Domingo, 13 Noviembre 2022 09:48

Cristina a los golpes con la Corte y Massa con una receta de Moreno – Por Ricardo Roa

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La vice no acata el fallo sobre la Magistratura. Es algo grave que nadie asume lo que significa. Te doy dólares y vos manteneme los precios: la fórmula que vuelve para llegar a las elecciones. 

Cristina empacada con la Corte, Fernández usa por primera vez la lapicera y se envalentona en París, a su vocera Cerruti se le suelta la chaveta o dice lo que piensa o las dos cosas y el Papa reaparece para advertir sobre los malos jueces con una carta ¿cuándo no? a un amigo kirchnerista. Y para cerrar, Massa con un anticipo exclusivo: en diciembre del 2023 la inflación será del 3% mensual. Esto es, una semana perfectamente K. Pero no es todo. Hay más. 

Veamos una parte, sólo una, del duro frente judicial de Cristina Kirchner. Magistratura, Hotesur y el ¿cómo llamarlo? Caso Copitos 2. Era de cajón que la Corte no iría a avalar su ardid (así lo calificaron los jueces) para quedarse con un consejero más. Demasiado evidente la jugarreta como para que siguiera adelante sin lastimar feamente la noción de justicia. Más aún que la de la justicia, la de república. Cristina dividió artificialmente su bloque en el Senado para alzarse con mayoría y minoría y así, dos consejeros.

Lo consiguió. La Corte ahora le dijo: ese puesto es para la oposición. La oposición en serio. Doñate, el senador rionegrino que Cristina hizo entrar por la ventana, se dio cuenta de que se había pisado los cordones y entregó rápido la silla. Pero Cristina no se da por enterada. Como siempre, juega a prolongar el conflicto. Los Kirchner ya desobedecieron a la Corte en un tema de Santa Cruz: la reposición que nunca hicieron del procurador Eduardo Sosa, destituido por Kirchner en su original rol del vamos por todo.

Esto es mucho más delicado: el Congreso no acata un fallo de la Corte y parece que nadie asume lo que eso significa. Cristina se siente facultada para decidir qué jueces sirven y quiénes no. Pero sus tuits no calzan en los expedientes. Jueces que (le) sirven son Obligado y Grünberg, que la sobreseyeron sin juicio en Hotesur, el lavado de dinero en hoteles de los Kirchner: coimas con la obra pública blanqueadas con el alquiler de habitaciones que nunca se ocupaban. De esa plata son los casi 4,6 millones de dólares encontrados a Florencia en una caja de seguridad. Cristina, no un juez, metió a su hija en ese brete.

Argumento insólito el de esos jueces sobreseedores: para que haya lavado debe haber delito precedente con condena. Un argumento dictado por Beraldi, el abogado de la vice. Pero el fiscal de Casación Mario Villar pidió anular esta parodia de sentencia y que se aparte a esos jueces. La jueza Capuchetti, que investiga el atentado a la vice, tampoco quiere hacerle caso. Para la jueza, detrás de los delirantes y por suerte nada más que delirantes Sabag Montiel y novia, no hay datos para sospechar un complot. Lo último: el asesor de un diputado de La Cámpora que dice que oyó a un diputado opositor decir en una confitería que “cuando la maten voy a estar en la costa”. Tal vez se trate de un señor de oído biónico: las pruebas no comprobaron que pudiera oírse lo que se decía en la mesa del acusado, el diputado Millman.

Para ahondar la imagen de victimización, corresponde recusar a la jueza. Recusar debe traducirse así: apretar. Y añadir carpetazos, como el que presentó el ministro Soria, que ya ubicó a la jueza que no les hace caso como visitante asidua de la AFI. Claro: la de Macri. ¿Y quién es el denunciante de Millman? Un abogado pegado a los servicios de inteligencia.

Esa acusación contra Millman, ex militante radical de Avellaneda de Fredy Storani, es ridícula por donde se la mire. Pero hay otra cosa increíble: cuando era el dos de Bullrich en Seguridad, Millman puso al frente de la Escuela de Inteligencia sobre el Delito a una ex Miss Argentina. Y a su hermana en la Dirección de Inteligencia Criminal. Sin comentarios.

Semana judicial poco propicia para Cristina, que apura sin disimulo su calcado “yo, argentina” respecto del gobierno que ahora preside por el viaje de Fernández, que saca pecho afuera porque enterró el proyecto de bajar las Paso y el bono de suma fija. Casual o nada casualmente, el Papa reflotó su lawfare en clave K: “Necesitamos -pontificó- personas apasionadas por la justicia”. Mano amiga, se lo escribió al juez Slokar, de la Línea Fundadora de Justicia Legítima.

Como si esto fuera poco, la vocera Cerruti aportó su colaboración a la alegría que, dice la vice, recuperaremos con ella, no ahora que es como que no está, sino después, cuando no esté Fernández. Cerruti difundió un video diciendo que las piedras por los muertos del Covid son de la derecha. 130.000 muertos. Se lo explicó a la ministra española de Igualdad, Irene Montero, de Podemos, que metió en un gran lío a sus socios del PSOE con el proyecto Trans, que permite a chicos y chicas de más de 14 años operarse y cambiar de sexo sin permiso de sus padres ni intervención de un juez. Como diría Violeta Parra: ¿qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?

Rarísimo en cualquier otra parte, pero no aquí: llorar a los muertos es solamente de derecha. De rigor en estos casos de hipocresía, después se pide perdón y ya está. Como Cristina, Cerruti se siente juez única de sí misma y se sobresee. Pasa mucho, y es como si no pasara nada. ¿Pero, pasa o no pasa?

El ministro de Economía hace de jefe del Gobierno y teje con empresas un experimento teóricamente antiinflacionario, inventado por Guillermo Moreno: te doy dólares y vos manteneme los precios, al menos por unos meses. Seguimos empujando para llegar a las elecciones. El problema es que empujamos, pero seguimos en el mismo lugar.

Ricardo Roa

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