Lunes, 27 Junio 2022 12:34

Después de mí, la inundación - Por Omar López Mato

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La reina de Tolosa no merece el diluvio propuesto por su colega Luis XIV, lo de ella es, qué duda cabe, menos elegante, chabacano y perverso.

Mientras el Rey Sol se empeñaba en pasar a la historia como el monarca más grande de su tiempo, nuestra reina suburbana se conforma con zafar de las causas judiciales y eternizarse ella o dejar descendencia en el poder para asegurarse de no volver a pasar los desvelos que le ocasionan estos dedos acusadores ni compartir su reinado con una marioneta traidora, esta especie de Pinocho que parece tener vida propia como el personaje creado por Carlo Collodi. A diferencia de la versión almibarada de Disney, en la versión original este muñeco era torpe, ignorante, malintencionado y, siempre rodeado de malas compañías . En nuestro caso, al menos no le crece la nariz, aunque comparte la misma costumbre de mentir. 

Asistimos a la decadencia argentina en su metódica carrera a la autodestrucción. A todo vapor “la maquinita” hace millones de billetes empañada en las bajas denominaciones por una supuesta maniobra “psicológica” para no dar “sensación de inseguridad”, aunque la impresión astronómica sea otra fuente de divisas para funcionarios corruptos.

Cabe recordar que los nazis durante la guerra habían concebido la operación Bernhard para falsificar libras esterlinas y dólares a fin de destruir la economía de sus enemigos con inflación. La diferencia con el proyecto nazi es que acá se fabrican billetes " legalmente " (aunque está desvalorización fenomenal de la moneda ataque la esencia de la soberanía que deberían defender) y no se distribuye entre enemigos sino a ambos lados de la grieta que divide a los argentinos. Recuerden a la operación Bernhard cuando “los cráneos” de la economía populista le digan que la emisión no es inflacionaria.

Los consejeros del FMI que le han dado aire a esta economía del desatino, se agarran la cabeza y solo tímidamente advierten sobre los peligros de la inflación y el festival de bonos.

Mientras tanto el ministro Guzmán se esfuerza por sostener a la economía en terapia intensiva con una curita y una taza de té de tilo.

Comienza el último acto. La tragedia se avecina. La parodia del títere se acaba. Pinocho y Geppetta se pelean, los ministros toman bando, los gobernadores deben decir de qué lado de la nueva grieta oficialista están.

No son los únicos que se luchan por un "cachito” de poder, hasta la oposición lo hace por fantasías, porque divididos diluyen la posibilidad de lograr una mayoría ¿Quién podrá mantener la gobernabilidad de un país quebrado con un porcentaje cada día mayor de pobres?

Como en todo país que ha perdido su amor propio, se alzan las sombras del antisistema, como Italia en el 22, como Alemania en el 33, surgen figuras que prometen un apocalipsis para dar lugar a un nuevo génesis.

Marchamos hacia el caos, hacia la inflación descontrolada (aun entra plata a raudales por una cosecha récord que se evapora en manos del gobierno, la gran pregunta es qué pasará cuando se acabe la soja y por la falta de gasoil no se pueda sembrar el trigo o el maíz).

Marchamos hacia el lanzamiento de un dólar contenido por mucho tiempo.

Marchamos hacia el Obelisco, como lo han hecho las organizaciones sociales en cientos de oportunidades a lo largo de estos meses, ahora enfrentadas con Cristina (quien lo hubiese dicho ...)

Y seguimos marchando –a falta de gasoil– hacia un riesgo país astronómico.

Está es la cuenta final antes del K O.

Cristina y más allá la inundación.

Algún día Dios y la patria se lo demandarán.

Omar López Mato

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