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Miércoles, 01 Abril 2020 21:00

Coronavirus: el día después, cuando la realidad económica se imponga - Por Enrique Szewach

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La pandemia del coronavirus nos ha obligado a todos a incursionar por la selva de lo desconocido y lo ignorado en varias dimensiones.

 

Es cierto que a medida que avanzamos por ese territorio y vamos haciendo camino al andar, la proporción de cosas que sabemos empieza a aumentar frente al denominador de la ignorancia. Aun así, seguimos moviéndonos con cautela y experimentando.

El virus y la epidemiología le han impuesto a la economía dos desafíos inéditos. Cómo manejar una emergencia que genera un shock de oferta y de demanda simultáneamente. Cómo planificar y encarar "el día después" sabiendo que, por razones obvias, ningún aislamiento generalizado puede durar mucho tiempo sin que la realidad económica se imponga sobre la realidad médica. Como corolario, el tercer desafío es cómo financiar el incremento del gasto que significa atacar la emergencia y cómo manejar la reversión de esas medidas más adelante.

Respecto del manejo de la emergencia, toda solución en materia económica tiene que ser rápida, práctica, y acotada en el tiempo. Al respecto, las resoluciones tomadas hasta ahora, para ayudar a las empresas, a los trabajadores formales y a los independientes e informales, presentan, en mi humilde opinión, algunas fallas. Para el pago de sueldos formales, en lugar de una transferencia automática del Tesoro, a las empresas y a los empleadores, sobre la base de su nómina declarada, (no quiero abundar aquí en los detalles de un programa de este tipo que está en elaboración), se prefirió el esquema burocrático tradicional de las REPRO, o los créditos bancarios. No son mecanismos pensados para este tipo de debacle generalizado y este grado de aislamiento y dependencia de la tecnología. Todo debe ser más automático, menos presencial, con menos papeles, balances, datos, reuniones, videoconferencias, etc. Hoy todos tienen que estar en condiciones de pagar los sueldos, después veremos cómo controlar, castigar a los tramposos, que serán los menos, etc. etc. Lo mismo con la cadena de pagos, cuya cobertura tiene que estar en manos del Banco Central, no de los bancos, con créditos semiautomáticos en función de algún parámetro fácil de determinar. Lo mismo con el acceso a los trabajadores informales, con uso de billeteras de pago, en lugar de trámites vía web, reparto por correo de dinero, o por colas interminables en cajeros automáticos.

Insisto, para la emergencia, automaticidad, simpleza, practicidad, y evitar el menor movimiento posible de gente.

Paso ahora a la planificación del día después. El Presidente, con mucho criterio, siguió el consejo de los sanitaristas y nos mandó a encerrarnos en nuestras casas, mientras se trataba de crear más infraestructura sanitaria y se trataba de evitar el colapso del sistema hospitalario. Sin embargo, este esquema no puede durar mucho más. Ningún país, y menos la Argentina dados sus escasos recursos públicos y su gran población en la economía informal puede "cerrar" por mucho tiempo. Más temprano que tarde, la realidad económica se impone, y la demanda por normalizar la economía irá creciendo, aun a costa de la salud. Por lo tanto, es mejor una liberación ordenada que una caótica.

Mis sugerencias:

  • Todos los que están haciendo o pueden hacer teletrabajo en las empresas, o profesiones independientes, siguen haciendo teletrabajo.
  • Todos los que conforman grupos de riesgo siguen en aislamiento social estricto. (y aquí habrá que mantener la ayuda social, de ser necesario).
  • El resto va a trabajar con todos los esquemas de protección que ya se están usando y los adicionales que indiquen los sanitaristas.
  • Todas las prevenciones, distancia, número de clientes, etc, que se usan hoy en supermercados y farmacias se generalizan a la atención al público en cualquier ámbito.

Pero para volver a esta cuasi normalidad resulta imprescindible, desde la sanidad, tener la capacidad de hacer tests masivos de control, para poder separar a los contagiados de los no contagiados, a los inmunizados de los enfermos, etc. El secreto de los países que ya han dado paso a la realidad económica con éxito ha sido, precisamente, los tests masivos y la tecnología de la información. La Argentina viene muy atrasada en este tema, no solo frente a los países desarrollados, sino incluso frente a nuestros vecinos latinoamericanos. Toda la información que se difunde carece de rigor estadístico, dado que no se hacen suficientes tests, tenemos que "adivinar" el verdadero número de contagiados. Sin medir bien no se puede actuar bien, ni focalizar, ni saber a quiénes "liberar" y a quienes "encerrar".

Si no adquirimos urgente los kits necesarios para hacer tests masivos y capacitamos al respecto, la salida del aislamiento será traumática, más si ingresamos a la "zona de gripe" en dónde nosotros, los comunes, no sabremos diferenciar gripe de corona, y los sistemas sanitarios colapsarán de todas maneras.

Pero p ara cubrir la explosión de gasto público necesario, y minimizar la emisión imprescindible de pesos hace falta hacer espacio en el gasto público, reduciendo gastos innecesarios, bajando transitoriamente el sueldo -por encima de un mínimo- de quienes se están ahorrando el transporte y la comida fuera del hogar, por estar en sus casas sin trabajar, de la política, etc. Además, hacen falta dólares para importar los kits (no se nos ocurrirá fomentar la "sustitución de importaciones" justo en esto, más allá de facilitarle la vida a los que puedan producir los kits localmente). De manera que urge normalizar la actividad exportadora, (las importaciones se caen solas por la menor actividad, dejando espacio para gastar en medicina).

Por supuesto, también hay que armar un esquema fiscal y monetario bien diseñado para el camino de ida de hoy y para la vuelta del día después, pero eso excede el propósito de esta nota.

En síntesis, la realidad económica se va a imponer. Cuanto mejor preparados estemos y mejor la instrumentemos, menos grave será la realidad sanitaria.

Enrique Szewach
Ilustración: Sabat

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