Francisco Sotelo

La inflación es una fábrica de pobreza, que permite prolongar en el tiempo lo que el historiador Tulio Halperin Donghi definió como "una larga agonía". 

Es probable que pocas veces antes se haya visto una crisis de poder debida al descalabro interno de un gobierno, como la que estamos presenciando desde el domingo en la Argentina. En lo que parece una pausa en la crisis, Alberto Fernández “honró el pacto” con Cristina Kirchner, que lo depositó en la presidencia.

 

Con más de 90.000 muertos por COVID y una curva de defunciones diarias que crece impiadosamente, queda claro que el problema sanitario es el más urgente de nuestro país, cuya estructura hospitalaria y preventiva se ha visto desbordada por una gestión ineficiente de la pandemia.

 

 

Dice el historiador francés Pierre Nora: "La memoria depende en gran parte de lo mágico y solo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos".

La presencia del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, en Formosa dejó perfectamente en claro que el único motivo de su viaje fue el de legitimar a Gildo Insfrán.

Da la impresión de que "el gobierno de científicos" tarda en aparecer. La descoordinación y la improvisación pasan a convertirse en un hábito. El canciller no estuvo en el encuentro virtual de Alberto Fernández con Joe Biden. No estuvo porque fue a Olivos y la reunión era en la Casa Rosada. Parece increíble, pero es real.

“Supongo que desde el lunes comenzará una negociación y confío en que el Gobierno llegue a un acuerdo razonable; si es así, y nosotros actuamos con racionalidad en adelante, sin caer en las irresponsabilidades de siempre, podemos encontrar un camino de salida”.

 

 

La pandemia muestra lo mejor y lo peor de los argentinos. Desde la solidaridad y el altruismo extremos, hasta la mezquindad de lucrar con la necesidad ajena.

 

 

La agraviante referencia de Elisa Carrió a la muerte de José Manuel de la Sota no es un exabrupto, un error o una grosería: es un síntoma. Quien pondera una tragedia como beneficio en el mundo de la política es alguien que preanuncia la fragilidad de su propia posición, o la de su fuerza. Aunque se trate de un "lapsus".

 

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