Domingo, 06 Agosto 2023 14:31

Fotos finales de una campaña con mucha interna y poco entusiasmo – Por Ricardo Roa

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Massa candidato promete terminar con la inflación, ¿por qué no empieza ahora?

Si no son de los fanáticos, los votantes deben sentirse entre confundidos y agraviados con la última promesa del candidato Massa: voy a ser el presidente que derrote a la inflación. En la recta final de toda elección se fabula mucho pero se cae de maduro y con equivalente ruido: ¿por qué no empezó antes? ¿O, por qué no empieza ahora que, justamente, es el ministro de Economía?

Resulta raro eso en medio del peronismo, cuyo fundador decía: mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar. En esto estamos. En todos los mostradores: el oficialista, el opositor y el de los eternos postulantes al 3 o 4 %, como mucho. Empecemos por el oficialismo: cada uno de los tres mosqueteros del poder anda en lo suyo: la jefa Cristina casi corrida de la escena, actitud no infrecuente cuando sus papas queman.

Más que hacer campaña, se enfoca en lo de siempre: parar como pueda las causas de corrupción que la trastornan. Ahora busca meter unos 90 jueces, fiscales y defensores y que no jubilen a Ana Figueroa, una de sus juezas preferidas. Pero el Senado no le responde. Mandó dos veces sesión y fracasó, pese a que Massa llamó a unos cuantos senadores para ayudarla. No lo consiguió.

Pero, ojo: puede ser sólo por ahora. Detrás de esos pliegos está ella y están La Cámpora y la lista Celeste con la que Cristina imagina mantener su influencia sobre la Magistratura. Pero también están algunos gobernadores que han colado candidatos y familiares y amigos de Comodoro Py, el corazón de la corporación judicial.

Hay muchas historias de esos acomodados, no tenemos lugar para contarlas aquí pero son todas más o menos iguales. La mayoría han sido premiados por su canina fidelidad política, y terminaron lejos de los primeros puestos de los concursos. A 30 puntos o más.

Más humo judicial inundó en la semana la parodia de juicio político a la Corte, que lleva ya 19 sesiones y sigue en el mismo lugar, como si pedaleara en una bicicleta fija. No avanza simplemente por la inconsistencia de las acusaciones. La estrategia es que dure lo más posible, hasta el absurdo. Esta vez, los diputados oficialistas tocaron fondo: discutieron entre ellos y uno desafió a pelear en la calle a otro de la oposición.

“¡Un minuto me durás vos!”, lo patoteó el siempre sacado ex jefe de los servicios de informaciones, Tailhade, al catamarqueño Monti. Desde el banquillo escuchaba el testigo Silvio Robles, secretario del presidente de la Corte, Horacio Rosatti. Como otras veces, llevaba la batuta del interrogatorio, que duró más de cuatro horas, el ex radical Moreau, jefe de los inquisidores y secundado por la porteña Brawer, más perdida que los defensores de Racing en Medellín. “¿Te lo imprimo”, se escuchó que le preguntaba una asesora. “Sí, y ponémelo en el machete”, le contestó la maestra Bower, con dificultades para entender las preguntas que le mandaban al celular.

La impotencia encegueció a Germán Martínez, que amenazó a Robles con llevarlo a la Comisión de Inteligencia. Otro massista, Ramiro Gutiérrez, también se envalentonó, pero se embarulló con un artículo del Código. Fue corregido enseguida. Papelón, repetido por el de otra experta en maltrato, la diputada Siley, que estalló contra su compañera de bloque, la entrerriana Gaillard: “Me está observando una pavada”, le dijo.

Massa, segundo (o primero en la línea de mando, según de lo que se trate) seguía la patética actuación de los suyos, que no sorprenden por su agresividad sino por su incoherencia. El ministro no para de tirar la manga por el Universo para estirar su Plan Llegar, próximo objeto de estudio en las altas universidades del mundo. Como con el tres de inflación prometido, olvidó su dictamen de que no se puede ser al mismo tiempo ministro y candidato.

Y como dicen que pasa en los misterios de la cuántica, parece estar en dos lugares al mismo tiempo, claro que con los resultados que vamos viendo. Quiere vender la ficción de que será el candidato más votado, pero Grabois le pelea de igual a igual. Hasta se dio el gusto de pasearse por La Matanza, que Massa no pudo visitar. Hay otra guerra, entre el kirchnerismo y el viejo peronismo bonaerense. Pero es para contar en otra nota, que nunca deja de hacerse notar, eso sí, siempre hablando de unidad.

El presidente, la tercera voz afónica del trío, es una representación cabal de este final de gobierno. Se prepara una despedida mundial a todo avión nuevo, de norte a sur y de este a oeste. Pobre Fernández: qué quieren que haga si ni siquiera lo dejan acercar a la campaña sencillamente porque mal asocia vecindades de relato y fantasía como los que ofreció, y fueron comprados, en 2019.

El 13 (¿quién eligió esta fecha?) se verá qué pasa y dólar, como siempre, diagnosticará. En realidad ya está diagnosticando.

¿Y en qué anda la oposición? Obvio: mirando encuestas, que seguirán durante la semana aunque no se puedan publicar y no sirvan o sirvan poco, es lo único que se tiene para imaginar cómo vendrá la mano. Hay consenso en que Larreta, después de estar bien arriba, caerse y ser superado por Bullrich, levantó. Y que la clave de la elección es la Provincia, donde unos y otros se ven ganadores. Hay encuestas para todos los gustos. Santilli mide más que Larreta pero lo que tracciona es el candidato a presidente, cabeza de la lista.

Al cierre del libro de pases, Larreta fichó a Manes, que se esperaba, y a Vidal, que no se esperaba y que dejó a su tropa del lado de Bullrich, que el día después se fotografió con Sanz, uno de los creadores de Cambiemos. ¿Influirá algo de esto en la gente? Lo que parece claro es que no va a romper la apatía. Muchos les están diciendo: a ver si nos entusiasman un poco.

En Ciudad, el consenso dice que Jorge Macri supera a Lousteau, que no encontró la campaña. El lunes, el Pro, que quiere decir Mauricio Macri, Bullrich y Larreta, se mostrará unido para apoyar a Jorge Macri. En Ciudad, su lugar en el mundo, el Pro juega su existencia como partido. Larreta prepara otra foto con gobernadores y ganadores en las Paso. Quiere mostrar más convocatoria que Bullrich. Algunos le dijeron que no. Falta la elección general y ninguno quiere arriesgar el más mínimo voto.

Y Macri prepara su propia foto símbolo, en el búnker para festejo de, finalmente, uno de los suyos, aunque uno sea más y el otro menos. Llegado el momento todos sabrán que tienen que sumar y sumarse.

Ricardo Roa

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