Martes, 22 Junio 2021 08:46

La comunicación presidencial: Alberto Fernández aceptó no improvisar los discursos, pero resiste dejar de usar Twitter - Por Nicolás Wiñazki

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Tras escuchar los consejos de sus asesores aceptó leer los mensajes públicos. Pero que no escriba en la cuenta social del pajarito, eso, no se negocia.

El Gobierno enfrenta un nuevo desafío, uno más, aunque parezca módico si se tiene en cuenta el escenario de varias crisis muticausales que afectan a buena parte de la población. Tras una semana de errores comunicacionales que complicaron su imagen por responsabilidad única e indiscutible de sí mismo, Alberto Fernández se reunió con sus asesores de mayor confianza y aceptó corregir algunos de sus hábitos para difundir sus ideas ante audiencias públicas replicadas por los medios audiovisuales mientras ocurren.

Tras escuchar las sugerencias de sus consejeros, dijo que dejará de improvisar discursos y de ahora en más los leerá o usará un “ayuda memoria”. Eso sí, se resistió a otro plan pensado para cuidarlo pero que no lo convenció. Según fuentes inobjetables de la Presidencia, Fernández se mantuvo firme y se negó a cumplir el pedido que le hizo su núcleo de funcionarios más cercanos respecto a cuándo y cómo y para qué usar su cuenta de Twitter.

@alferdez, “la cuenta es solo mía” 

Para los expertos de la Casa Rosada que pasan casi todo el día junto a él, igual para profesionales de la comunicación seca y sin riesgos que debe difundir dichos de un Presidente, lo más apropiado y acorde a un cargo de su relevancia institucional, la cuenta de la red social que más divierte a Fernández (@alferdez) debía pasar bajo mando total y estricto de un profesional, un “community manager”, que escriba por él los micro mensajes que emitía antes con más soltura e igualmente generaban polémica. Pero no. El Presidente rechazó dejar de escribir él mismo los micro textos de Twitter.

La cuenta oficial del Presidente también provocó un escándalo diplomático con Perú cuando tuiteó que había felicitado al nuevo mandatario electo de ese país, Pedro Castillo, cuando los comicios aun no habían determinado quién había ganado esa elección.

Venía de un día fatídico en cuanto a la comunicación de la Casa Rosada. El miércoles 9 de mayo había dicho en una conferencia junto al Presidente de España, Pedro Sánchez, su ya conocida de modo masivo cita confusa sobre el origen de brasileños (“la selva”), mexicanos (“los indios”) y argentinos (“los barcos”).

Pasó un día y emitió el tuit sobre el nuevo Presidente antes mencionado. Terminó su faena de yerros groseros para sus funcionarios de confianza un día después. El viernes 11, en un acto, levantó la voz para para convocar al “pueblo” a “contagiarse” (de Covid-19), cuando en realidad había querido decir “vacunarse”. La mente traicionó a su lengua. Pero corrigió al instante su confusión. Tarde. Tercer error en tres días de exposición pública.

Fuentes del Gabinete le hablaron entonces más serios y preocupados que otras veces en las que habían ocurrido situaciones similares, pero no concatenadas. En el último acto público en el que Fernández hizo uso de la palabra, durante el 200° aniversario de la muerte de Juan Martin de Güemes, en Salta, leyó parte de su exposición. Tenía hojas sobre un atril con ese discurso escrito: “No es tiempo de disputas ni de perder tiempo en debates estériles”, expresó. 

Los ideólogos de la estrategia comunicacional de la Casa Rosada ahora le pidieron al Jefe de Estado que minimice al máximo sus apariciones.

Además de los errores en sus discursos de la semana “fatídica”, también sufrió en Salta reproches de manifestantes que lo criticaron desde lejos y de un gaucho que sigue la tradición de honrar a Güemes que se sintió ofendido por la suspensión del desfile a caballo de hombres que tienen el mismo hábito cultural de homenajear al caudillo del norte. Tras diferentes desavenencias en la organización, un grupo de militantes K logró sobrepasar a la custodia del acto, enfocada sobre todo en minimizar la presencialidad debido al Covid-19.

Esa muchedumbre produjo la renuncia del titular del Comité Operativo de Emergencia (COE) de Salta, Francisco Aguilar, quien consideró inaceptable la intromisión de la militancia oficialista cuando todo se había organizado para cuidar la presencialidad.

El Presidente no viajará este domingo a Rosario para encabezar otro acto patrio tradicional: el aniversario de la muerte de Manuel Belgrano, cuyo homenaje en la ciudad de Rosario se funde con el Día de la Bandera, el símbolo que creó en esas geografías aquel prócer.

Pero atención. El Presidente se sometió a estos consejos de sus asesores, pero aun no permite que su cuenta de Twitter la use otro. Antes de ser Presidente escribía en esa red social con total libertad y criticaba con insultos a quienes consideraba digno de recibir una crítica o una respuesta brutal sobre sus mensajes.

La palabra pública del Presidente, en la cuestión de la oratoria, estará bajo cuidado. Pero él mismo seguirá usando su celular, como suele hacer cuando lee y curiosea en Twitter, sobre todo, tras cenar en la Quinta de Olivos y hasta entrada la madrugada.

Es decir: esta historia, es muy probable, continuará. Errare humanum est.

Nicolás Wiñazki

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