Sábado, 26 Agosto 2017 21:00

“Que canten pero que paguen”

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El Cardenal Mazarino fue el sucesor de Richelieu como fac totum de Francia a la muerte de Luís XIII, durante la regencia de su esposa, Ana de Austria, mientras Luís XIV era menor de edad. A pesar de haber logrado el fin de la guerra de los 30 años, las arcas del reino de Francia estaban agotadas y el cardenal no tuvo otra opción que aumentar los impuestos, a pesar de que el esfuerzo bélico había terminado.

 

París, que hasta entonces estaba libre de impuestos se vio obligado a abonarlos.

Esta expoliación y las insurrecciones que le siguieron, fueron conocidas como Frondas.

Quizás la más conocida de esta sucesión de alzamientos fue la parlamentaria de París, acaecida un 26 de agosto de 1648, cuando se apresó al presidente de la Cámara de París, acto que terminó con el reclamo del pueblo creando barricadas en las calles, como sucedió en las sucesivas revueltas que conoció la Ciudad Luz.

Para darse ánimos, los revoltosos componían canciones que se burlaban e insultaban al odiado cardenal. Miles de melodías y versos (conocidos como Mazarinadas) rechazaban la excesiva presión impositiva y vituperaban al prelado, quien con la ironía que era característica, pronunció esta frase que pasó a la historia de Francia: “Que canten, pero que paguen”.

Al final de cuentas los franceses cantaron y no pagaron, y Mazarino debió huir de Francia y hasta la familia Real estuvo a punto de ser atacada. El futuro Luís XIV, por entonces un niño, se salvó de ser agredido por un grupo insurgente, haciéndose el dormido.

A nadie le gusta pagar impuestos y el exceso de impuestos ha sido el desencadenante de grandes revoluciones, más cuando mantienen estructuras perversas e hipertrofiadas como las que ha construido el Estado argentino. Desde 1940, cuando el presidente y los ministros convivían todos en la Casa Rosada, hasta el exceso actual donde el 50 % de los puestos de trabajo del país dependen del gobierno, ha pasado mucha agua bajo el puente, y mucha plata ha salido de nuestros bolsillos para construir una estructura monstruosa en el más amplio sentido de la palabra. En 1940 el gasto público no llegaba al 10 % del PBI.

Con la Constitución del 49, el general Perón eliminó los 8 ministerios consagrados por la Constitución de 1853 y subió a 19 los ministerios, más la creación de la SIDE.

Después de idas y vueltas con la Revolución Libertadora y el gobierno de Frondizi, aparecen las modificaciones de la constitución del 94. Abalado por esta, el  kirchnerismo subió a 15 los ministerios, y el actual gobierno al desdoblar el ministerio de economía subió a 21 los ministerios, con 85 Secretarias, 204 Subsecretarias y 687 Direcciones, más entes e instituciones que nos lleva a tener ¡2.965 reparticiones!

Para coordinar el caos de papeleo y burocracia hay 905 unidades de coordinación.

Por fin este gobierno plantea una reforma impositiva para modificar el mamarracho que nos había dejado el cristinismo. La AFIP era una muestra de la intolerancia imperante y se marcaba hasta en la forma de confiscar cuentas, sin previo aviso ni opción a defenderse del contribuyente (Aún persiste esta práctica). Para colmo después de haber distorsionado el INDEC, el gobierno no aceptó los ajustes por inflación en los impuestos y balances. La abundancia de imposiciones yuxtapuestas que sufrimos (¡Más de 60!) son un disparate que crea un laberinto asfixiante.

Curiosamente no está cayendo la lluvia de inversiones del exterior como nos prometieron. No comen vidrio los inversores, dos días en Buenos Aires con sus cortes de tráfico, piquetes y huelgas advierten a cualquier pánfilo que acá, eso de la  seguridad jurídica, es un verso mal escrito. Seguir con los papelones que hace la CGT reclamando lluvia en el desierto, es lo peor que se le puede hacer a los trabajadores, y para peor aún, a los desocupados. ¿Quién va a invertir con este nivel de beligerancia? ¿Alguna vez los sindicalistas van a entender esto? ¡No! Se van a seguir matando como en Ezeiza, como en el traslado de los restos de Perón y como lo hicieron en las últimas movilizaciones de la CGT

Si a esto le agregamos una imposición distorsiva de impuestos, sería difícil que vengan inversiones. Y es necesario que éstas lleguen al 20 % del PBI para un crecimiento sostenido del 3 al 4 % anual (actualmente las inversiones rondan el 15 % del PBI) o superarlo (Colombia, con todos sus problemas, ronda el 30 %).

Sin embargo, y a pesar de los reclamos sindicales y de las agrupaciones de izquierda, comienza la inversión nacional, un hito necesario para que vengan los capitales de afuera, porque es lógico que nos digan, “muchachos si no ponen ustedes los mangos, menos lo haremos nosotros”.

Debemos convencernos que no vamos a engañar a nadie, y que cada avivada, como YPF, Aerolíneas o los fondos buitres, nos salen carísimo y termina destruyendo puestos de trabajo.

De enmendar este entuerto recaudador, es más probable que comiencen los 20 años de prosperidad que promete el Ministro Dujovne y no sea necesaria escribir canciones de protesta, como le ocurrió al cardenal Mazzarino.

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad  
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Gentileza de www.olmoediciones.com para 

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