Hablemos de Historia


El 10 de julio de 1919, Wilson fue al Senado a explicar la extensión de este logro. “¿Podremos romperle el corazón al resto del mundo rechazando esa ofrenda?”, preguntó y la respuesta de la oposición fue contundente: “Sí, podemos”.

Cada acontecimiento histórico merece distintas miradas que cambian de generación en generación. Es un fenómeno inevitable y a su vez necesario. Cada tanto (¿25 años?) se rescribe la historia o, mejor dicho, la percepción de esos actos y cómo influenciaron en las generaciones posteriores.

El 16 de noviembre de 1952, el primer ministro de Israel, David Ben-Gurión, le escribió una carta a su amigo Abba Eban, jefe de la diplomacia de su gobierno, y le solicitó que se contactara con Albert Einstein para que aceptara la presidencia del Estado de Israel.

En los países de economía agropecuaria, las lluvias o las sequías y la política van de la mano. En Roma la escasez de trigo asistió a la caída del imperio. Las hambrunas que azotaron a Europa durante el siglo XIV por las inclemencias del tiempo preanunciaban la Reforma, una rebelión contra el dominio de la Iglesia de Roma. La Revolución Francesa de 1789 se debió, en parte, al fracaso de las cosechas y el consiguiente encarecimiento de los alimentos.

Los dedos en V tienen una larga y cambiante historia a lo largo del tiempo y las geografías. Si bien existe iconografía católica que muestra a Cristo con los dedos en V, la primera vez que se registra su uso fue cuando Enrique V, al frente de un maltrecho ejército de ingleses, se impuso a lo más granado de las tropas francesas logrando capturar al Rey francés. Carlos IV, el monarca galo, había fanfarroneado ante todo el mundo que, una vez derrotado su enemigo, les haría cortar los dedos índices y mayor a todos los arqueros ingleses.

El sábado por la noche se agregó una perlita a la pléyade de sandeces que escuchamos desde hace años y que últimamente se multiplican a un ritmo estremecedor.

El pasado domingo 7 de agosto durante el acto de asunción como presidente de Colombia de Gustavo Petro, el rey Felipe VI de España decidió no rendir honores al sable de Bolívar y permaneció sentado mientras los demás mandatarios se ponían de pies.

De la historia oficial a la extraoficial, un recorrido por las relaciones del general: desde Remedios y su vínculo con Merceditas hasta los amoríos de una ajetreada vida galante

Cuando se habla de hiperinflación es inevitable asociarla con el proceso económico alemán de la postguerra, olvidando que no fue el primero –esto aconteció durante la Revolución Francesa–, no fue el más grave (la peor fue la de Hungría), ni es cosa del pasado (Venezuela y Zimbabue sufrieron procesos hiperinflacionarios hasta hace poco).

Las excolonias españolas son herederas del imperio donde nunca se ponía el sol, con algunas virtudes y muchos vicios que incluyen una pesada estructura burocrática y una desaforada corrupción, muchas veces lideradas por los mismos monarcas. Si debemos elegir alguno que se lleve la corona -por así decirlo- esta elección caería, después de una reñida final, en la reina Cristina de Borbón, esposa del impresentable Fernando VII (que era su tío) y madre de la inútil Isabel II. Aun los panegiristas de Cristina (pocos, pero existen) reconocían "su acuciante deseo de enriquecerse''.

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