Omar López Mato

Cada período histórico tiene su relato, y a su vez un revisionismo a la luz de los acontecimientos que los miembros de esa sociedad han vivido. El kirchnerismo al igual que otros regímenes tuvo la particularidad de rodear sus actos de una cosmovisión política.

Siempre fui muy malo jugando al fútbol. Lo que se dice, un tronco. Era el último en ser elegido en la selección de equipos y quedaba para arquero o defensor. La verdad es que mucho no entendía las reglas. ¿Qué era un foul? ¿Cuándo era penal? ¿Off side? Y menos entendía cuando las reglas cambiaban y jugábamos sin árbitro. Eso era asegurarse un final de pugilato.

 “El dilema del doctor” es una obra de teatro escrita por Bernard Shaw en 1906, en ella se plantean las dificultades en las elecciones de los médicos. En este caso, se trata de un notable profesional, que debe elegir a quien salvar con un novedoso tratamiento que acababa de descubrir. Las posibilidades eran limitadas, y el doctor llamado Redpenny, debe elegir entre una persona noble y generosa, pero de intelecto limitado, y un joven brillante e inteligente pero vanidoso y antipático.

 

Según José Ortega y Gasset, “la vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o que carece de importancia”.

 

Se llama Babyboomers a todos aquellos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial y hasta comienzos de los setenta.

 

La historia, como la vida de cualquier persona, se construye sobre los pequeños/grandes detalles. Y en los detalles está el diablo. Una expresión dicha con furia es un mensaje y con ironía, quiere decir otra cosa.

 

Recuerdo claramente cuando después de tu desgraciado accidente abrazaste la carrera política, como embanderado de un peronismo que te era ampliamente ajeno. Las cámaras enfocaban tus labios cuando debías cantar la “marchita” en los actos partidarios. ¡Ni la letra sabías! Ahora tuviste oportunidad de aprenderla, aunque hoy te pese el “todos unidos triunfaremos”.

 

Ha pasado un año desde las últimas elecciones.

Muchas cosas han cambiado, pero otras persisten.

 

 “No atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez” - Principio de Hanlon

 

No resulta extraño que un gobierno centralista y dominador como fue el de la Sra. Fernández de Kirchner haya consagrado el aniversario de la batalla de Vuelta de Obligado como el Día de la Soberanía, pretendiendo elevar a Juan Manuel de Rosas como paladín del nacionalismo vernáculo, a falta de mejor figura para ocupar dicho sitio.

 

Ha muerto Fidel Castro, un tirano latinoamericano.

No fue uno más de la larga lista de sátrapas sudamericanos, Fidel se erigió en el líder indiscutido de estos hipócritas conductores de masas que con la palabra revolución a flor de labios convencieron a muchos incautos a involucrarse en grandes experimentos sociales que terminaron en desastre.

 

No hizo falta llegar al diario del lunes, con el diario del miércoles todos supimos que ganaba Trump, y estos días una avalancha de autores en el mundo brindaron explicaciones deterministas de lo acontecido.

 

El peronismo es un síndrome caracterizado por la rigidez marmolea del rostro, una desmemoria que los lleva a frecuentes y múltiples contradicciones, alianzas impensadas y afirmaciones temerarias.

 

Cuando el Archiduque Francisco Fernando de Asturias cayó víctima de  los anarquistas serbios nucleados en el grupo sedicioso llamado Mano Negra (nunca mejor nombre) pocos pensaron que el mundo terminaría en una sangrienta conflagración.

 

Era el mejor de los tiempos y a su vez el peor de los tiempos. Era la edad de la sabiduría y la edad de la estupidez…y todos nos íbamos directamente al cielo o en el otro sentido.

 

Cuando von Braun ingresó a los EEUU como investigador en el marco de la operación   Paperclip después de la Segunda Guerra Mundial, lo primero que vio fue un enorme cartel del Uncle Sam con el consabido aviso de “I want you” (te quiero a ti).

 

La enseñanza de la Historia está llena de inexactitudes, exageraciones y simplificaciones que llegan a la mentira. Muchas veces se cae en estos excesos para construir la identidad nacional, aunque a nadie le importe si la verdad muere en el camino.

 

Los desfiles del 9 y del 10 de Julio le devolvieron al país su ejército. Una patria no está completa sin su ejército y menos aún si tarda 34 años en honrar a sus ex combatientes.

Cómo en el tango que dice, “veinte años no son nada”, podríamos afirmar que doscientos es un poco más de errores, excesos, desconsuelos y aciertos.

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