Domingo, 27 Noviembre 2022 10:15

Messi puede hacer goles y hasta milagros, pero no en la política - Por Ricardo Roa

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Si pensaron en el gobierno que el Mundial bajaría tensiones, suma otra inquietud más. Y para llenar el cartón, Larreta metió otra en el PRO, lanzando a Quirós candidato. 

Pregunta que si no se la hace todo el mundo se la hace medio mundo: ¿Por qué Larreta sacó a la cancha a Quirós como candidato a jefe de Gobierno, justo en medio del Mundial? Primera respuesta rápida: está toreando a Macri y al candidato de Macri, que es su primo Jorge. Segunda respuesta rápida: está beneficiando a su aliado y candidato radical, Lousteau. Abróchense los cinturones. Este vuelo del Pro viene complicado. 

Si hubo acuerdos no me acuerdo. Larreta y Macri acordaron hace un año el raro traslado del primo Jorge desde Vicente López a la Ciudad. Jorge llegó con el cargo de ministro de gobierno, pero con el título de príncipe heredero. Todo anduvo bien hasta que empezaron a pasar cosas virulentas entre el precandidato presidencial Larreta y la precandidata presidencial Bullrich, detrás de la cual Larreta ve siempre al otro Macri. El ex Macri, como la ex Cristina, juegan a las escondidas haciendo ruido. Un dato: los que rodean a Patricia son mayoritariamente tropa de Mauricio.

Una foto desbordó o rompió el vaso. Más que una foto, un mensaje: el primo Jorge con Bullrich. Larreta se enfureció y le propuso un canje a su ministro: apoyarlo como candidato en la Ciudad a cambio de que él lo apoyara como candidato a Presidente. No se hizo. Larreta contestó a lo Larreta: con otra foto mensaje. Se subió a un acto del radicalismo para levantarle el brazo a Lousteau.

Gran revuelo. Ahora lanza a su ministro de Salud a hacerle interna porteña, con la bendición de Carrió. El hecho es que Larreta, como jefe porteño, no apaña a uno, ni a dos, sino a tres candidatos, porque hay que contar a otra ministra, Acuña, que es de Larreta pero Macri avala. Está claro: como no pueden resolver el desorden entre ellos, que lo resuelva la gente.

Falta una eternidad para la elección y estas candidaturas se resolverán si se acomoda la pulseada nacional. Muchos creen que al final Macri y Larreta terminarán arreglando. Se verá. Quirós es el de mejor imagen, la del héroe contra el Covid. Tiene origen radical y una historia que lo cruza con su rival Macri: el padre de Jorge, Tonino, lo ayudó en su carrera en el hospital Italiano, donde era miembro del Consejo de Administración.

Del lado de Larreta dicen: Macri quiere ser o cuando menos condicionar a Horacio, a quien lija sistemáticamente. Dice que no y hace que sí: juega para tener la posibilidad de tener la última palabra. Y dicen también: Patricia usa las redes para atacarlos. Le tira fakes y le hace decir a Horacio cosas que Horacio no dice. La última: sin diplomacia alguna, hablando sobre Bonafini muerta.

Del otro lado, dicen: Larreta usa la billetera de la Ciudad para comprar protección y fogonear operaciones contra Patricia, como la denuncia sobre las relaciones femeninas de Milman. Para ser francos: hay operaciones que Milman se hace a sí mismo, como el escándalo con una empleada de la Ciudad detenida en un auto floja de papeles.

Más seria es la denuncia sobre el compromiso de Larreta con Lousteau, desde hace tiempo su principal aliado. Larreta busca un equilibrio imposible: apoyar a un candidato del Pro, cosa que no puede dejar de hacer, y a la vez cumplir con Lousteau, que le reclama ser neutral. Lousteau le asegura el respaldo de un pedazo del radicalismo, donde hay tantos o más enconos que en el Pro. Ese pedazo es el de Morales y Yacobitti. Larreta choca adentro con una resistencia unánime a darle la Ciudad a los radicales. Dicen: es como si el peronismo entregara la provincia de Buenos Aires.

¿Seguirá el primo Macri como ministro? Demasiado enredo para una oposición demasiado enredada. Y cosas que se entienden desde la política, no desde la gente, que sufre con la normalidad de lo no normal, si miramos al dólar que despertó del letargo y pega saltos que ya no asombran a nadie, pero tampoco deja tranquilo a ninguno. Y que no es muy compatible, que digamos, con la esperanza de poner la inflación un poco en vereda.

De ahí que Massa busque diferenciarse en lo que pueda del kirchnerismo con un discurso que no es del kirchnerismo. Y puede, simplemente, expresándose como un moderado. Es su viejo juego. Apuesta a que una moderación de la crisis sea vista como el tapón a una crisis mayor. Les dijo a los empresarios que si la inflación no baja, el gobierno perderá las elecciones, lo que tiene poco y nada de nuevo. ¿Quiso decir que puede venir algo peor?

El Mundial podría producir un milagro. Claro que en el fútbol. Pero que haya milagro en la economía se ve muy difícil. El holding italiano de Edesur anunció que se va del país. Se suma a la treintena de empresas que emigraron en los últimos tres años. No sólo emigran argentinos.

Y Cristina sigue haciendo la suya, como desafiar a la Corte. Eso, porque se considera por encima del común, y porque no se le atenúan sino se le complican los problemas con la Justicia, que tiene que resolver pronto si la condena o no en la súper causa Vialidad, el monumental negociado con la obra pública en Santa Cruz, que puede cambiar todos los ánimos. Manda al Cuervo Larroque a cargar contra el Presidente, al que llama “una pérdida de tiempo y un desperdicio del poder”. Hablan como si fueran más opositores que la oposición.

Un embrollo de aquellos, como el de la economía. Y en la oposición, otro embrollo que amenaza peor si llega a no haber Paso. Si se pensó, y pensaron especialmente en el gobierno, que el Mundial desalojaría a la economía y la política del primer lugar de las preocupaciones, no pasó ni podía pasar. Se sufrió y se festejó, pero, aunque aliviada, la incertidumbre sigue y se asocia a las otras tantas que llevamos pegadas a la piel. El Mundial pasa, la crisis queda y esto, pese a San Messi.

Ricardo Roa

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