Domingo, 25 Abril 2021 10:00

La tragedia de Mario Meoni obligó al Gobierno a suspender el anuncio de nuevas restricciones - Por Nicolás Wiñazki

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El viernes por la noche Alberto Fernández y Axel Kicillof debatieron qué hacer frente al aumento de casos. El impacto por la muerte del ministro frenó todo.

Hasta el viernes a la medianoche, el Gobierno se encaminaba a preparar un nuevo plan para enfrentar a la pandemia que en el oficialismo se considera creciente. El presidente Alberto Fernández y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kiciloff, se habían reunido durante dos horas y quince minutos en la Casa Rosada junto al viceministro de Salud, Nicolás Kreplak. Entre otras variables sanitarias, estudiaron la ocupación de camas de terapia intermedia e intensiva en la Provincia, y diferentes hipótesis sobre el crecimiento de contagios de Covid-19 en la Provincia y en la Ciudad de Buenos Aires. Concluyeron que la situación se acercaba demasiado a una crisis inminente.

Dejaron de lado y no consultaron sobre el tema a las autoridades de la Jefatura Porteña, al mando de Horacio Rodríguez Larreta. Terminaron el encuentro alrededor de las ocho y media de la noche.  Según fuentes del oficialismo y de la oposición al tanto de esa trastienda, el Jefe de Estado y el gobernador habrían consensuado que en los próximos días anunciarían la implementación de nuevas medidas para imponer aún más restricciones a la movilidad de las que ya se habían impuesto la semana anterior.

Esa comunicación a la sociedad habría sido agendada para hoy a la noche. Estaba previsto que ayer por la tarde continuarían las reuniones entre los equipos políticos y técnicos gubernamentales. Entonces murió el ministro de Transporte, Mario Meoni, un dirigente respetado y querido no solo por el Gabinete y el Presidente, sino también por dirigentes de la oposición.

Fernández recibió esa noticia que nunca hubiese querido escuchar de boca del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, amigo y jefe político de Meoni, que llamó al celular presidencial hacia la medianoche del viernes.

Ni Fernández ni Massa durmieron. Intercambiaron novedades sobre ese fallecimiento sorpresivo, desatado en un instante mortal durante un accidente de tránsito.

A las siete y veinte de la mañana del sábado lloraron juntos cuando volvieron a hablar por enésima vez. Catarsis de un dolor compartido.

Por supuesto, como es obvio y esperable ante un infortunio semejante, el trabajo del Gobierno, en la enorme mayoría de sus niveles, se frenó. El trabajo sobre el nuevo plan respecto a la pandemia también. No habrá anuncios.

Ministros, secretarios de Estado, legisladores, intendentes, oficialistas y opositores, suspendieron sus actividades para viajar a la ciudad en la que vivió y de la que fue intendente Meoni, Junín.

Muchos de esos políticos quisieron estar presentes en esas exequias o dejar constancia desde la distancia que acompañaban a los seres queridos del ministro que se había ganado un cariño transversal: se vivió un pésame colectivo. El Presidente dictó tres días de duelo nacional.

En uno de los párrafos de esa medida dejó constancia del trabajo de Meoni sobre las medidas para frenar la circulación en medio del azote del coronavirus. El Presidente y el gobernador de Buenos Aires retomarán su agenda cuando se calme la conmoción humana y política.

Uno de los dilemas políticos que habían analizado en conjunto era si debían volver a convocar a encuentros para diagramar las nuevas restricciones al jefe porteño. Rodríguez Larreta se transformó en el nuevo enemigo del oficialismo en pandemia desde que se resistió al cierre de las escuelas y las clases presenciales de los alumnos porteños, tal como había ordenado un Decreto de Necesidad y Urgencia firmado por el Presidente. Esa medida se judicializó hasta llegar a una resolución que deberá tomar al respecto la Corte Suprema de Justicia.

¿Cuál era el nuevo plan de restricciones que anunciaría el oficialismo este domingo o en los próximos días? El gobernador bonaerense Kicillof se convenció que la ocupación de las camas de enfermos de Covid-19 en el sistema sanitario público y privado de Buenos Aires pueden saturarse de modo acelerado y sin posibilidad de reacción desde el Estado. Los análisis de los contagios que estudian desde el ministerio de Salud bonaerense son aun más preocupantes.​

El domingo 18, en declaraciones a Radio Mitre, el viceministro del área, Kreplak, los estimó para los días que se acercan, en "50 mil por día", lo que de confirmarse resultaría "incompatible" con la "capacidad del sistema de salud" de Buenos Aires para "seguir atendiendo" a los nuevos enfermos de la pandemia.

Tanto el Presidente como el Gobernador consideran esencial contar con la coordinación de la Jefatura Porteña para mitigar en conjunto el hipotético drama que avizoran.

