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Viernes, 03 Septiembre 2021 10:30

El juez ha muerto - Por Omar López Mato

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“Ya no respira el hombre cuya alma había muerto”.

 

Solo de esta forma podemos entender la vida y trastornos de este servidor público, de este juez de la Nación que ostentó su parcialidad e indolencia a lo largo de los años en los que se mantuvo en un puesto de tal importancia. Hombre de extracción humilde al que le encantaba la ostentación, pasó a la primera plana de los periódicos cuando le tocó la causa de la supuesta cuenta suiza del presidente Carlos Saúl Menem y el enriquecimiento ilícito de su adlátere Armando Gostanián y figuró en la célebre (tristemente célebre) servilleta de Carlos Corach

Por sus manos pasaron causas como las de la Triple A, la mafia de los medicamentos, el “presunto” enriquecimiento ilícito de la familia Kirchner, cuyo patrimonio había crecido un 572% desde su ascenso al poder. El juez se expidió en un conocido fallo express (mientras el fiscal de la causa no podía apelar porque ésta había sido secuestrada). Este sobreseimiento motivó un juicio político en el que declaró haber sido “presionado” para cerrar dicha causa.

Tuvo a su cargo el supuesto espionaje telefónico que condujo a la detención del jefe de la policía Alberto Palacios. Por el espionaje paraestatal procesó a Mauricio Macri y al ex ministro de educación porteño Mariano Narodowski.

Prohibió la salida del país de José Martínez de Hoz y procesó a Rodolfo Bomparola por tráfico de estupefacientes. Trabajó en el caso Jaime, que demoró una década en ser condenado y en el caso Skanka, que llevó al enriquecimiento ilícito del aludido Jaime.

Casi al final de su carrera se vio involucrado en la causa de los cuadernos, cuando confesó haber sido apremiado para otorgar el sobreseimiento de la expresidente.

A lo largo de su carrera ha logrado el triste récord de ser el juez que más pedidos de juicio político ha acumulado: 47. Y, a pesar de ello, continuó en su puesto por 20 años.

No solo vivía de escándalo político a escándalo judicial, también fue acusado de brindar protección a un prostíbulo a cambio de 15.000 USD al mes, además de otros servicios.

Se negó a colaborar con el juez Bonadio por la causa de Camioneros, su actuación en la causa de “sueños compartidos” de las Madres de Plaza de Mayo fue vergonzosa, como el sobreseimiento de Amado Boudou, tanto en el senado como en el ANSES, y la maniobra de cambio de bonos de deuda del 2010.

El juez de marras vivió una existencia de lujos y ostentación, de poco recato en sus relaciones y solo desvelado por ensayar los pasos de baile que ejecutaría junto a la Mona Jiménez y otros personajes de la farándula.

Dejó de respirar después de una larga agonía y de sufrir el escarnio público y del periodismo a lo largo de años, sin que este constante hostigamiento afectase su rumboso ritmo de vida, su ajetreada vida social y los lujos entre los que transcurría su existencia.

Pero este hombre, cuya alma estaba muerta, como decía Sir Walter Scott en “The Lay of the Last Minstrel”, es solo un emergente de la decadencia de la nación y la justicia, porque es válido pensar que no hay nación ni República sin justicia. ¿Pensamos que podemos tener justicia con jueces sin ética, sin escrúpulos, sin recato ni pudor, presos de ambiciones desmedidas? He aquí la esencia de nuestra decadencia.

Tan patética era su actuación, tan burda, que solo era un bufón en la corte de los poderosos, un enano moral que se salvó de la cárcel solo por conocer secretos indecibles, de aquellos que trasuntan en los vericuetos del poder, en cuyos laberintos de sombra el juez se movía con comodidad.

Es parte de nuestra tarea eternizar el nombre del juez, para que nunca sea olvidado, para que cada día, al despertar, cada argentino tenga la misión de recordar a este magistrado (y a tantos otros) que convirtieron los juzgados en botín de los inescrupulosos y farsantes. Allí la justicia es tuerta, la balanza desequilibrada y todo tiene precio y cotización.

El nombre del juez debe pasar a la inmortalidad de la vergüenza.

Ha dejado de respirar el hombre cuya alma ya había muerto
que jamás se ha dicho, esta es mi patria,
el país en que he nacido.

Por él no cantarán los juglares ni los poetas.
A pesar de sus títulos y posiciones
sus miserias se concentrarán
en su cuerpo desdichado.

Y muriendo doblemente volverá
al polvo miserable de donde alguna vez brotó
sin llanto, sin dolor y sin cantos

Omar López Mato

Omar López Mato

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