Domingo, 25 Abril 2021 09:47

La soja está de fiesta y el Gobierno aprovecha para atrasar al dólar - Por Daniel Fernández Canedo

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Un fuerte aumento mundial de los precios de las materias primas favorece a la Argentina y el Banco Central sigue fortaleciendo las reservas. Pero la confianza sobre el futuro económico del país es realmente escasa.

La tonelada de soja supera los US$566 en el mayor mercado mundial de granos de Chicago, coronando una semana de subas.

Un año atrás la soja cotizaba en US$329 y en noviembre estaba en US$480, o sea que escalonó subas de 72% y 41%, respectivamente, en un raid espectacular e impensado a mediados de 2020.

Para la Argentina, la suba representa un viento a favor notable y, para el Banco Central, la posibilidad de conseguir una cantidad de divisas adicionales que nunca imaginó.

La mayor demanda de China y las condiciones financieras que se generaron por la atención de la pandemia con un dólar más débil a nivel global determinaron la suba de las materias primas para beneficio de los países emergentes.

Para la Argentina, la mejora de esos precios representaría un aumento de entre US$9.000 y US$10.000 millones en el valor de la cosecha, en tanto que para el Banco Central ya viene significando la posibilidad de aumentar las reservas.

En las últimas semanas las reservas netas del Central subieron US$1.750 millones al calor de las compras por las ventas del campo, con el adicional de que en la ocasión no salió a vender dólares para controlar el "contado con liquidación (CCL)" y el blue.

El pago del impuesto a la riqueza, por otra parte, aumentó en las últimas semanas la oferta de divisas en el CCL por parte de los contribuyentes que optaron por liquidar dólares para hacerse de los pesos necesarios para pagar.

Así, los exportadores de soja y Miguel Pesce festejan juntos un momento cambiario impensado que fortalece la política del Gobierno de atrasar el dólar en el intento de doblegar uno de los dos problemas económicos cruciales: la inflación.

Mientras la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, despliega controles para ralentizar las subas (precios máximos con tarifas congeladas y registro de exportación de carnes con el fin de aumentar la oferta, todo ya probado y con pobres resultados), la base de la táctica oficial está en atrasar el dólar.

En las últimas semanas, y después de la difusión del incremento de 4,8% del costo de vida de marzo, con más intensidad, los sindicatos subieron un escalón en la demanda de recomposición salarial para llevar a las paritarias.

La construcción firmó por 35,8% de aumento, que en los papeles oficiales supera el 29% de inflación prevista por el ministro Martín Guzmán, una pauta que ya fue desbordada.

¿Debería Guzmán reconocer que la inflación será mayor que el 29% este año para no perder credibilidad? Paradójicamente, el ministro enfrenta una situación similar a la de Federico Sturzenegger cuando defendía a capa y espada una meta inflacionaria baja, aun cuando era doblegada por la realidad, en el intento de anclar las expectativas.

Los pronósticos privados ubican la inflación por encima de 45%, aunque la mayoría apuesta a que, por lo menos hasta julio-agosto, el Gobierno tiene margen para mantener a raya el dólar.

Pero el equilibrio es inestable y no solo por la enorme incertidumbre que generan la pandemia, la falta de vacunas y la asistencia del Gobierno en la crisis.

En un informe reservado reciente, la Fundación Capital que conduce Martín Redrado armó un "Tablero de control del riesgo cambiario" que contiene ocho ítems que inciden en la evolución del dólar.

El documento destaca a favor de la estabilidad solo dos de esas variables: las compras de dólares del Central y la menor asistencia con pesos al Tesoro, pero pone a otras cuatro en rojo.

Entre los puntos débiles, además de la menor devaluación frente al dólar oficial, aparecen dos que son sensibles: la demanda de pesos está bajando y la tasa de interés pierde por mucho frente a la inflación.

Desde ya que la suba de la soja puede seguir encubriendo desequilibrios por más tiempo, pero el contexto se presenta provisorio.

Empresas que se van y fondos de inversión que se desprenden de bonos argentinos a borbotones siguen dando muestras de que la confianza sobre el futuro económico argentino es realmente escasa, muy escasa.

Daniel Fernández Canedo

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