Sábado, 30 Septiembre 2017 21:00

Marcelo T.

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El año próximo se cumplirán 150 años del nacimiento de Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, quizás el mejor presidente que haya gobernado sobre los argentinos.

 

A un lustro de celebrar el comienzo de su mandato, no podemos dejar de evocar esa época de esplendor, con un crecimiento del 8 % anual –el preanuncio de las que serían llamadas tasas chinas- y un notable florecimiento en las artes, las ciencias y la industria (el primer Ford se fabricó fuera de EE.UU.), que convirtieron a la Argentina en un faro para el mundo. Durante su gobierno llegaron 2.000.000 de inmigrantes.

Fue don Marcelo un tipo comprometido con su tiempo y su tarea ejecutiva. Un hombre que pagó de su bolsillo gastos de representación cuando el país era visitado por figuras de todo el mundo, como el Príncipe de Gales y el Maharajá de Kapurthala.

Fue un hombre que puso su fortuna al servicio del país, en lugar de aprovecharse de su puesto para hacer fortuna. Sin embargo, y a pesar de esto, de su indiscutible vocación de servicio, recibió críticas de su partido, la Unión Cívica Radical, porque convocó figuras extrapartidarias para conformar un gabinete de lujo y sufrió a lo largo de su gobierno ¡570 paros! Es decir una huelga cada tres días –aunque ninguna fue tan sangrienta como la Semana Trágica o la Patagonia Rebelde que habían opacado el gobierno de su predecesor y correligionario, Hipólito Irigoyen (curiosamente recordado como un gobierno populista).

Obviamente hubo represiones y entre los tristes episodios a recordar está la llamada “Masacre de Napalpi” en la que se reprimió a los Qom del Chaco, que eran utilizados como mano de obra barata por el boom del algodón.

Mientras don Marcelo lidiaba con la dirigencia vernácula, en Rusia se afianzaba el régimen soviético después de la revolución de octubre del ’17, la derrota del Imperio durante la Primera Guerra Mundial y una larga y sangrienta guerra civil, donde Trotsky al frente del ejército rojo (a pesar de su nula experiencia militar), impuso con mano de hierro sus condiciones.

Este éxito de los bolcheviques se convirtió en el ejemplo a seguir por los partidos de izquierda diseminados por todo el mundo. Un grupo minúsculo, como eran los 60.000 afiliados al partido conducido por Lenin, se impuso en un país de 150.000.000 de habitantes, quienes en su mayoría querían establecer una democracia aunque primaba entre los distintos grupos, diversas intenciones y modalidades.

La actitud dubitativa del nuevo gobierno de Kerenski (el Zar había abdicado en febrero) y el desorden social por la continuidad de la guerra permitieron que los bolcheviques asaltasen el Palacio de Invierno y lo intimasen a renunciar.

Como los bolcheviques perdieron las elecciones, recurrieron a las armas para eternizarse en el poder, una modalidad que luego vimos en Angola, Cuba, Vietnam, etc., etc., y ahora en Venezuela.

La sucesión de huelgas, las amenazas de paro general, las marchas, cortes, piquetes, las tomas de colegios y los reclamos por represión son mecanismos calculados y copiados de manuales revolucionarios, que en nuestro país cuentan con aliados impensados como este grupo de sacerdotes autotítulados “Curas Opción por los Pobres” que critican a la ¿”dictadura”? y a la ¿”represión”? del gobierno de Macri, además de tener afirmaciones como “no se puede ser cristiano y neoliberal” y “no se puede darle el voto a un gobierno como este” (Sic). Se autotitulan “herederos de los sacerdotes para el Tercer mundo”, los mismos que sembraron la discordia que terminó en una guerra civil en los ‘70. Digo yo ¿la Iglesia no aprendió de los desastres que asistieron a ocasionar hace 40 años? ¿Acaso van a bendecir las armas de los revoltosos?

¿Nunca aprenderán? ¿El Papa va a permitir que se repita la historia? ¿Están dispuestos a apoyar a una mujer que niega toda responsabilidad en el desastre del Once? ¿Están dispuestos a apoyar a alguien que mintió, engañó, robó y mató gente con su desidia? Es una locura. Pero, por lo visto, hay muchos locos…

Efectivamente a la humanidad le cuesta mucho aprender, y ni siquiera lo hace de sus errores. Los argentinos ¿somos más humanos que los demás humanos? ¿Cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra?

Después homenajeamos a hombres como Alvear (que pudo terminar su gobierno), y como Alfonsín, Frondizi e Illía, que no pudieron hacerlo, siendo víctimas del espíritu alborotador, criticón, hipócrita, pseudo revolucionario y poco tolerante de sus connacionales. ¿Aprenderemos algún día o estos curas trasnochados nos van a mandar al infierno? …porque ya estuvimos cerca una vez.

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad  
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