Imprimir esta página
Martes, 26 Enero 2021 12:04

El Reino de la hipocresía - Por Omar López Mato

Escrito por

 

María Elena Walsh cantaba al Reino del revés y muchos argentinos sentíamos que ese reino, supuestamente imaginario, era nuestro país donde “un ladrón es vigilante y el otro es juez y dos más dos son tres”. Sin duda, una dolorosa auto referencia…

 

Entre los reveses de este Reino impera la hipocresía, una mentira de los sentimientos, una “actuación” premeditada, la característica más sobresaliente, contradictoria y banal de este gobierno, un conjunto de mediocres (quizás sea muy generoso con este epíteto) que hasta no hace mucho despotricaban con fuego en la boca contra la Reina de Tolosa… pero cuando vieron que ella podía llevarlos una vez más al poder, se alinearon tras la arquitecta egipcia olvidando las blasfemias que , pocos meses antes, habían escupido ante cada micrófono que ponían a su alcance.

No es nueva esta hipocresía. No es que los argentinos la hayamos inventado. No, no somos tan ingeniosos. No somos únicos ni inventamos nada, lo que si hemos hecho es perfeccionar nuestros vicios. Al igual que la corrupción, las prebendas y el clientelismo, a la hipocresía la cultivamos desproporcionadamente.

 Nos matan los excesos.   

Y es que nacimos con poco apego a las normas y a la moderación, una tendencia plasmada en una fórmula de la que abusaban nuestros cabildantes: “Se honra, pero no se cumple”, inscripta en los decretos reales que no creían convenientes. Para aplicar en esta colonia. Esta frase encierra una buena dosis de hipocresía y soberbia además de simular un respeto que no llega a ocultar al desprecio.

Crecimos en el Reino de la hipocresía. Fuimos libertarios escondidos bajo la máscara de Fernando VII. Peleamos contra los ejércitos españoles mientras la bandera del Rey ondeaba sobre el fuerte de Buenos Aires (recién se la arrió en 1815). Declaramos nuestra independencia casi al mismo tiempo que Rivadavia negociaba en Madrid una nueva subordinación a la Corona (afortunadamente para Bernardino, lo echaron a patadas del palacio real por hipócrita). Los más conspicuos líderes federales tenían fuertes inclinaciones unitarias y al final establecimos, después de muerte y violencia, una República federal, pero de un acentuado centralismo.

"Federación o muerte”, clamaban los caudillos y hoy esas provincias viven de la coparticipación del gobierno nacional. La sangre derramada siempre fue negociada.

No es que esto no acontezca en otras partes del mundo ni en otros tiempos, lo nuestro es la exaltación ad nauseam. Sufrimos dictaduras que decían defender las leyes de la nación y un presidente en el exilio que se alió con cuanto mocoso imberbe lo ayudase a volver al poder. Vivimos una guerra civil pero solo cuentan las muertes de un bando. Se exageraron los números de víctimas porque resultó ser un espléndido negocio. El curro continúa. 

La pareja presidencial a duras penas podía convivir bajo el mismo techo, pero simulaban una felicidad conyugal en aras de una imagen ficticia y romántica.

Con esta hipocresía, fuimos los “vencedores morales” de guerras, campeonatos y causas perdidas…

Pero nada puede compararse con esta parodia que vivimos a diario, un gobierno títere instituido al solo fin de lograr la impunidad de la “Señora”.

Con este propósito, toda contradicción, mentira, o tergiversación de los datos es indispensable para lograr el cometido. Lo hacen sin sonrojarse y hasta puede ser que se hayan auto-engañado negando en forma patológica lo ya dicho y ha quedado registrado. Disonancia cognitiva, dirían los psiquiatras, aunque para los demás sea una vulgar hipocresía por conveniencia.

Con la misma vara miden la economía, la salud y la educación, mienten con cara de póker sabiendo que siempre habrá estultos que le crean y se la crean. Les falta decir “vamos ganando” (bah, ya lo han dicho). Con estas mentiras nos gobiernan y nos llevan hacia una de las crisis más profundas que no solo van a trastocar las variables económicas sino los principios que permiten a las naciones progresar. Solo nos espera desasosiego y pobreza. Nos venderán como lo hacía ese gobierno orwelliano, que la guerra es la paz, que la mentira es verdad y que no hay delito “que no pueda ser tolerado cuando nuestro lado lo comete”.

En este contexto, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario y lo importante es que todos los que compartimos esta idea tengamos conciencia de nuestra fuerza, porque la docilidad es inconducente ante mentes obnubiladas por la mentira, el engaño y la hipocresía.    

Dr. Omar López Mato

Omar López Mato

Latest from Omar López Mato

We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…