Miércoles, 24 Febrero 2021 12:47

Cómo juegan el dólar, la soja y el ajuste fiscal en medio de la crisis por la vacunación VIP - Por Daniel Fernández Canedo

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Hay una pregunta excluyente entre los operadores financieros: ¿llegará el Gobierno hasta las elecciones sin una devaluación fuerte?

La tonelada de soja subiendo a US$520 y el dólar blue en $147 fueron dos indicadores económicos de alivio para un Gobierno envuelto en una crisis inédita por la falta de transparencia sobre el proceso de vacunación contra el coronavirus y el impacto del vacunatorio VIP.

Las consecuencias de una crisis que pega de lleno en el "intangible" del ánimo ya muy dañado de la población son impredecibles. Pero los datos económicos, en esta oportunidad, juegan a favor de la estabilidad financiera que, curiosamente, aparece como el principal activo del Gobierno.

La soja acumula un aumento de US$90 la tonelada desde noviembre apoyado en la idea de que el mundo recibirá una oleada de dólares del gobierno de Joe Biden en el intento de recuperar la actividad económica de los Estados Unidos.

Granos, petróleo y la mayoría de las materias primas suben al calor de una super liquidez global que aceita los precios apoyándose en la debilidad del dólar y la política de los países centrales de "dinero gratis", que en las últimas semanas empezó a dar señales de cambio.

El mercado global desconfía de las consecuencias sobre la inflación de una inyección de fondos equivalente a US$1,9 trillones y la respuesta viene siendo una suba de la tasa de interés.

Los bonos de 10 años del tesoro de los EE.UU. que pagaban 0,8% anual, subieron su renta hasta 1,3% y empezaron a cambiarle el signo de las acciones de empresas tecnológicas que subían sin techo. ¿Y a la Argentina eso la afecta?

La Argentina está fuera del mercado mundial de crédito y si quisiera buscar fondos debería pagar más de 17% anual (la tasa de riesgo país volvió a ubicarse arriba de los 1.500 puntos), mientras que Brasil paga 3% y Turquía 3,5%. Sólo le queda el mercado doméstico para financiarse.

Pero en medio de una crisis de confianza, el dólar blue se mantiene en $147, el "contado con liquidación" baja 0,6% para ubicarse en $141,62 y desde el Banco Central aseguran que dejaron de tener que vender bonos dolarizados para tratar de contener una suba de la divisa.

Entre la soja a US$520 que favorece la liquidación de parte de los granos retenidos (los chacareros tienen que financiar la presente campaña), y las ventas de dólares de los grandes contribuyentes, el Gobierno se encontró con un "puente" cambiario que le permite alargar el horizonte de estabilidad del dólar.

Hay una pregunta excluyente entre los operadores financieros: con la novedad de la soja y la entrada de divisas de los contribuyentes grandes para pagar el impuesto a la riqueza, ¿llegará el Gobierno hasta las elecciones legislativas de octubre sin una devaluación fuerte?

El pago del impuesto a la riqueza le demandará unos $400.000 millones al sector privado y se supone que buena parte de esos fondos provendrán de la venta de dólares en el contado con liquidación.

De hecho, la baja de casi 6% del CCL en lo que va del mes se atribuye a esas ventas de contribuyentes grandes.

También entraron dólares este mes por la exportación de energía a Brasil y el balance cambiario del Central se sigue viendo muy favorecido por la inexistencia de la demanda de dólares para hacer turismo en el exterior.

Viniendo de una escasez de divisas extrema y con un cepo cambiario fortalecido, Martín Guzmán y Miguel Ángel Pesce apuntan ahora a bajar una brecha entre el dólar mayorista ($89,54) y el blue ($147) de 64% que está lejos del 140% de octubre del año pasado, cuando el dólar paralelo estaba en $195.

La brecha del dólar es la menor desde junio de 2020 y la expectativa del Gobierno es poder bajarla hasta 50% para transitar un camino similar al de 2015, cuando el dólar oficial estaba en $9 y el CCL en $14,50, con una distancia similar a la actual, aunque con un cero de más en cada cifra.

La estabilidad financiera tuvo en enero su correlato en que después de mucho tiempo el ajuste de Martín Guzmán rindió frutos anotando un superávit fiscal primario (sin computar el pago de intereses de la deuda) de $24.074 millones.

La base de ese superávit estuvo en el ajuste de los gastos (no más Ingreso Familiar de Emergencia ni préstamos o ATP para el pago de salarios) y en una entrada extraordinaria por la liquidación de retenciones a las exportaciones.

Sin magia, pero con perseverancia, Guzmán fue hilvanando un ajuste fiscal que considera posible y convenciendo a un kirchnerismo sin rumbo en materia económica sobre las bondades del equilibrio de las cuentas públicas.

¿Cómo lo estará logrando? Probablemente el pánico de una posible disparada de la inflación resultó un argumento contundente.

El 4% de suba del costo de vida en diciembre y enero habían encendido todas las luces rojas del tablero de control K, y febrero no deja margen para grandes festejos.

Los datos preliminares indican que este mes el costo de vida podría rondar el 3,2%. Para el Gobierno ya es un alivio que esté más cerca de 3 que de 4%, pero las expectativas están lejos de aplacarse.

De hecho, el rubro alimentos estaría creciendo al 4% en febrero y la encuesta de expectativas de la Universidad Di Tella marcó un aumento a 45,2% para la inflación de este año. Martín Guzmán pronosticó 29%, pero si sale 45% estaría de festejo.

Daniel Fernández Canedo

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