Domingo, 05 Junio 2022 12:05

Celebrar los 100 años de YPF sin gasoil y la reconciliación echando a Kulfas - Por Ricardo Roa

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Las acciones valían 40 dólares hace 10 años y hoy, apenas 4 y pico. En valor, YPF está destruida. Kulfas defendió los argumentos de Cristina y Cristina lo hizo echar en cuarenta minutos. 

El país e YPF siguen un destino parecido. Con todo lo que tienen, no van para adelante, sino para atrás. No se sabe cuánto aguantará el discurso del gobierno que quiere convencer de lo contrario. Se puede sospechar que cada día menos. 

Sobran razones. Pero hoy alcanza una, muy clara, elocuente. YPF celebra sus 100 años con camiones y estaciones de servicio sin gasoil. Cualquier explicación es sanata. El gobierno quiso aprovechar el cumpleaños para mostrar que Cristina y Fernández se reconciliaban. Una puesta en escena. La interna siguió y sigue como antes. O peor que antes.

Cristina le dio una lapicera a Fernández, pero para que la usara como ella quiere. Fernández la aceptó y en horas apenas se supo para qué se la dieron: para firmar la salida de Kulfas, uno de sus ministros más cercanos y blanco preferido y repetido de Cristina.

La historia es más rara que la muerte del neurólogo en la departamento incendiado del hijo de Pettinato. Fue así. Cristina humilla públicamente a Fernández en el bastión kirchnerista de Tecnópolis. Lo vimos por tevé, en una transmisión y con escenografía al gusto de Cristina. Fernández puso lo suyo: entró tras ella encorvado hacia sus zapatos y, ya en la mesa, se comió en silencio todos los retos. ¿Qué le dijo Cristina? Que le estaba dando un negocio a Techint, una empresa a la que ella detesta. Fernández había traido un discurso que Cristina no dejó que leyera.

Y de pronto, como si fuera Fernández, Kulfas salió a contestarle a Cristina. ¿Lo consultó a Fernández? No se sabe. Pero es seguro que lo que le dijo a Cristina se lo había dicho a Fernández. Kulfas dice dos cosas. Que la licitación para los tubos del gasoducto Kirchner fue a la medida de Techint. Y que eso no lo decidieron ellos sino los de La Cámpora, que cortan el bacalao en el organismo encargado de la licitación. La primera etapa de la obra es de US$ 1.500 millones.

Igual de raro, Kulfas habla por una radio y su vocera hace llegar las declaraciones a los medios como si fuera un off. Otra rareza entre tantas: ¿un off con nombre y apellido que clase de off es? Aclaremos: ministros y sobre todo el presidente hablan mucho en off. Fernández hasta chatea en la madrugada con periodistas. Armó un gran lío cuando le dijo a Gustavo Silvestre que había aceptado la renuncia de De Pedro. Furiosa, Vilma Ibarra llamó al entonces vocero Biondi para pasarle la factura por la supuesta operación, sin saber que la fuente había sido el mismo Fernández. Obvio, al final perdió Biondi.

Para golpear a Cristina, Kulfas se golpea a sí mismo. En sus argumentos, confunde las medidas de espesor y ancho de las planchas especiales para los caños y otro error: dice que podían comprarse acá y no importarlos de Brasil, de la planta en la que Techint tiene una participación minoritaria. Lo más raro: defiende los argumentos de Cristina y Cristina lo hace echar. Fernández, que no echa a ministros de Cristina, ejecuta rápido a los propios: a Kulfas lo sostuvo sólo 40 minutos. Kulfas era el aliado clave de Martín Guzmán. Tenía hechas las valijas para acompañar ahora a Fernández a Estados Unidos. Lo reemplaza Daniel Scioli, que dice que ha hecho un posgrado en maltratos del kirchnerismo. Lo necesitará.

En el fondo, mar de fondo como siempre poco claro con la obra pública, un clásico K de claro claroscuros que suman nuevos a los viejos. Al kirchnerismo se le está haciendo costumbre festejar derrotas como triunfos. Los 100 años de YPF son sólo eso: el número 100 frente a lo que debiera haber sido y pudo ser. Las acciones valían 40 dólares hace diez años y hoy, apenas 4 y pico. El 10% o, lo que es lo mismo: perdieron casi el 90%. En términos de valor está destruida. Pese al boom del petróleo, su precio de mercado es de unos 3.000 millones, debe 5.000 y le pesan dos juicios enormes sobre la espalda: el del fondo Burford que dejó la reestatización kirchnerista y otro, de los años de Menem, por la compra de la empresa Maxus que traía oculta o no tanto, una demanda por contaminación. Los dos en Estados Unidos. Acá la política podrá decir lo que quiera, pero la única verdad es la realidad.

Hoy -gran apuesta- hoy es la resurrección de Vaca Muerta, que ya produce el 35% de lo que se produce en el país. YPF tiene la mitad de eso. El barril a 120 dólares empuja hacia arriba a todas las petroleras del mundo, pero muy poco a YPF. Razones: la macroeconomía, los precios intervenidos, el cepo que espanta cualquier inversión y la falta de reglas de juego. O, muy K: reglas de juego que son la falta de reglas de juego. Y una más: la empresa está dominada por la política, que cada cuatro años cambia a los timoneles profesionales. Ahora la pilotea Afronti, que hace lo que puede: decide sobre cuestiones operativas, pero está pintado en el resto. Depende de un directorio donde manda La Cámpora, una extensa agencia de colocaciones y una privilegiada fuente de empleo para ex funcionarios.

El ejemplo opuesto es la noruega Equinor (antes Statoil), cuyo principal accionista también es el Estado. El gobierno socialista puso la conducción en manos de profesionales, no de políticos. Hasta los tres sindicatos, que tienen un representante, designaron a un profesional. Con el petróleo, Noruega hizo plata como para tirar al techo y armó un fondo de miles de millones de dólares.

Aquí seguimos descubriendo la pólvora, Cristina dijo de Kulfas que “es doloroso que estos ataques los ejecuten funcionarios del propio gobierno”. Se debe haber tomado en serio lo de la reconciliación, porque si hubo alguien que se la pasó atacando a su propio gobierno no tendría que ir muy lejos, ni siquiera hasta el próximo espejo.

Ricardo Roa

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