Sábado, 31 Diciembre 2016 16:03

A tale of two cities

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Era el mejor de los tiempos y a su vez el peor de los tiempos. Era la edad de la sabiduría y la edad de la estupidez…y todos nos íbamos directamente al cielo o en el otro sentido.

 

 

El inicio de este magnífico libro de Dickens (La historia de dos ciudades) puede ser el prólogo de cualquier momento de la historia, aunque los  momentos que nos tocan vivir a cada individuo nos hace sospechar que estamos más cerca del “otro sentido” que del cielo.

 

Hoy nos toca narrar una historia de nuestra ciudad. Hay quienes podrán contar las largos horas de espera porque un piquete cortó la circulación en alguna ancha avenida.  Otros hablarán de los embrollos cuando hay paros sorpresivos en los subtes. Habrá quien hable con dolor de la presión impositiva y las distorsiones entre los servicios y los beneficios, (magros beneficios) que nos entregan a cambio.

 

Acá viene a cuento el título de este artículo porque este es el cuento de dos ciudades, la oficial, la Pro amarilla, con múltiples obras en ejecución que dificultan más al ya atribulado tránsito (¡qué le vamos a hacer!), la de las bicisendas poco transitadas y en ambos sentidos (cosa que nos obliga a mirar en los dos sentidos a los transeúntes) la del metrobus (¡chapeau!), la que te alquila bicicletas y los subtes en construcción. Va a estar buena Buenos Aires...

 

Pero esta la otra, la de la inseguridad, de chorros, maquiavélicos y estafaos, dueños de esa maldad insolentes que obliga a rejas, alarmas y blindajes. La ciudad se ha convertido en un enorme dormitorio donde ¿cientos?, ¿miles? de personas duermen, comen, beben, se drogan, se bañan y hacen sus necesidades en la vía pública.

 

Para algunos podrá sonar exagerado hasta que un buen día un grupo se instala en su vereda, colchón, ropa, comida incluida y entonces comienzan las vivencias de estos nuevos vecinos de existencia precaria y a la vista. Algunos duermen todo el día, otros piden, “una monedita”, “comprame algo” con tono que va desde la súplica hasta un dejo amenazante. A veces el pedido es más elaborado “necesito leche tal para mi hijo que está internado”, mientras la vida transcurre en ese colchón con frazadas, pantalones, y remeras expuestas sobre rejas y fuentes.

 

Como vecinos de la ciudad pagamos la tasa de  alumbrado, barrido y limpieza, con poca luz, escaso barrido y limpieza que deja mucho que desear especialmente alrededor de esos recipientes que sirven de letrinas para los nuevos okupas de la cuadra. ¿No es parte de la función del Gobierno de la Ciudad cuidar de la limpieza que en última instancia repercute en la salud de todos y cada uno de sus  habitantes?

 

Lo que voy a relatar es una historia real que transcurre en las vecindades de la facultad de medicina donde hace 4 meses se instaló un grupo de jóvenes indigentes que tomaron una vereda como hogar sin paredes lo que permitía un análisis pormenorizado de sus vidas

 

Este grupo de tres hombres y una mujer pasan la mayor parte del día durmiendo, o pidiendo, o contando la historia de la leche.

 

Beben cerveza en abundancia  y muy posiblemente usen paco o alguna otra sustancia tóxica. Suelen trenzarse en peleas a palos, cascotazos, puños y patadas, huyendo cuando se ve la luz del patrullero (cosa muy fácil de detectar). Vuelven para reiniciar sus actividades que incluyen la visita a un almacén proveedor obligado de alcohol. Usan el agua de las canillas de los edificios para bañarse en público y como ya dijimos utilizan el basurero de toilette. Los vecinos, locales comerciales, clínicas y laboratorios, ante los reiterados conflictos radican denuncias tras denuncias que nutren ya un voluminoso expediente. Movidos por los reclamos el gobierno de la ciudad convoca una reunión ante los vecinos dónde se vuelven a plantear los inconvenientes de estos vecinos a la intemperie, que no son los únicos de la zona (siempre hubo crotos y mendigos desde que el mundo es mundo, la nueva modalidad es el grupo que se moviliza en vínculos familiares como en este caso)

 

Las reuniones y las promesas de la municipalidad se suceden pero traslucen cierto escepticismo: el fiscal, la corrección política, los derechos humanos… es claro, los de ellos valen, los de los contribuyentes ¿no? Si alguna vez quiere hacer la cuenta en una cuadra céntrica el ABL suma no menos de  $ 250.000 por mes.

 

Se les ofrece e reiteradas oportunidades ir a refugios municipales Ad Hoc, pero ellos lo rechazan. Allí los controlan y dicen que los roban, prefieren la calle que han convertido en su modus vivendi.

 

Los episodios violentos se repitieron y  los reclamos se multiplicaron, pero sin resultados concretos hasta que un buen día, los nuevos vecinos,  agreden a los encargados del local de ventas de comestibles. Amenazas de muerte, pugilato, golpiza a la mujer (periódicamente también ella golpea a sus ocasionales compañeros por situaciones sentimentales que escapan a la finalidad de este texto).  Nueva llamada a la policía que demora 15 minutos y para cuando llega no queda nadie. Pero esta vez han ido muy lejos y los comerciantes reclaman ¡fuimos amenazados! Esto no puede ser. Los  agentes del orden haciendo gala de su intrepidez se encogen de hombros ¿Qué podemos hacer?

 

Al final impera la justicia por mano propia y manos anónimas ante la “falta de reflejos policiales”  Arrojan alcohol sobre los colchonesy la Roma del subdesarrollo arde sin el canto de Nerón.

 

Como corolario la causa del incendio en el expediente figura como “incendio accidental” .Entre bambalinas la policía felicitó a quien tomó la decisión de terminar con la usurpación de la vía pública.

 

Por años caímos en la anomia

 

Este proceso no comienza con el kirchnerismo, ya se lo adivinaba.

 

El hecho es que, nadie actúa por miedo a caer en la falta de corrección política, los derechos de algunos parecen ser más que otros.

 

Las obligaciones del Estado se diluyen ante el garantismo, nada es suficientemente grave ante la teoría del “pobrecito” pero la lección de este incidente es que en algún momento como en una película del Far West  alguien cortará el nudo gorgiano disparando su arma o  arrojando un fósforo para que el fuego borre el ilícito.

 

Y un expediente falaz termine estampando la formula ¿será justicia?

 

Pero nos llega una gran noticia, a mi juicio un enorme adelanto, el juicio en horas de todo aquel detenido en flagrancia .Es el comienzo del fin de la puerta giratoria de la entrada y la salida de la  seccional. Estos casos se podrán resolver en horas y no en los meses que requieren actualmente.

 

Es indispensable llenar el vacío que el estado ha dejado y éste es el camino para llenar ese vacío.

 

Que el 2017 sea el comienzo de esta enmienda.

 

Omar López Mato

Médico y escritor   

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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