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Domingo, 06 Septiembre 2020 21:00

Prepararse para crear empleo es la cuestión - Por Fausto Spotorno

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En los últimos 12 meses se han perdido unos 400 mil puestos de trabajo formales y aun no tenemos datos de cuanto se perdieron en el mercado informal. Tampoco se espera una mejora de la situación laboral en el corto plazo.


Por ello no sería una locura que a fin de año se terminen perdiendo cerca de un millón de puestos de trabajo, por causa de la recesión, la cuarentena y la pandemia. Por lo tanto, será necesario establecer reglas de juego que permitan crear un millón de puestos de trabajo el próximo año. Ello implica una nueva y mejor regulación laboral que facilite la contratación de nuevos trabajadores, favorecer la inversión y permitir el crecimiento económico.

Según los datos correspondientes a mayo, en Argentina hay once millones setecientos mil puestos de trabajo formales, entre asalariados, monotributistas y autónomos. Ello implica una pérdida de casi 410 mil empleos respecto del mismo mes del año pasado y eso a pesar de que en la actualidad rige la denomina doble indemnización por despidos sin causa. Este régimen, puede evitar que se reduzca temporalmente los despidos, pero también desincentiva las contrataciones e incluso puede acelerar el cierre de empresas ante la imposibilidad financiera de hacerle frente a la recesión.

Entre los rubros del Índice de Expectativas Industriales publicado por la UADE, el área que mostró el peor desempeño es el de expectativas de la dotación laboral. Según este indicador la mayor parte de las empresas industriales espera una reducción de la dotación de personal en los próximos meses. Bajo estas condiciones y a pesar de cierto rebote de la actividad económica, es más probable que el empleo continúe cayendo a que empiece a recuperarse.

Este hecho, también refleja una consecuencia de la doble indemnización: la contratación de personal también se vuelve más lenta. En primer lugar, porque a pesar de que ésta no corre para las nuevas contrataciones, siempre existe el riesgo de que se pueda extender.

En segundo lugar, porque las empresas que ya tienen exceso de personal, debido a la caída de la actividad económica, no van a contratar si es que hay un rebote. A lo sumo usarán a los trabajadores que ya tienen. En tercer lugar, porque este esquema puede llevar al cierre de empresas que ante la crisis no puedan hacer frente a los salarios, pero tampoco a las indemnizaciones dobles y por lo tanto deben cerrar. Al reducirse la cantidad de empresas, se vuelve más difícil recuperar el nivel de empleo.

En este sentido, Roberto Lavagna presentó una idea que va en el sentido correcto, que es utilizar un mecanismo indemnizatorio que ya se utiliza en el sector de la construcción. Este sector sustituye la indemnización tradicional por un fondo de desempleo propio de la actividad. Este fondo se crea mediante el aporte del empleador, luego esos recursos se depositan en un banco que genera intereses para el trabajador y son inembargables. Cuando el trabajador se queda sin trabajo puede sacar dinero de allí.

La adopción de un esquema semejante donde se elimine la indemnización tradicional y se reemplace por un seguro de desempleo o fondo de desempleo, ayudaría muchísimo a la generación de nuevos empleos y a diferencia de lo que se cree, también sería más conveniente para el propio trabajador.

La indemnización por despido es un sistema que tiene el objetivo de que en caso de cesantía el trabajador pueda sostenerse durante algún tiempo mientras consigue un nuevo trabajo. Pero eso genera una enorme presión financiera sobre las compañías. En efecto si una compañía o empresa se encuentra en la necesidad de tener que reducir personal para hacer frente a una situación económica complicada debe asumir un costo financiero adicional para poder hacerlo justo en el peor momento, que incluso puede llevar a la quiebra si la situación es muy grave.

Por otra parte, este sistema resulta un castigo adicional para el empleador ante un error de contratación, sea porque la persona no era la adecuada o porque los negocios no resultaron según lo esperado. Ese riesgo es muy tenido en cuenta por los empleadores, que deben pensar las cosas mil veces antes de tomar un nuevo trabajador, sobre todo en un país como Argentina donde realizar cálculos a futuro resulta muy complejo.

Todo ello hace que el trabajador que pierde su puesto pase más tiempo desempleado de lo que estaría si no hubiera indemnizaciones, lo cual es peor luego de una crisis que puede hacer desaparecer muchas empresas, como ya se explicó previamente.

Reemplazar la indemnización por un seguro de desempleo que surja de un aporte mensual, ciertamente hace que sea más fácil contratar, porque el riesgo es menor. Por lo tanto, el tiempo que un trabajador permanece sin trabajo se reduce. Es cierto que esto también hace que sea más fácil despedir. Pero en este sistema un despido no reduce el ingreso de los trabajadores, porque éstos seguirán cobrando por un tiempo un ingreso de proveniente de su seguro de desempleo o fondo. Pero como la contratación resulta más sencilla ese tiempo será corto. Por lo tanto, el ingreso de los trabajadores será más corto.

Un esquema como este podría ser aplicado para los nuevos trabajadores que sean contratados en el futuro y si se combinara con una reducción de impuestos y cargas sociales podría ayudar a acelerar la contratación de personal, siempre y cuando haya crecimiento económico. Esa es la condición necesaria, pero al menos un esquema así permitiría una rápida contratación de personal si hubiera recuperación de la actividad.

Fausto Spotorno

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