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Viernes, 22 Julio 2022 11:44

Cabildeos en plena crisis: crece en el peronismo el reclamo de que Cristina Kirchner y Sergio Massa se involucren más - Por Mariano Spezzapria

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La dirigencia oficialista cuestiona la “falta de conducción política” del Presidente; la CGT decidió enfilar hacia el Congreso Nacional la marcha prevista para el 17 de agosto

“¿Realmente vamos a hacer el trabajo sucio para Macri o Larreta?” La pregunta circula con insistencia desde hace unos días entre los dirigentes de la coalición gobernante. Mientras la nueva ministra de Economía, Silvina Batakis, demanda apoyo para hacerle frente a la inestabilidad financiera, en las mesas políticas del Frente de Todos advierten que se encuentran ante una encrucijada histórica para el peronismo: el ajuste de las cuentas públicas terminaría de liquidar, bajo esa concepción, toda posibilidad de permanecer en el poder cuando concluya el mandato de Alberto Fernández. 

Las especulaciones están a la orden del día. A tal punto que la propia CGT decidió enfilar la marcha prevista para el 17 de agosto hacia el Congreso Nacional. Los jerarcas sindicales declararon su interés por dejar allí un mensaje “a toda la dirigencia política”, en la búsqueda de hacer copartícipe de la debacle económica a la oposición. Pero los que leen entrelíneas en la borrascosa interna del PJ afirman que habrá ese día un clamor dirigido a dos despachos específicos del parlamento: el que habita Cristina Kirchner en el Senado y el que ocupa Sergio Massa en la Cámara de Diputados.

Ambos, la vicepresidenta y el titular de la Cámara baja, buscan desde hace un par de semanas apuntalar a Fernández con “la mesa de los tres”, que se reúne en secreto en la quinta de Olivos. Sin embargo, la incertidumbre que provoca la disparada del dólar blue genera un efecto no deseado de transferencia de poder que lima la base de sustentación del Presidente y direcciona las miradas -y los interrogantes- de los principales referentes del Frente de Todos hacia el Congreso. Aunque las señales políticas que surgen desde allí no terminan de ser congruentes con las necesidades del Ejecutivo.

Cristina Kirchner, que sigue sin acceder a una foto con Batakis, apunta los cañones contra sectores empresarios a los que acusa de provocar el clima de inestabilidad económica. Lo blanqueó ayer el bancario Sergio Palazzo en el consejo directivo de la CGT: los enemigos del momento son los industriales de la UIA y la Asociación Empresaria Argentina (AEA). El diputado Carlos Heller sumó a otro adversario que ya se convirtió en un clásico: los socios de la Mesa de Enlace que “no liquidan la soja porque quieren una devaluación”. Ninguno admite responsabilidades propias por la inflación.

Al señalamiento de los “grupos concentrados”, el kirchnerismo agrega una idea que enciende alarmas en la Casa Rosada y que consiste en marcar que el Gobierno no tiene la fuerza suficiente para enfrentarlos. Palabras más, palabras menos, lo dijo así la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, en una charla con vecinos. “Defendiendo los intereses del pueblo, sabemos que hay que exigirle más al gobierno nacional y decirle que se haga cargo”, afirmó la jefa comunal y dirigente de La Cámpora. “Es el planteo de Cristina desde diciembre de 2020, cuando pidió alinear tarifas, precios, salarios y jubilaciones”, recordaron en su entorno.

“La fórmula que más mide”

Los desbordados precios de los alimentos son, para la dirigencia oficialista con base política en el conurbano bonaerense, la razón por la cual el Frente de Todos corre serio riesgo de perder las elecciones del año próximo en primera vuelta. “Vamos a eso si no conseguimos revertir la tendencia”, advirtió un funcionario con despacho en las inmediaciones de Plaza de Mayo. Muestra las imágenes de una encuesta que recibió sobre el desempeño de “la fórmula que más mide” en la devaluada escudería gubernamental. “CFK-SM” (Cristina Fernández de Kirchner-Sergio Massa) está denominada la barra de color azul, junto a un porcentual aproximado al 30 de intención de voto.

