Viernes, 22 Julio 2022 12:01

Desmadre y desconcierto: temen que vuelva el "que se vayan todos" - Por Alejandro Cancelare

Escrito por Alejandro Cancelare

La crisis social que se observa en el malhumor social, cuyos niveles se asemejan a los meses previos de la crisis del 2001, empieza a asustar a toda la dirigencia política. El que se vayan todos empieza a escucharse más fuerte que nunca y no repara entre cuerdos y extraviados.

"Esto está muy mal... la gente nos va a mandar a todos a la m....", le confesó mientras volvía de su acto en San Fernando Maximiliano Abad, el presidente de la UCR de la provincia de Buenos Aires, a MDZ cuando lo llamó para preguntarle cómo veía todo lo que está pasando y, en particular, cómo le había ido en su encuentro en la Primera Sección Electoral, en el norte del conurbano bonaerense. 

El presidente del interbloque de Juntos de la provincia de Buenos Aires estaba feliz por la nueva convocatoria que tuvieron los radicales, siente que la UCR está fortalecida internamente y que la unidad alcanzada no es una ficción. Pero su preocupación estaba fuera del palacio.

La misma frase fue la que dio en medio de una charla más que informal el intendente Nicolás Di Fonzo, de El Chocón, una angelada localidad neuquina, con muy pocos habitantes, pero a kilómetros de lo que es el complejo de Vaca Muerta. "Si no le encontramos rápido una vuelta a la inflación y el tema del dólar, nos van a llevar a todos puestos. La gente está mal, muy mal, y no distingue los buenos de los malos", reconoció.

Este temor, que viene anticipando MDZ desde hace quince días, se vio reflejado por atisbos de malestar social no sólo con las marchas y las pujas de poder, sino con los pequeños estallidos sociales focalizados o provocados como las peticiones que sufrieron varios supermercados del conurbano y el interior en los últimos días.

El radiograma oficial de la Policía de la provincia de Buenos Aires pidiendo que las autoridades de la fuerza que trabajan en La Matanza, la localidad más populosa del país, no tomaran licencias en prevención de algún tipo de desborde social, parecía, en principio, una sobreactuación de la política local ante lo que sí se percibe, y lo dice cotidianamente el intendente Fernando Espinoza, "falta de respuestas a la gente que la está pasando para el o....".

Según Alejandro Catterberg, de Poliarquía, el humor social está alcanzando niveles similares a los previos de la crisis de 2001-2002. Entonces, la relación directa con los pronósticos apocalípticos de la dirigencia institucional no son descabellados ni desconectados. Estos últimos, parece, residen en la Casa Rosada y adyacencias.

En otro anticipo brindado por este medio, Máximo Rodríguez, un dirigente no estelar del Frente de Todos, pero conocido por la mayoría de sus integrantes, fundamentalmente los que manejan los hilos del poder, había pedido conformar una gran mesa de diálogo similar a la que convocó y consiguió sentar Eduardo Duhalde en 2002.

Rodríguez pedía que no sólo estuvieran los actores sociales como la Iglesia, los partidos políticos, los sindicatos y los empresarios, sino, también dijo que era fundamental que el presidente convocara a Mauricio Macri y a Cristina Fernández de Kirchner. Esta idea había empezado a prender en varios lugares y oficinas cercanas a las del ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro, por ejemplo, y hasta Axel Kicillof lo había expresado en un discurso el miércoles pasado. Ayer, ya todo había vuelto para atrás y cajoneado hasta nuevo aviso.

Ninguna organización social percibe un desmadre social inminente. Ni Juan Carlos Alderete, ni Daniel Menéndez ni Romina Del Plá, para poner referentes sociales de distinto origen ideológico y político, creen que la situación sea similar a la que provocaron los saqueos y las movilizaciones que provocaron más de treinta muertes en todo el país a finales del año 2001.

El concejal vecinalista de La Matanza, Eduardo Lalo Creus, cree que muchas cosas pueden ser provocadas y no entiende por qué su municipio, uno de los que más atentamente se observa luego de la decisión adoptada sobre las fuerzas de seguridad, aún posee $21.000 millones de pesos en plazos fijos y varios millones de dólares en bonos en una zona donde nadie puede obtener un crédito para ningún emprendimiento productivo.

Sin embargo, todo esto cae en el precipicio de las hipótesis cuando un dirigente como Juan Grabois u otros sindicalistas alertan sobre la proximidad del caos y la sangre en las calles. Nadie salió a reprochar sus opiniones, a negarlo, o, como confesó un viejo dirigente barrial, "ponerle dos bifes y listo". Ya nadie tiene autoridad y los librepensadores abundan.

Un dirigente político vinculado con el oficialismo de General San Martín, municipio en el que este periodista vive y transita habitualmente, describió que "la barriada sigue moviéndose. Si vas a la "'muni', fijate que todos los lugares están llenos". Efectivamente, la actividad no ha decaído, los "clark" se mueven y frenan el tránsito y los vecinos de los barrios con talleres y empresas pequeñas y medianas se quejan porque no pueden entrar a sus viviendas porque los autos taponan todo.

Hay actividad, hasta que la última persiana baja. En ese momento, todo se transforma en un gigante "Ciudad del Este", esa emblemática ciudad paraguaya donde las propiedades están custodiadas y luego de las 17 horas todo es tierra de nadie. Es esta marcadísima dualidad la que provoca que, los que aparecen en las calles con sus necesidades básicas insatisfechas, siempre estén atentos a quienes los convoquen para una maldad.

Esta vista es similar en muchísimos lugares del Gran Buenos Aires, en las que las fábricas y los comercios no alcanzan a disimular la falta de plata y la escasez que provoca la inflación. Las vidrieras y paneles no tienen precios preestablecidos desde hace tiempo en las carnicerías y las verdulerías. Solo ofertas con los cortes clásicos. El resto es un enigma. Y muchos productos sólo pueden ser vendidos en efectivo contante y sonante.

Consultado un finísimo observador pastoral de la zona norte, que siempre tiene una mirada positiva y nunca alienada con los mensajes catastróficos que proponen muchos analistas y hasta uno mismo, este especialista en comunicación social prefirió no opinar. "En estos momentos, prefiero no dar off".

Mientras esto sucede, la economía paralela de la droga domina barrios enteros. Ahí no hay problema con la plata o el préstamo inmediato. Lamentablemente, la devolución puede ser tan aterradora que es preferible no pedir, salvo que eso sea para remedios o comida. Ahí, donde la informalidad todo lo domina, ya empezaron a verse diferentes grados de extorsión a comerciantes y empresarios para que puedan trabajar con tranquilidad. Rosario siempre estuvo cerca.

Alejandro Cancelare

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