Domingo, 31 Julio 2022 06:56

Las bambalinas de los cambios en el gobierno: 50 días de operaciones cruzadas entre Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa - Por Nicolás Wiñazki

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La avalancha que inició la salida de Matías Kulfas y se aceleró con la de Guzmán, abrió una tregua entre el presidente y la vice, y una ventana para el plan de flamante superministro. 

No se podría decir que estaba sentado, más bien Alberto Fernández daba la sensación de estar tirado en uno de los sillones de la Residencia Presidencial Olivos (RPO), meditabundo, pensante, mirando con tiempo y en silencio diferentes puntos indefinidos del ambiente conocido como "Jefatura". Son sus oficinas de trabajo cercanas al chalet en el que vive con su familia y sus mascotas. Era domingo. El día anterior había renunciado Martin Guzmán al ministerio de Economía y su gobierno no le encontraba reemplazante. Sergio Massa, como tantos otros, rechazó la oferta que el Presidente le había hecho para que sea él quien ocupase la titularidad del Palacio de Hacienda. El consenso de los pocos funcionarios que rodeaban al Jefe de Estado, la ropa arrugada, largo tiempo en el sillón dando órdenes con tono de voz variable en extremos, era que debía ceder en su disputa personal y política y llamar a la vicepresidenta Cristina Kirchner para retomar el diálogo interrumpido hacía más de dos meses. Vilma Ibarra, Gabriela Cerruti, Gustavo Beliz, José Vitobello, Santiago Cafiero, y el mismo Massa, le insistían para que reinicie las comunicaciones con la vice, un paso esencial para conseguir el apoyo de la jefa del oficialismo para quien fuera designado/a nuevo ministro/a. 

Massa se había negado a asumir en Economía porque tenía un plan para desembarcar en el Gobierno. El Presidente lo conocía desde fines del año pasado y lo había vuelto a escuchar el día que despidió a Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo, otro cargo que Massa rechazó cuando el Jefe de Estado le propuso tomar ese puesto. El proyecto de Massa era ambicioso y arriesgado para sí mismo. "Hay que meter el auto en boxes y arreglarlo lo máximo posible", fue la metáfora que usó frente al Presidente para describirle su idea. El titular de la Cámara de Diputados planteó que la gestión debía relanzarse con un cambio de funcionarios amplio, que podría incluirlo a él ocupando la Jefatura de Gabinete, pero con total control de la administración de la economía, entre otras áreas del Estado claves para intentar resolver el escenario de zozobra que se fue profundizando hasta dispararse hacia el drama preocupante tras la salida de Guzmán. Massa le insistió al Jefe de Estado que ese nuevo esquema del poder solo funcionaría si él se reconciliaba con la vice, y ambos le permitían luego formar parte de una "mesa de trabajo" en la que él pudiera terciar sobre el futuro de la gestión.

Fernández creyó que ese nuevo rumbo era innecesario aquel 6 de junio en el que despidió a su amigo Kulfas.

Massa insistió, y también transmitió su plan a la vice.

Pasaron entonces alrededor de cincuenta días de operaciones cruzadas generadas por Fernández, los Kirchner y Massa, que terminaron confluyendo en un objetivo común.

El presidente de la Cámara de Diputados jurará el martes como titular del mega y flamante ministerio de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura.

Massa logró su cometido: suma poder, pero tras la salida de Guzmán se juega su futuro político a todo o nada.

Es por eso que aquel domingo de la renuncia de Guzmán, cuando el Presidente dejaba pasar el tiempo echado en el sillón de la RPO, Massa le repetía al Jefe de Estado que iniciara una tregua con Kirchner.

Con energía variable y tono de voz que pasaba del extremo de un murmullo a alguna orden dada en tono elevado, Fernández le pidió entonces a Massa que llamara a Kirchner. El presidente de la Cámara de Diputados salió del despacho con aire viciado y volvió al rato. La vice no lo había querido atender.

El Presidente se hundió más en el sillón, y preguntó con un hilo de voz: "¿Con quién está?".

