Hablemos de Historia


 

Cuando Sergio, el Profesor de la serie La casa de papel, explica a sus discípulos que van a atracar al Banco de España, las consecuencias nefastas que tendrían sobre la economía la noticia del robo del oro de la reserva nacional, hace mención del descalabro financiero que sufriría la nación. Además de la caída de la Bolsa, el riesgo país después de perder todas sus reservas "subiría a 800 puntos y España no tendría respaldo crediticio internacional. Entonces deberán negociar".

 

Hoy le podríamos contestar al General Perón que todos hemos visto un dólar, pero éste siempre se nos escapa.

 

 

Que me perdone don Vicente López y Planes y también Blas Parera, pero las circunstancias han cambiado desde 1813 a la fecha y algunas partes del texto de nuestra marcha patriótica han perdido actualidad. Ya esa frasecita de "a sus pies rendido un león'' había ocasionado algunos problemas con la colectividad española, cuyos diplomáticos se retiraban de los actos oficiales cuando se entonaba dicha estrofa. Hoy día el único león que se puede postrar es el del zoológico -y no estoy muy seguro de que continúe en exhibición-.

 

 

Hay cosas que no volvieron a ser iguales después de Edward Bernays... y, sin embargo, no sabemos o (mejor dicho) no queremos saber que somos tan vulnerables. Nos gusta creernos independientes, que tomamos nuestras decisiones, y elegimos sin restricciones ejerciendo nuestro libre albedrío. “La gente raramente está consciente de las razones reales que motivan sus acciones”, sostenía este sobrino de Sigmund Freud, siguiendo la prédica de su tío.

 

 

Vivimos en una época apocalíptica. El fin de los tiempos se avecina. Pandemias, plagas, sequías, asteroides amenazantes, políticas rampantes, criptomonedas esquivas (ya de por sí la palabra cripto tiene reminiscencias tenebrosas), cambio climático y pronósticos de millonarios predicen la llegada del fin de los tiempos.

 

 

Fue filósofo, científico, escritor de novelas, autor de obras teatrales y poemas. Estuvo preso varias veces (dos de ellas en la tenebrosa Bastilla), y debió exiliarse en más de una oportunidad por sus ideas políticas.  Ganó una fortuna en la lotería con un método ingenioso (y legal) lo que le permitió sostener un tren de vida desahogado. Se codeó con reyes y aristócratas pero exigía  que las leyes fuesen iguales para todos ,además de promover como pocos la libertad religiosa (aunque murió en la fe de sus mayores).

 

 

El general Facundo Quiroga huyó con lo puesto después de ser derrotado en Oncativo por la implacable maquinaria bélica del general Paz. En pocas horas el ejército de Facundo fue pulverizado.

 

 

Al contrario del cantito setentoso que proclamaba el fin de la dictadura militar, la dictadura digital ha llegado para quedarse. Si bien hace años que evoluciona insidiosamente en muchos ámbitos, como el bancarios e impositivos, desde el inicio de esta pandemia, la dictadura ha cerrado filas e invadido todos los aspectos de nuestra vida.

 

 

Los culpables de asesinar a Facundo Quiroga fueron fusilados, colgados frente al Fuerte de Buenos Aires y sus cuerpos expuestos como escarmiento, para que "sirva de espanto'', como había escrito Juan Manuel de Rosas al enterarse de la muerte del Tigre de los Llanos, al volver de una misión por el Norte del país.

 

 

La sombra del ministro de propaganda del Tercer Reich, está entre nosotros. Sus principios, las ideas que propuso, y la propaganda que llegó a endiosar a un hombre en una nación que había perdido su amor propio, están vigentes en este mundo mediático, donde un candidato se promociona con la misma estrategia con la que se vende un calefón.

 

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