Miércoles, 20 Enero 2021 12:47

Aunque difuso, hay un plan económico 2021 en marcha - Por Daniel Fernández Canedo

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El Banco Central festeja que gana dólares y eso le resta apuro a un acuerdo con el FMI. La clave está en la estabilidad financiera

En el Banco Central están de festejo y no es por el desembarco de un hombre del ministro Martín Guzmán, Diego Bastourre, en el directorio de la institución que en estos días podría disponer una suba de la tasa de interés.

El aumento de la tasa está en estudio (apuntan a que necesitarían trasladar la suba de impuestos que dispuso Horacio Rodríguez Larreta para compensar el recorte a la coparticipación) y el festejo viene por el lado de los dólares.

En diciembre el Central compró US$ 600 millones y en lo que va de enero sumó otros US$ 500 millones a las reservas como consecuencia de las liquidaciones de agro y el torniquete en los pagos de importaciones.

Lejos quedaron agosto y septiembre cuando las pérdidas de reservas ascendieron a US$ 1.200 y US$1.600 millones respectivamente y las ventas de dólar ahorro fueron de US$.800 y US$600 millones.

Ahora, por la venta del cupo de US$200, la venta no supera US$150 millones.

Sumando dólares a las reservas el gobierno se envalentona, aunque adelantó que no podría, por ejemplo, hacer frente a un pago de US$ 400 millones en marzo de YPF (el canje de deuda mereció el rechazo del mercado) y eso acota las expectativas.

En un mar de incertidumbres (evolución de la pandemia, escepticismo sobre las vacunas, el gobierno diciendo que no tiene apuro para lograr un acuerdo con el FMI, etc.) hay dos elementos que sirven de apoyo al accionar oficial en materia económica: logró una estabilización financiera de corto plazo y existe la expectativa de que, por ahora, no dejará atrasar al dólar frente a la inflación.

Esas dos patas constituyen el basamento de lo que en el gobierno definen como plan económico 2021 y que desde afuera fue definido como "berretolandia" por el economista Carlos Melconian y que, con variantes, otros profesionales definen como "plan chicle" (por la extensión de variables clave como las tarifas de luz, gas, internet y transporte) o plan "lo vamos viendo" que refiere a la matriz de improvisación oficial frente a los problemas (prohibición de la exportación de maíz y posterior marcha atrás, por ejemplo.

Esa estrategia se corresponde con la tradicional de los años impares, de elecciones en la Argentina, y con los lineamientos que fijó la vicepresidenta Cristina Kirchner para 2021: mantener en línea con la inflación a las tarifas de servicios públicos con las jubilaciones y los salarios.

La táctica típica de los años electorales es que los aumentos salariales deben superar a la inflación y a la variación del dólar, dos objetivos difíciles para 2021.

Después del 4% de suba del costo de vida en diciembre en el gobierno se encendieron las luces rojas y más aún cuando enero arrancó con una proyección superior al 3%.

Los funcionarios sacan cuentas, pero en una Argentina, que lleva 16 años con inflación de dos dígitos, se quemaron muchos argumentos económicos aunque hay dos que quedan en pie.

Uno de ellos es que una mega emisión, aunque después se saquen pesos del circulante, termina impactando en la inflación.

El otro es que atrasar sensiblemente variables clave como el dólar, las tarifas o los salarios con el fin de contener las subas de precios puede terminar en explosiones o en la necesidad de endurecer controles como le pasó a Cristina Kirchner en 2011 que, después de anclar el tipo de cambio y ganar las elecciones, reinstaló la era del cepo para frenar la salida de dólares.

En los tiempos de "navegación a vela" al decir del economista Miguel Bein, lo importante está en si el Banco Central gana reservas en el entendimiento de que con más dólares y cepo cambiario el tránsito hasta las elecciones legislativas de octubre es posible.

La Argentina enfrenta hoy una situación inédita en materia financiera. Hizo un canje de títulos públicos que en la práctica eliminó la posibilidad de un default de la deuda privada en el corto plazo y, sin embargo, esos bonos encabezan el ranking de los más desconfiados del mundo.

Los nuevos bonos argentinos pagan 16%/17% anual en un mundo de tasa cero y cuando occidente se prepara para una mega emisión de dólares por parte de los EE.UU que prolonga ese horizonte de dinero gratis.

La desconfianza en el crédito público argentino es extrema y la soja en US$ 520 la tonelada y un acuerdo con el FMI para hacer frente a vencimientos de US$ 44.000 millones se presentan como contrapeso para la estabilidad financiera en el año electoral.

Las negociaciones de Guzmán con el FMI siguen por zoom pero los tiempos para un cierre de prolongan.

Desde el Fondo porque querrían escuchar los lineamientos de Janet Yellen cuando asuma como Secretaria del Tesoro de los EE.UU sobre el rol de los organismos de ayuda financiera durante el gobierno de Joe Biden.

En la visión del gobierno, y con la idea de que la negociación se puede estirar para evitar que se hable de un ajuste de cuentas, la demora está bien vista.

Sergio Chodos, representante ante el FMI dice que el acuerdo podría llegar recién en mayo y ahora, con más dólares en el Banco Central, respiran otro aire. ¿Habrá conciencia del deterioro de la Argentina?

Daniel Fernández Canedo

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