El Gobierno Nacional y el bonaerense profundizaron a través de declaraciones públicas de sus funcionarios más relevantes, incluidos el Presidente y el mandatario provincial, que Rodríguez Larreta se maneja de forma irresponsable en medio de una pandemia con final aun difícil de mensurar, y que por sus decisiones respecto a imponer más restricciones ponen en riesgo al Conurbano bonaerense, e incluso a otras provincias.

Hay dos dirigentes que en los últimos días insisten en responsabilizar a Rodríguez Larreta de cualquier mal futuro generado por la peste, pero que además insisten en terminar de romper cualquier relación institucional entre la Casa Rosada y la Jefatura Porteña. Sin nada más ni nada menos que la vicepresidente, Cristina Fernández, y su hijo, el jefe de bloque de los Diputados K, Máximo Kirchner. La madre y el hijo se convencieron de que Rodríguez Larreta está utilizando las medidas sobre la pandemia para diferenciarse del oficialismo porque de ese modo se posiciona como nuevo líder de la oposición en año de elecciones.

El Jefe Porteño insiste en diálogo con sus ministros: "Yo siempre apuesto al diálogo. Siempre hay chances de volver a juntarnos con Alberto y Axel". Ni el Presidente ni Kicillof tienen una posición tan cerrada sobre Rodríguez Larreta como los Kirchner.

Aunque en público lo critican, e incluso funcionarios como la titular del PAMI, la "camporista" Luana Volnovich denunciaron la gestión porteña sobre la vacunación, el diálogo entre el funcionariado medio del oficialismo y la Jefatura Porteña continúa. El vicejefe porteño, Diego Santilli, nunca cortó sus comunicaciones con el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello. Incluso se vio en una reunión breve con el ministro de Seguridad bonaerense, Berni. La ministra de Salud, Carla Vizzotti, dialoga a diario con su par porteño, Fernán Quirós. Incluso el propio Rodríguez Larreta habló por teléfono con Kicillof la semana que pasó.

¿Volverá el consenso político entre oficialismo y oposición porteña respecto a la pandemia? Los diálogos continuados a pesar de la confrontación pública fueron confirmados por fuentes del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio al tanto de esas conversaciones.

Rodríguez Larreta habla también, seguido, con Massa. Pero debido a una larga amistad personal en la que, de todas maneras, siempre se cruza la política.

Clarín pudo saber que una parte del Gabinete de Rodríguez Larreta considera que éste debería volver al diálogo con la Casa Rosada. ¿Qué hará la Ciudad de Buenos Aires si el Gobierno impone más restricciones sin consultar a las autoridades porteñas? Responde una de esas autoridades desde el anonimato: "Nos pondrían frente a una encrucijada. Quizás nuestra intransigencia, que defendemos con datos concretos sobre el crecimiento aun no tan crítico de la pandemia, podría provocarnos algún problema sorpresivo, o dar la imagen ante la sociedad de una rebeldía que podría saturar debido a tanta pelea…".

¿Qué medidas planeaban desde la Casa Rosada y la Gobernación de Buenos Aires?

"Tenemos que ir a una cuarentena total y cerrar todo", repitió en varias entrevistas el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien suele hacer de vocero de Kicillof.

El mismo escenario de confinamiento total es el que más convence al gobernador que se lo volvió a transmitir al Presidente durante su reunión del viernes por la noche, según afirmaron fuentes del oficialismo a este diario. El Presidente es consciente de la dificultad de dictar una medida tan estricta.

No porque la tenga en cuenta como necesaria para frenar al Covid-19, sino porque analiza junto a sus asesores que probablemente un aislamiento de ese estilo podría ser resistido por buena parte de la sociedad bonaerense y la porteña, lo que podría generar reclamos y protestas callejeras, además de la falta de eficacia desde el punto de vista sanitario.

Aunque los funcionarios de la Casa Rosada que trabajan en el tema repiten el mismo lema: "Nada está descartado, esto es día a día, dependerá del nivel de contagios y muertos, que sigue alto".

¿El Presidente tiene pensado volver a dictar una suspensión de clases que afecte otra vez a Buenos Aires y a la Capital Federal a pesar de la resistencia de Rodríguez Larreta?

La Corte Suprema podría retardar su fallo al respecto hasta que llegue el 30 de abril. Ese día queda sin efecto el Decreto del Presidente que está bajo disputa judicial. Para el 30 de abril faltan cinco días hábiles. Eternidad para la política nacional.

Todos los escenarios respecto a planes oficiales, a peleas o reconciliaciones con la oposición, pueden ocurrir. O todo lo contrario. El futuro no llegó.

Nicolás Wiñazki

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