Massa soltó un nombre. "Está bien, ahora veo si la llamo...". La historia de lo que se vivió después en la RPO ese domingo ya se difundió por la prensa. Ese día empezó una tregua entre Presidente y Vice. Hacía falta el diálogo porque ambos acordaron que la nueva ministra de Economía sería Silvina Batakis. Después volvieron a verse cara a cara.

Massa se sumó a reuniones que intentaron ser secretas o fueron desmentidas.

A pesar de que había ministra en Hacienda, el plan del relanzamiento de la gestión con Massa como funcionario seguía latiendo en el poder.

Ahora es un hecho.

Batakis asumió en medio de una crisis financiera que aún continúa a pesar de la ascensión de Massa y una buena recepción de los mercados a esa noticia.

Batakis sinceró ante los gobernadores del PJ que el Estado Nacional no tenía más dinero: "No hay dólares y tenemos 24 mil millones de pesos para gastar en los próximos dos meses". El ajuste inminente, aunque sincero, puso en alerta a los jefes territoriales del PJ.

La flamante ministra fue muy brutal cuando en su primera reunión con el Gabinete usó una metáfora brutal para describir la escasez de fondos. Tanto fue así que el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, le dijo, mitad en serio, mitad en broma: "Silvina, podrías ser un poco menos vulgar...".

La situación se aceleró porque la vice Kirchner decidió que se reformularía el Gabinete a pesar de que habían pasado solo 24 días de la asunción de Batakis, que incluso viajó a los Estados Unidos para comunicarle al FMI sus planes de gestión.

Fuentes que conocen la trastienda de esta historia de recambio ministerial insólito, afirman que Kirchner prefirió apurarse y provocar un cambio brusco con la llegada de Massa al poder porque se convenció de que la crisis podía ahondarse hasta no tener retorno político para el oficialismo.

Como adelantó el periodista Pablo de León en Clarín, fue ella la que insistió ante el Presidente, en un almuerzo entre ambos realizado en la RPO el sábado 23 de julio, que el plan Massa debía concretarse cuanto antes.

Fueron varios los interlocutores que asustaron a la vice frente al posible abismo nacional. Uno de habría sido el diputado Leopoldo Moreau, ex radical, ahora uno de sus confidentes, quien debió someterse a una operación quirúrgica tras sufrir un ataque coronario. "Si no cambian de modo rotundo el Gobierno se cae, Cristina", le habría dicho Moreau a la titular del Senado.

El Presidente y su entorno se negaban a dar el giro planteado por Massa pero sí pensaba en una reformulación de la administración pública diferente. Su esquema, discutida con la vice y Massa, era, en líneas generales, así: Massa asumiría en la Jefatura de Gabinete; Juan Manzur pasaría al ministerio del Interior; y Eduardo "Wado" de Pedro iría a un nuevo ministerio de Justicia y Seguridad.

El domingo siguiente al almuerzo entre Presidente y vice, reconciliados pero no amigados, Fernández se reunió con Massa en la RPO. Fue después de que terminara el partido de fútbol que jugaron Platense y Tigre, el equipo del que el nuevo "superministro" es hincha muy influyente.

El recambio ministerial estaba acordado, aunque faltaba definir detalles.

El PJ entró en estado de "asamblea permanente".

Los gobernadores del peronismo se reunieron en Buenos Aires el miércoles pasado. El rumor de que Massa entraba al Gobierno con control de la Economía, sumando las áreas de Desarrollo Productivo y Agricultura chocaba con otras versiones que afirmaban que volvería al cargo que ya había ocupado: la jefatura de Gabinete.

Massa dejaba trascender entre sus asesores de confianza que no aceptaría volver a ese puesto en el que ya había trabajado bajo órdenes de Cristina como Presidenta en el 2008.

Manzur se resistía a dejar la Jefatura de Gabinete para pasar a Interior.

Batakis, recién asumida, intentaba convencer en los Estados Unidos, al FMI y las autoridades políticas del Tesoro de ese país, que ella continuaría los planes de Guzmán respecto al Fondo y, además, afirmó que contaba con el apoyo de la vice.

Los gobernadores finalmente juntaron número (eran catorce) e hicieron catarsis en el Consejo Federal de Inversiones (CFI). Manzur estuvo allí.