Cualquier combinación que incluya al presidente Fernández, que al 5 de julio tenía una imagen positiva del 9 por ciento en el mismo sondeo, advierten, reduce la performance del Frente de Todos frente a potenciales fórmulas de Juntos por el Cambio encabezadas por el expresidente Mauricio Macri o el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta. También aparecen los nombres de los ministros Daniel Scioli (Desarrollo Productivo) y Eduardo “Wado” de Pedro (Interior) en las mediciones que encarga el oficialismo. Ninguno de ellos consigue revertir, por el momento, el escenario de la derrota peronista.

Tanto es así, que la dirigencia bonaerense del Frente de Todos empieza a recordar con cariño la “fórmula Ruckauf”. No es que le tengan especial estima al exgobernador de la provincia, sino que ensalzan la estrategia que marcó Eduardo Duhalde en 1999 para que el peronismo no perdiera el principal distrito del país, en medio de una oleada electoral adversa a manos de la Alianza UCR-Frepaso. La “fórmula Ruckauf” consistiría en poner un candidato fuerte a gobernador -la hipótesis no incluye la reelección de Axel Kicillof- para tratar de retener las intendencias del conurbano que el PJ podría perder en 2023.

El recuerdo de Ruckauf no significa que en el Frente de Todos tomen en serio su propuesta para conjurar la crisis política actual: anticipar las elecciones y acortar el mandato de Fernández. Agitar el fantasma de la Asamblea Legislativa no sería, en este momento de incertidumbre financiera, la mejor manera de calmar las aguas, piensan en las terminales de poder de la coalición oficialista. Tampoco colaboran expresiones como las de Aldo Rico, que caracterizó la situación político-social como de “anarquía”. La CGT emitió hoy un documento en el que repudió los “intentos de erosionar el sistema democrático”.

Aunque no lo dicen, los jerarcas sindicales también le colocan ese sayo a Juan Grabois, que alertó sobre posibles “saqueos” y habló de su disposición a dejar “la sangre” en las calles para imponer un salario básico universal que significaría, para el Gobierno, incumplir el programa que firmó con el FMI. Pese a que sospechan que el líder de la UTEP es funcional a una estrategia subterránea de Cristina Kirchner, los jefes sindicales comenzaron a desfilar por el Senado. Ya se los vio por allí a José Luis Lingeri, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez, el mismo que le regaló una lapicera a Fernández para sugerirle que tomara decisiones.

Con la crisis en una fase de aceleración, las miradas del peronismo empiezan a posarse sobre el Congreso y a darle la espalda a la Casa Rosada. Hay sindicalistas, legisladores, gobernadores e intendentes que creen que existe una creciente sintonía entre Cristina Kirchner y Massa que habilitaría la posibilidad de generar una conducción política que no encuentran en Fernández. La defensa que hizo la vicepresidenta del nuevo titular de la Aduana, Guillermo Michel, un funcionario que reporta al presidente de la Cámara de Diputados, fue tomada como una comprobación de lo fluida que está la relación política entre ambos.

En la última reunión del Frente Renovador, la fuerza que paradójicamente armó en 2013 para enfrentar al kirchnerismo en las elecciones legislativas de ese año, Massa frenó a los dirigentes que planteaban un escenario de ruptura en el oficialismo. En cambio, les pidió paciencia para esperar “quince o veinte días” la evolución de la crisis, que esta semana se agudizó notoriamente. Algunos referentes siguen pensando que su jefe debería ingresar al Gabinete con amplios poderes, pero otros juzgan que ya no tiene sentido. No les resulta tentadora la idea de un ajuste que le deje el plato servido a la oposición.

Mariano Spezzapria

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