Sábado, 16 Diciembre 2017 21:00

De globofóbicos a Macrifóbicos - Por Silvia Mercado

Escrito por

El Ministerio de Seguridad se preparó para enfrentar la furia de manifestantes contra la reunión de la OMC. En su lugar, tuvo que lidiar con los que le tienen fobia a Macri, minorías que le temen irracionalmente y actúan con violencia

 

En el PRO todavía se acuerdan del violento ataque a la Legislatura que se vivió en la Ciudad de Buenos Aires el 15 de julio de 2004. Fueron horas dramáticas para los legisladores y empleados que estaban adentro del edificio, porque por varias horas no tuvieron el auxilio de la Policía Federal, y se defendieron con una pequeña dotación que respondió el intento de copamiento con mangueras con agua.

Columnas del Polo Obrero, la Corriente Clasista y Combativa, la Federación Tierra y Vivienda y la CTA Capital, junto con grupos de prostitutas, travestis y vendedores ambulantes, se oponían al tratamiento del Código Contravencional y lograron evitar la sesión, para la que el oficialismo (Aníbal Ibarra era el jefe de gobierno) tenía los votos. El vicepresidente 1º era Santiago de Estrada. En la sesión siguiente, el Código fue aprobado y es el que rige en la actualidad.

Por la oposición, ya eran legisladores Marcos Peña, Gabriela Michetti, Diego Santilli, Paula Bertol, Soledad Acuña. Mauricio Macri había perdido el año anterior las elecciones en segunda vuelta y ni siquiera era diputado, posición que obtuvo recién en el 2005; sin embargo, ya estaba posicionado como líder de oposición. Y en declaraciones al diario La Nación dijo que "el Estado estuvo ausente y se mostró absolutamente incapaz de garantizar un debate democrático. Estamos en manos de los violentos y no nos damos cuenta de que eso genera más exclusión y más pobreza".

El actual ministro de Seguridad de la Ciudad, Martín Ocampo, no era legislador entonces. Pero sí en noviembre del 2011, cuando el PRO quiso aprobar la Ley de Juntas Docentes y los gremios instalaron una carpa en la noche anterior para que al día siguiente los legisladores no puedan ingresar. Después de muchas horas, lograron hacerlo, por una entrada desconocida para los docentes, pero estuvieron ocho horas encerrados y sin respaldo de las fuerzas de seguridad, hasta que después de largas negociaciones, finalmente la Policía Federal liberó las puertas, algunas incendiadas. Al mes siguiente, la ley fue aprobada.

En el peronismo, en cambio, tienen muy fresca la memoria de la toma del Congreso Nacional que hubo el 30 de diciembre de 2001. No estaba sesionando, pero el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, fue al otro día a evaluar los destrozos que había provocado un grupo de vándalos que sortearon las vallas, forzaron el portón de ingreso que solo se abre para las ceremonias oficiales, el que da a la avenida Entre Ríos, y quemaron cortinas, sillones, escritorios.

Desde esa jornada que está formateada en la memoria de la militancia como el pico de una lucha que los llevó al alcanzar el reino en este mundo, ya que en la calle consiguieron el final del gobierno de Fernando de la Rúa y -luego de un interregno de virtual cogobierno entre peronismo y radicalismo- el regreso de "los días más felices" (de Perón y Evita a Néstor y Cristina), ninguna institución pública los intimida. No importa si la democracia representativa, formal, burguesa y antiobrera tiene las mayorías para disponer otro camino. Lo que no se consigue por los votos, se consigue contra los votos y en la calle. Así de sencillo.

El Ministerio de Seguridad tuvo la información de que el miércoles por la noche había grupos que pretendían hacer un acampe frente al Congreso, y se decidió a evitarlo. Les pareció obvio que trataban de impedir la sesión especial del día siguiente. Habían comprobado que los diputados buscaron que no firmara el dictamen con la reforma provisional, facilitando el ingreso de militantes al plenario de comisiones, a razón de 10 personas por diputado, que hicieron un trabajo hormiga impecable, que estalló en vivo y en directo por las cámaras de todos los canales apostados para seguir la discusión.

