por Ricardo Roa

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México desmintió que apoyara al presidente argentino para montarle a Biden una contracumbre. 

Hay una amortiguada duda que, para no encrespar más el oleaje, pocos la quieren destacar: se trata de cuál ha sido el hecho político de la semana. Si fue el Presidente guitarreando Solo se trata de vivir, de Nebbia, sin dejar descansar las penas hasta la próxima vez. O el mismo Fernández advirtiéndole al Norte, alusión familiar en el kirchnerismo, que lo que él dice acá, lo dirá allá. 

En el día de la Revolución de Mayo, el Presidente eligió cantar algo del, digamos, repertorio nacional y no algo por ejemplo del singular premio Nobel de Literatura Bob Dylan, a quien homenajeó bautizando con su nombre al famoso perro de Olivos. Sorpresa: el registro que usa cuando canta no es el que usa en sus discursos. Pasa de tenor aflautado a tenor alto. Eso no quiere decir que cante bien: se notan los problemas de afinación. Pero para cantar delante de gente comiendo se precisa garra. Un aplauso para el cantor.

Ese mismo día, en tierras lejanas, en Israel, el embajador Urribarri, condenado por corrupción, festejaba como inocente de toda inocencia cantando el Himno Nacional. Renunció hace 50 días, pero sigue en funciones, sostenido por el kirchnerismo. No fue el único condenado cantando el Himno. El súper ex ministro De Vido celebró con su agrupación Encuentro Patriótico, cantado por una dama grotescamente atada a una grúa.

Si el gobierno gobernara con seriedad, se trataría de postales para el olvido. Pero no lo son. Lamentablemente no lo son.

Más serio, antes de entrar en las otras, preocupantes, ondulaciones en materia de política exterior, hubo en la economía dos hechos significativos. Uno: el gobierno prometió aflojar el cepo a los que inviertan para revivir Vaca Muerta. Le cayó la ficha dos años tarde y hay que ver cómo lo implementa, pero es una señal para normalizar la economía. El otro: la salida de Roberto Feletti, ex sheriff ultra K de precios y aceptado oportunamente y de mala gana en el gabinete. Lo mandaron a Economía y dijo que sí. Pero Cristina le ordenó marcharse para despegarse de la crisis, como si pudiera despegarse.

En el medio hubo una más de Massa, campeón del veo y aprovecho. Con el guiño de Máximo, volvió a invadir el carril de Guzmán para colgarse los méritos de haber subido el piso de Ganancias. Habían arreglado que sería después del aguinaldo, pero logró adelantarlo. Que Massa le marque públicamente la agenda a Fernández habla más de Fernández que de Massa. Fernández echó mano a otras cuestiones. Como presidente de la Celac, una mini OEA con pretensiones de maxi OEA y donde no están ni Brasil ni Estados Unidos, se le dio por desafiar a Biden. Lanzó la idea de una contracumbre a la cumbre que Estados Unidos organiza en Los Angeles para mejorar las relaciones con América Latina y cerrarle el paso o tratar de cerrarle el paso a la creciente presencia china en la región, apalancada sobre todo en los nuevos gobiernos de izquierda.

En realidad, hay más de una izquierda. Una es la histórica castro-chavista, que viene con la historia del partido Comunista y la guerra fría, y se irradia al Caribe vía el petróleo de Caracas. Suma a otra vieja franja que supo ser liberadora, la de Ortega en Nicaragua: un falso heredero del sandinismo. Es profundamente antinorteamericana y la pelea contra la OEA es su mito aglutinante.

Otra izquierda, heterodoxa, agrupa entre otras a la peruana del ex maestro rural Castillo y a la boliviana de Evo Morales, que está unida al indigenismo y se destaca por su economía ordenada. La de Chile expresa la reivindicación de los pueblos originales, el PC, banderas de género, ecologismo y mucho énfasis en condenar el legado neoliberal.

Fernández recibió acá a Chris Dodd, amigo y enviado de Biden y un patriarca de los demócratas. Biden le encomendó salvar la Cumbre, boicoteada por el mexicano López Obrador y Bolsonaro. Sin ellos, sería un fiasco. Más porque Colombia, la cuarta economía de la región, y el aliado históricamente más fuerte de Estados Unidos, elige este domingo presidente con grandes chances en segunda vuelta para Petro, el candidato de izquierda.

Antes de verse con Fernández, Dodd visitó a López Obrador y fracasó: le repitió que no viajará a Los Angeles por la ausencia de Cuba, Venezuela y Nicaragua. México es antiamericano labios hacia afuera: siempre termina arreglando. Pero Bolsonaro, que en octubre se juega la reelección ante un fortalecido Lula, cambió de idea y anunció que irá. Fernández, en cambio, duda.

El embajador Argüello es uno de los que intentan convencerlo de que vaya. Todos se sorprendieron con la contracumbre, que reveló Télam y atribuyó a un acuerdo del canciller Cafiero con su par de México, Ebrard. El gobierno mexicano, de enorme influencia sobre Fernández, lo descartó. Acá, hubo media desmentida.

En Tucumán, el jefe de gabinete Manzur y ministros como De Pedro se preguntaban de dónde había salido semejante idea. Fernández parece tentado con sentirse una especie de mini Kirchner, que en 2005 armó una contracumbre aquí con Chávez y cuyos beneficios para el país nunca quedaron demostrados fuera de la oratoria.

La Argentina no fue más soberana, ni más rica ni la política aprendió a resolver ningún problema social sino más bien a aumentarlos. ¿O es que no lo estamos viendo? Lo peor del caso es creer que porque Estados Unidos tiene la guardia baja podemos prepotearlo. El riesgo es que no sólo no nos tomen o no nos sigan tomando en serio, sino que además no nos salga gratis.

Ricardo Roa

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