Ese conciliábulo que jamás ocurrió bajo gestión K terminó en una visita de todos los jefes territoriales de las provincias que habían viajado a Buenos Aires al propio Presidente en la Casa Rosada.

Fernández entendió que no tenía salida.

Recibió a los mandatarios provinciales que fueron muy críticos de Fernández frente al propio Fernández.

"El problema no es político, Alberto, el problema es económico", empezó a hablar Gerardo Zamora, de Santiago del Estero. Era la forma de transmitirle que él y sus pares querían a Massa como megaministro de Economía y a Manzur como Jefe de Gabinete.

"Si no cambiás, el Gobierno se termina en diez días", le insistió Zamora.

El catamarqueño Jalil se quejó por errores en la comunicación de la Casa Rosada: "Estamos bien de obra pública, incluso de empleo, pero tenemos que andar hablando en contra de Macri y el campo..."

Fue diplomático.

Fuentes que participaron de ese encuentro revelaron que el Jefe de Estado aceptó la oferta que parecía no poder rechazar.

Massa estaba informado al instante de lo que pasaba en esas reuniones. Igual que Manzur.

Quien asumirá como "superministro" de Economía (a Massa le molesta esa categoría para describir su "SúperMinisterio"), se comunicó con una veintena de fondos de inversión; con banqueros de la Argentina y el extranjero; se reunió con economistas del oficialismo y la oposición. También llamó a sus contactos en el Departamento de Estado de los Estados Unidos para transmitir la novedad.

Batakis volaba a Buenos Aires para volar del Palacio de Hacienda.

Quienes trataron a Fernández en las últimas horas aseguran que está más "receptivo" y "calmo" que durante el fin de semana de desasosiego de la renuncia de Guzmán.

"Al final, nos impusimos los moderados", analizó frente a varios funcionarios.

Massa logró tomar el poder en Agricultura y Desarrollo Productivo.

Las renuncias y recambios de cargos, como la vuelta de Daniel Scioli a la embajada en Brasil, son nuevas anécdotas con consecuencias que ya se habían repetido en la gestión.

Massa pasó el jueves hablando y reuniéndose con Cristina Kirchner y en contacto también con su hijo, Máximo.

En principio, no hay funcionarios de La Cámpora afectados por el recambio de funcionarios.

El martes, cuando Massa asuma formalmente como nuevo "megaministro", se conocerá su equipo completo.

La señora de Kirchner se mantuvo en silencio. ¿Por cuánto tiempo más?

Massa afirmó en la intimidad, según reconstruyó Clarín en base a fuentes que hablaron con él en las últimas horas, que con su decisión de aceptar el cargo de ministro de Economía potenciado demostrará que en medio de la crisis se involucró para intentar cambiar el rumbo de colisión, en lugar de continuar en la "comodidad" del Congreso. En el PJ se descuenta que Kirchner siguió imponiendo funcionarios, recortando el poder de Fernández, así como si fuera un Bonsái, aunque Massa afirma que todos los lugares en áreas sensibles que pidió fueron aceptados por la Presidencia a pesar de las desprolijidades históricas de renuncias y nuevos cargos repartidos como pasó en los últimos días. Y como quizás siga pasando.

El viernes, Massa encabezó reuniones con sus equipos hasta las dos de la mañana. Tomó gaseosa Schweppes, sin azúcar. Y fumó cigarros Cafè Creme. Chateó y chateó.

Insistió y logró ser el nuevo eje del poder político nacional.

Trabajará caminando sobre una cornisa.

Los cambios ministeriales que él encabezaría iban a guardarse en secreto hasta ayer a la tarde. Esa fue la idea del Gobierno original para evitar desprolijidades y precipitaciones de dimisiones. La renuncia de Béliz hizo detonar el plan original. Trascendió a la prensa y empezó la catarata obvia de cambios cantados y no tanto.

Massa es consciente del desafío que enfrentará. En confianza, frente a amigos, o con asesores con los que se sincera en la intimidad, se lo ha escuchado analizar el escenario social de un modo terminante: "Si no solucionamos algunos de los problemas que están haciendo mierda a la la gente, ¿sabés lo que nos va a pasar? Nos va a matar a todos".

Nicolás Wiñazki

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