El acampe fue evitado con efectivos de Gendarmería que se apostaron con perros. Uno de ellos mordió al diputado Leonardo Grosso, que increpó a un gendarme. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, le preguntó a la ministro Patricia Bullrich sobre el episodio, y ella le explicó que "los perros son irracionales, no saben si el que insultó al oficial era diputado o no". Al otro día, igual, no hubo perros.

Después del dispositivo del jueves, Peña volvió a preguntarle a la ministro por qué se usaron tantos gendarmes. Ella le habló del protocolo disuasivo, muchos efectivos para desalentar a los manifestantes violentos. Al otro día, Presidencia decidió hacer lugar a las protestas de "Lilita" Carrió y el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y será la Policía de la Ciudad la que tratará de evitar que se impida la sesión.

El Ministerio de Seguridad se viene preparando desde hace un año para las protestas globofóbicas que esperaba para la Cumbre de Ministros de la OMC que se hizo esta semana que pasó, y la reunión de presidentes del G20 que tendrá lugar en noviembre del año próximo, que tiene la antesala de más de 50 reuniones previas. En los países centrales se apela básicamente a la disuasión con una cantidad desmedida de efectivos que son entrenados en técnicas disuasivas y la utilización de armamento disuasivo (no letal).

Hemos visto en los noticieros cómo actúan los globóficos. Agreden, insultan, escupen, tiran piedras, obligan a que las fuerzas policiales muestren su brutalidad. Mientras, otros grupos destrozan el mobiliario urbano, los coches de trabajadores, florerías y locales cercanos. Antes, preparan ocupaciones varias y se organizan para que abogados y políticos afines los saquen de los destacamentos policiales a donde son llevados cuando termina la represión.

Pero en Buenos Aires las fuerzas de seguridad tuvieron que lidiar con los Macrifóbicos, grupos ideológicamente transversales, desde el kirchnerismo hasta el massismo, pasando por las distintas vertientes de la izquierda troskista y organizaciones con base social como el Movimiento Evita y la Corriente Clasista Combativa y sindicales como las CTA y gremios que se volvieron altamente combativos, como el Bancario, que conduce Sergio Palazzo.

Igual que los globofóbicos, los que le tienen fobia a Macri son personas profundamente convencidas de que destrozando lo que encuentran podrán lograr sus objetivos. Que desde que apareció Macri en la escena política no haya parado de ascender es algo que no registran. Prefieren ser consecuentes con sus aversiones antes que tomar en cuenta la realidad. Tampoco los globofóbicos evitaron que la globalización se extienda a los países comunistas y hasta islámicos. Seguirán en la suya. Quizás la globalización no sería tan exitosa sin ellos.

Como sea, un Macrifóbico mira al Presidente y ve la mismísima personificación del horror. Es una especie de trastorno emocional que lo lleva a actuar, instintivamente, en su contra. Macri es la prueba fehaciente de que todo en lo que creyó, pudo haber estado equivocado. Lo mejor es que no exista más, hacerlo desaparecer, matarlo de cualquier manera que sea posible.

Como los globofóbicos, los Macrifóbicos no pueden aceptar las normativas de la democracia cuando les conviene, momento en el que buscan invalidarla rompiendo las reglas y llevando las discusiones por fuera del sistema. Si son minoría, o se transformaron en minoría, es porque el pueblo fue engañado y como la fobia provoca severos trastornos de ansiedad, no pueden esperar a las próximas elecciones.

El miedo desproporcionado que Macri genera en muchos argentinos es un asunto que seguramente el Presidente llevó a terapia. Es verdad que sus ideas no son de izquierda, pero también es cierto que fueron más represivos los gobiernos comunistas o populistas que los de derecha, sacando -por supuesto- a las dictaduras militares latinoamericanas de la década del 70.

Sigmund Freud decía que la fobia es una enfermedad de lo imaginario, un problema netamente psicoanalítico, producto de la angustia a la castración. No sabemos cómo eso se traslada a la verdadera situación de angustia social que Macri provoca en franjas altamente ideologizadas de argentinos, que están convencidas de que estamos en presencia de un monstruo al que hay sacar del medio. Quizás podrían probar con evitar la violencia. Si alguna razón tenían, la perdieron ante los ojos de la población con la maniobra de evitar que la Cámara sesionara.

Silvia Mercado  
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…