Domingo, 26 Noviembre 2017 21:00

Submarino: el tiempo confirma lo que se supo en los primeros días de búsqueda - Por Nicolás Wiñazki

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Los primeros cables reservados de la Armada hablaron  de que el San Juan estaba “a la deriva”. También se mencionó la explosión en las baterías.

 

El cable está clasificado como “CONFIDENCIAL”. Fue emitido por la Armada Argentina el viernes 17 de noviembre. Dos días después de que se perdieran las comunicaciones entre los comandos en tierra firme y el submarino A.R.A. San Juan.

“CASO SARSUB SUBMARINO SAN JUAN”, se titula el parte interno, que ya pedía que se tomaran acciones al respecto: “DESTACARSE EN DERROTA DIRECTA SIGUIENTE ÁREA DE BÚSQUEDA ASIGNADO D2”. Y explicaba el por qué: “OBJETIVO MATERIAL: SUBMARINO A LA DERIVA”.

La Armada daba ese mismo viernes una zona probable para encontrar al San Juan.

Dos días antes había ocurrido el último diálogo entre el capitán de navío a cargo del submarino y sus controladores navales.

El ministro de Defensa, Oscar Aguad, estaba en Vancouver, Canadá, en una visita relacionada a su cargo. El jefe de la Armada, Almirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur, lo llamó para avisarle de la noticia preocupante. Se había cumplido el plazo que establece el protocolo de la Marina que debe esperarse para informar a la cadena de mandos sobre la desaparición de un buque como el San Juan. Aguad volvió a la Argentina.

El tema había tomado trascendencia pública.

La propia Armada explicó en Twitter, ese viernes 17, el inicio del drama: “La #Armada se encuentra realizando las operaciones para retomar comunicaciones con el submarino ARA San Juan con quien se perdió enlace durante su tránsito desde #Ushuaia hacia #MarDelPlata...”. Algo grave había pasado. Y la Marina lo sabía.

El Gobierno también estaba al tanto, confirmaron a Clarín fuentes de la Armada y funcionarios de cinco secretarías y ministerios nacionales.

Los familiares de los tripulantes fueron convocados a la Base Naval de Mar del Plata.

Mauricio Macri viajó ese viernes a la residencia de descanso de los Presidentes, en Chapadmalal. No iba a poder descansar nada.

Clarín reconstruyó gracias a las fuentes antes mencionadas, y a otras vinculadas a fuerzas militares del extranjero, que el capitán de Fragata a cargo del submarino, Martín Fernández, se había comunicado con sus jefes navales para que contarles que su nave había sufrido “averías”: no funcionaban las “baterías”.

Tras un primer llamado avisando de ese desperfecto, los jefes del San Juan lograron retomar la comunicación a las oficinas navales en el continente: “Las averías fueron subsanadas”, habría afirmado el capitán. Y habría contado, además, que igualmente su buque estaba afectado por esa situación: navegaba a solo “cinco nudos”.

Recién ayer, tras cumplirse diez días de la desaparición del San Juan, el vocero de la Armada en este caso, Enrique Balbi, aceptó que el comandante del San Juan había alertado que hubo un principio de “falla eléctrica en el compartimiento de baterías de proa en la madrugada del miércoles. Y que a las 7.30 volvió a comunicarse por teléfono satelital informando que la avería había sido subsanada, que tenía propulsión con el circuito eléctrico de popa y que seguía sin novedades rumbo a Mar del Plata, que siempre fue el destino final”.

El portal Infobae publicó la primera noticia de la desaparición del San Juan el jueves 16, es decir, un día después de la pérdida del submarino. Esa nota reproduce otro parte interno de la marina con título inquietante: “DECLARO SUBMISS POR SOSPECHA DE SUBMARINO (SUSJ) EXTRAVIADO”. El artículo ya daba exactitudes respecto sobre el desperfecto en las baterías.

Balbi, que por su modo de hablarle a la prensa fue elogiado por Macri en la intimidad, contó ayer otra novedad tardía: “El submarino estaba operando junto a otras unidades de la flota de mar, en tareas de control de la zona económica exclusiva”. ¿Esas “otras unidades” fueron en rescate del submarino cuando éste ya no volvió a comunicarse con tierra? Otro enigma que se investigará una vez que se encuentre al San Juan.

Según estimaciones de la marina de los Estados Unidos, el submarino habría caído desde una profundidad menor al insondable fondo abisal del mar: los hombres de mar norteamericanos creen que está detectado “pero no visible”, a mucho más de 500 metros bajo la superficie marítima.

En el principio de esta tragedia, la relación entre la Armada y el Gobierno fue muy mala.

El viernes 17 por la noche, fuentes oficiales que controlaban la búsqueda del submarino perdido, le aseguraron a Clarín que se habían registrado siete intentos fallidos de llamadas realizadas desde el submarino. Pero al día siguiente, el Ministerio de Defensa emitió un comunicado afirmando que esas posibles siete llamadas del San Juan se habían producido ese sábado, y no antes.

Después se aclaró que jamás habían existido esos intentos de llamada desde e San Juan. El intercambio de información entre la Armada y Ministerio de Defensa era en principio, pésimo. Con el paso de los días, esa situación se mejoró. Pero el San Juan ya no estaba bajo posibilidad de rescate, algo que en la Casa Rosada no admitían en público.

Varios funcionarios nacionales afirmaban, siempre en privado, que era cierto lo que había informado la Oficina Internacional de Escape y Rescate de Submarinos (ISMERLO, por sus siglas en inglés): el organismo había detectado al submarino, “sin propulsión”, a 70 metros de profundidad de la superficie, y a una distancia de la costa de Chubut de 300 kilómetros.

A esa altura de la cronología espantosa, el Ministerio de Defensa ya había logrado poner en marcha un operativo internacional de ayuda para encontrar al San Juan. Las máximas potencias del planeta, como Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia, entre otra decena de países, se pusieron a disposición de la Argentina.

El miércoles 15 de noviembre, el día que el submarino se hundió, la “Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares” (CTBTO, en sus siglas en inglés) detectó “una señal de un evento impulsivo debajo del agua”, que había ocurrido “cerca de la última posición conocida del submarino argentino San Juan”.

El comunicado admite en un párrafo que todo esto fue conocido por Buenos Aires: “Detalles y datos se están compartiendo con las autoridades argentinas para asistir en la búsqueda del submarino”.

Con esa información chequeada por el embajador de Austria, el experto en temas nucleares Rafael Grossi, la Armada comunicó lo que ya decían los diarios: el San Juan había sufrido “un evento violento consiste con una explosión”.

Los familiares de los cuarenta y cuatro tripulantes del San Juan, contenidos por la Armada en la Base Naval de Mar del Plata, explotaron de dolor, llanto y bronca.

El presidente Macri los había visitado el domingo 19, una vez que estuvo garantizada la ayuda internacional para intentar encontrar al San Juan.

Macri había llegado a Chapadmalal hacía dos días.

Volaba en helicóptero cuando su hija, Antonia, se puso muy nerviosa porque la turbulencia hacía oscilar demasiado a la aeronave. Macri le ordenó al piloto que aterrice.

El Presidente bajó en un campo de la zona, y le pidió a las personas que miraban atónitas la escena si podían llevarlo en auto a la residencia oficial.

Clamaba el viento. Rugía el mar.  

Nicolás Wiñazki

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